¿Qué es una alerta alimentaria?
En el marco de la seguridad alimentaria, una alerta es una notificación sobre uno o varios lotes de productos alimentarios por no cumplir los requisitos sanitarios establecidos por la Unión Europea (UE) y cuyo consumo, por tanto, podría suponer un “riesgo grave” para la salud de las personas. Por ejemplo, en 2011 tuvo lugar la conocida como ‘crisis del pepino’: Alemania emitió una alerta por la supuesta presencia de Escherichia coli (E.coli) en pepinos españoles, culpándolos de una intoxicación masiva (al final resultaron ser ‘inocentes’).
Ahora bien, los avisos no siempre están relacionados con productos alimentarios que están ya en el mercado y que, por tanto, afectan a la población: también se emiten notificaciones sobre lotes que no han llegado a comercializarse o que han sido rechazados en la frontera. También sobre piensos para ganado. Estas notificaciones sirven para que las empresas y autoridades competentes puedan tomar las medidas pertinentes para retirar los lotes afectados.
En España, la coordinación de la emisión de este tipo de alertas “corresponde a la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), en colaboración con las comunidades autónomas, que son las responsables del control oficial en su territorio”, explica a Maldita.es Gemma del Caño, especialista en calidad de la industria alimentaria. Cuando se detecta una irregularidad en un producto, se notifica a la Comisión Europea (CE), gestora del Sistema de Alerta Rápida para Alimentos y Piensos (Rapid Alert System for Food and Feed, RASFF).
Desde 2024 se ha consolidado el uso de RASFF como herramienta europea para emitir notificaciones dirigidas a las autoridades competentes (no al consumidor) sobre productos alimentarios que pueden suponer un riesgo para la salud. Se trata de una red de comunicación de los países de la Unión Europea para avisarse entre sí de cualquier irregularidad relacionada con productos alimentarios que se estén comercializando en el mercado europeo o que hayan intentado entrar en él. Este sistema permite “tomar medidas coordinadas, coherentes y simultáneas” para garantizar el máximo nivel de protección del consumidor, según explica la Comisión a Maldita.es. Esto va en línea con uno de los objetivos de la Política Agraria Común para proteger la calidad de los alimentos y de la salud. Además, en España, en los casos en los que un producto sobre el que se emite una alerta ha llegado al mercado, la AESAN, las comunidades autónomas o las empresas notifican a la población para evitar que sea consumido.
Aunque el acceso a RASFF es exclusivo para las autoridades sanitarias de los países y organismos miembro (países de la UE, países dentro del Área Económica Europea, Comisión Europea y Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria), es posible acceder a la información resumida sobre todas las notificaciones (incluidas las alertas) a través del portal RASFF Window.
¿Cómo funciona RASFF?
Cuando un miembro de RASFF (que son los 27 países de la UE, junto con Noruega, Liechtenstein e Islandia, además de la CE y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) detecta un elemento de riesgo en un alimento, como microorganismos patógenos o restos de pesticidas superiores a los límites permitidos, rellena una plantilla estandarizada (datos del producto, los peligros detectados y su trazabilidad) y avisa a la Comisión Europea. Esta actúa como gestora: verifica la alerta y la difunde de inmediato al resto de países.
Al recibirla, los Estados miembros comprueban si el lote afectado ha entrado en sus mercados para, en caso de que sea así, rastrearlo y tomar medidas, informando de sus hallazgos a la red RASFF. Además, si el alimento se produjo dentro de la UE, el país de origen debe investigar las causas y la distribución del producto o lote afectado, permitiendo que todos los miembros actúen con rapidez y puedan solicitar aclaraciones mutuas sobre el caso si fuera necesario, según explica la CE.
El motivo por el que esto no se exige a terceros países es que la Unión Europea no tiene soberanía sobre ellos. Aun así, y aparte de los controles que se hacen en las fronteras comunitarias, la UE dispone de otros mecanismos para vigilar que las importaciones desde terceros países cumplen sus requisitos, como realizar auditorías en origen o acotar listas de establecimientos autorizados para exportar a la UE.
Con el producto localizado, los países europeos afectados toman medidas en base a la gravedad del riesgo y de dónde se encuentre.

¿Todas las alertas implican que existe un riesgo para la salud?
Sí. Para que se active una alerta alimentaria en RASFF, “es necesario que exista un riesgo real o potencial con posible exposición”, señala Gemma del Caño. Ahora bien, dentro del sistema RASFF no solo hay alertas: existen más tipos de notificaciones según la gravedad del riesgo y el lugar en el que se encuentre el producto:

¿Quién se encarga de los controles en la frontera?
Los controles de frontera en la UE son responsabilidad de las autoridades competentes de los Estados miembros, según aseguró la CE a Maldita.es. Por ejemplo, en el caso de España, están en manos de la Subdirección General de Acuerdos Sanitarios y Control en Frontera del Ministerio de Agricultura, con equipos multidisciplinares de agrónomos, veterinarios, biólogos, etc., como explicó a Maldita.es el propio ministerio.
“Todos los alimentos, tanto nacionales como importados, deben cumplir la legislación europea, que es especialmente exigente”, recuerda Del Caño. Esto incluye sistemas de autocontrol por parte de las empresas, auditorías a proveedores, inspecciones oficiales y el cumplimiento de límites en contaminantes, residuos o criterios microbiológicos, detalla. “En el caso de productos importados, se incluyen además controles en frontera, revisión documental y, en determinados casos, análisis específicos”, añade la experta.
En los puntos de control se documenta la identidad del producto y se realizan los controles físicos para comprobar “si hay residuos de medicamentos, microorganismos o restos de alguna sustancia”, según indica el Ministerio de Agricultura. Estos controles pueden suponer la toma de muestras con su respectivo envío a laboratorios con acreditación para hacer un control de riesgos químicos o biológicos. “Si todo está conforme, se libera la mercancía para que circule libremente por la Unión Europea y se pueda consumir”, apunta el ministerio.
Aun así, la AESAN advierte de que “a pesar del rápido funcionamiento de la red de alerta alimentaria, los productos alertados pueden llegar a la población”. En esos casos, se activan mecanismos para informar de manera efectiva a toda la población (en el caso de España, a través de la propia AESAN) y evitar que esos productos concretos sean consumidos.

¿Qué porcentaje del total de las importaciones se analiza?
Respecto a la toma de muestras, “no tiene sentido analizar absolutamente todo”, señala Gemma del Caño. “El sistema se basa en el control por riesgo, lo que implica que se intensifican las inspecciones en aquellos productos o procedencias con mayor probabilidad de incumplimiento o antecedentes”, añade. Según el Ministerio de Agricultura, el porcentaje que se analiza en un control fronterizo “no responde a una cifra fija, sino que se articula mediante un sistema dinámico basado en criterios de proporcionalidad y análisis de riesgo”. Este porcentaje “oscila desde niveles mínimos de entre el 1 y el 5% en productos de bajo riesgo hasta el 50% en controles reforzados”:
Esos controles reforzados los puede establecer la UE en algunas mercancías por sus antecedentes o por tener mayor probabilidad de incumplimiento y riesgo. En estos casos, “la frecuencia es obligatoria y el servicio de control oficial en frontera debe aplicarla sobre el 10%, el 20% o incluso el 50% de las partidas, según se revise semestralmente”, señala el Ministerio. Por ejemplo, hasta enero de 2026, los cítricos de Egipto y Turquía tenían controles reforzados. A partir de entonces, tras considerar una mejora en sus resultados, la CE ha decidido que estos vuelvan a la periodicidad habitual.
A nivel nacional, se realizan tomas de muestras aleatorias derivadas de programas coordinados de muestreo (elaborados en función del riesgo del producto y del origen), y toma de muestras por sospecha, ya sea mediante alertas específicas emitidas por la Subdirección de Acuerdos Sanitarios y Control en Frontera o por cualquier sospecha directa del servicio de control oficial en frontera, detalla el ministerio.
Una vez se registra una notificación en RASFF, ¿qué medidas se toman?
Cuando se detecta o se sospecha que un alimento, ya sea para consumo humano como animal, puede suponer un riesgo para la salud, el Estado miembro afectado emite una notificación en RASFF. Con esta herramienta, los países europeos pueden intercambiar información y “comprobar en tiempo real si también se ven afectados” por ese producto y “si se requieren medidas urgentes”, como explica la Comisión Europea. Las medidas se toman en base a la gravedad del riesgo y el lugar en el que se encuentre el producto, según señala a Maldita.es la CE:
Si el producto ya está en el mercado, se procede a su retirada inmediata, la incautación de los lotes afectados y, si es necesario, se emiten avisos directos a la población para que no consuman el producto si ya lo tienen en casa. En el caso de tener que avisar a la población, serán las autoridades sanitarias del país o países afectados las encargadas de notificarlo. Es lo que ocurre, por ejemplo, con las alertas alimentarias de la AESAN en España. Además, la AESAN las emite según sean de interés para toda la población, para personas con alergias, intolerancias u otros efectos adversos a determinadas sustancias o para personas que consumen complementos alimenticios.
Si el producto aún se encuentra en la frontera, las autoridades aduaneras, en colaboración con los servicios de sanidad exterior, pueden suspender la importación y denegar la entrada de los productos que no cumplan con los requisitos de la UE.
Además, dependiendo de la infracción, las autoridades pueden ordenar que el alimento sea destruido, sometido a un tratamiento especial para eliminar el riesgo o devuelto a su origen.
¿Qué pasa si se reportan alertas de manera recurrente en un mismo producto procedente de un mismo país de origen?
La Unión Europea puede añadir los productos o los países de origen a su “lista negra” para incrementar los controles o, en casos muy graves, suspender las importaciones.
Como ya hemos explicado, la UE puede imponer controles reforzados sobre un producto por sus antecedentes o por tener mayor probabilidad de incumplimiento y riesgo. Estos se recogen en los anexos del reglamento europeo 2026/194. En el Anexo I se encuentra la lista de productos de vigilancia estrecha, como las naranjas egipcias. Son productos de países específicos que han dado problemas recurrentes, por lo que se los somete a un aumento de controles físicos y de identidad. En el Anexo II están los productos con riesgos más graves que están sujetos a condiciones especiales. Hay que tener en cuenta que estas listas están en constante actualización. A 23 de abril de 2026, en ninguno de los dos anexos aparece ningún producto procedente de Marruecos.
En los casos más graves o de incumplimientos reiterados, la UE puede llegar a suspender totalmente las importaciones de un producto específico de un país determinado para garantizar la seguridad de la cadena alimentaria en los Estados miembros, según detalla la CE. Pasó, por ejemplo, en 2011, cuando la UE decidió retirar del mercado y “suspender temporalmente” la importación de semillas egipcias debido a la aparición de brotes de la bacteria E.coli en Alemania y Francia.