Las bebidas energéticas suelen contener una media de 32 mg de cafeína por cada 100 ml, lo que se traduce en hasta 160 mg en latas grandes, de medio litro (más de tres latas de bebida de cola). Según la evidencia, y como recoge la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), “un consumo excesivo de cafeína puede provocar efectos fisiológicos no deseados que van desde la alteración del sueño [...] hasta efectos psicológicos y alteración del comportamiento, así como trastornos cardiovasculares”.
Por otra parte, la cantidad de azúcar que incluyen puede llegar a los 75 g (lo equivalente a casi 19 terrones), superando los límites máximos recomendados por las autoridades sanitarias (las guías actuales recomiendan que cuanta menos, mejor) en base a los riesgos que supone su consumo habitual. Es por todo ello por lo que las autoridades sanitarias advierten sobre el consumo de este tipo de bebidas, especialmente en adolescentes y mezcladas con bebidas alcohólicas.
Ahora bien, esto no supone que sean “más mortales” o, en general, peores que el propio alcohol o que los refrescos. Se trata de tres productos sobre los que la evidencia científica aconseja un consumo cuanto menor, mejor.