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14 bulos y mitos sobre la crisis climática para que no te la cuelen antes de la Cumbre del Clima COP26

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El próximo 31 de octubre comienza la próxima cumbre del clima, la COP26, que se celebrará en la ciudad escocesa de Glasgow. Seguro que alguno de estos bulos ya te ha llegado y otros sobre el cambio climático te llegarán porque se han multiplicado los bulos relacionados con la emergencia climática. Aquí te desmentimos 12 de ellos por los que nos habéis preguntado.

Sí, el cambio climático está causado por el ser humano y hay consenso científico al respecto

Hay un claro consenso científico al respecto. Durante las últimas décadas, organismos internacionales como las Naciones Unidas –a través del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés)–, la NASA, centros de investigación y universidades de todo el mundo han estudiado el impacto del ser humano en el clima y en el medio ambiente del planeta, encontrando numerosas evidencias científicas de su influencia. Estas investigaciones se realizan siguiendo el método científico, un proceso que siguen los investigadores para explicar fenómenos, establecer relaciones entre hechos y enunciar leyes que expliquen esos fenómenos. En este proceso los científicos utilizan datos fiables.

Sí, la temperatura del planeta ha aumentado desde 1999 hasta El Niño del 2014

Los datos de la NASA muestran que, si tomamos como referencia la media de temperaturas de la superficie de la Tierra entre 1951 y 1980, la temperatura aumentó de 1999 a 2014. De hecho, 18 de los 19 años más cálidos han ocurrido desde 2001.

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Fuente: NASA/GISS.

Sí, están aumentando los fenómenos meteorológicos extremos y hay datos que lo demuestran

Según el Informe de Síntesis del Quinto Informe de Evaluación del IPCC (el más reciente, de 2014) desde mediados del siglo XX han aumentado los eventos de precipitaciones intensas, las sequías en el Mediterráneo y en la zona de África Occidental, y los días y noches cálidos: tanto golpes como olas de calor. También se han incrementado los ciclones más intensos en el Atlántico Norte.

Lo que ha disminuido son los días y noches fríos, y también han descendido las sequías en el centro de América del Norte y en Australia noroccidental.

Estos datos son respaldados por informes anteriores del mismo organismo. De hecho, en el Cuarto (publicado en 2007), ya se afirmaba que “las estimaciones de la destructividad potencial de los huracanes muestran una tendencia sustancial al alza desde mediados de la década de 1970, con una tendencia hacia una mayor duración de tormenta y una mayor intensidad”. El informe expone que el número de huracanes de categoría 4 y 5 aumentó en aproximadamente un 75% desde 1970. Los mayores incrementos se registraron en los océanos Pacífico Norte, Pacífico-Índico y Sudoeste. Además, el número de huracanes en el Atlántico Norte también ha estado por encima de lo normal en nueve de los últimos 11 años, culminando en la temporada récord de 2005.

El texto recoge “el gran aumento en el número y la proporción de huracanes fuertes a nivel mundial desde 1970, incluso cuando el número total de ciclones y días de ciclones disminuyó ligeramente en la mayoría de las cuencas”. Por tanto, solo en el caso de ciclones sí estaríamos ante una ligera disminución, mientras que los huracanes han tenido un gran aumento tanto en número como en proporción.

No obstante, Fernando Valladares, profesor de investigación en el CSIC y en la Universidad Rey Juan Carlos, aclara que, aunque los ciclones tropicales hayan disminuido “ha aumentado su intensidad, y la relación de esta intensidad con el cambio climático se analiza con modelos”.

En el caso de las inundaciones, Valladares recalca a Maldita Ciencia que existe una nutrida evidencia del riesgo creciente con el cambio climático y que “atmósferas más calientes contienen más agua y eso conlleva más tormentas y mayor riesgo de inundaciones”.

En cuanto a las sequías, aunque sea difícil establecer una frecuencia general dada su variabilidad, este otro estudio publicado en la revista Nature muestra que se establecen más rápido y son más intensas.

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Autor: Ministerio para la Transición Ecológica con datos del IPCC.

No, la NASA no ha admitido "que el cambio climático ocurre por los cambios en la órbita solar de la Tierra y no por los todoterrenos y los combustibles fósiles"

Un contenido en inglés del blog techultras.com que afirma que la "NASA admite que el cambio climático ocurre por los cambios en la órbita solar de la Tierra y no por los todoterrenos y los combustibles fósiles" se ha viralizado en castellano en Twitter. También ha sido replicado por el blog laverdadofende.blog, pero es falso. Lo explicábamos en este artículo.

"Sabemos que cambios sutiles en la órbita de la Tierra alrededor del Sol son responsables para las idas y venidas de los períodos glaciales. Pero el calentamiento que hemos visto en las últimas décadas es demasiado rápido para ser relacionado con cambios en la órbita de la Tierra". Estas frases son de un artículo de la NASA (Administración Nacional del la Aeronaútico y el Espacio por sus siglas en inglés), que lejos de admitir que "el cambio climático ocurre por los cambios en la órbita solar de la Tierra" como afirma el bulo, niega expresamente que esa sea la causa.

No sólo la NASA no ha admitido que la causa de la crisis climática sean los cambios de la órbita solar de la Tierra sino en que su web tiene un apartado dedicado a "las causas del cambio climático" donde señala a los gases de efecto invernadero procedente de la quema de combustibles fósiles para actividades humanas como causa principal de la crisis climática.

Sí, el diésel contamina más que la gasolina y contribuye más al calentamiento global

Os lo explicábamos con detalle en este artículo. Aunque la cantidad total de emisiones de los dos tipos de vehículos se ha reducido en los últimos años, considerando el ciclo de vida total un coche diésel contribuye más al cambio climático que un vehículo de gasolina a través de sus emisiones de dióxido de carbono, según un informe de la Federación Europea de Transporte y Medio Ambiente.

Sin embargo, según otro documento del Consejo Internacional del Transporte Limpio, los gasolina emiten más por kilómetro recorrido (ver gráfico). No es una contradicción: al medir las emisiones del ciclo de vida completo se tiene en cuenta más factores que las emisiones por kilómetro. 

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Emisiones de COpor kilómetro de vehículos de gasolina, diésel e híbridos por año de matriculación. Fuente: Consejo Internacional del Transporte Limpio (ICCT)

Respecto a la calidad del aire, los coches diésel emiten mucho más óxidos de nitrógeno y tienen un límite marcado por Unión Europea superior al de la gasolina. Unos límites que, según una prueba realizada en condiciones reales por el Consejo Internacional del Transporte Limpio, superan el 90% de los coches diésel Euro 6 (la última normativa europea sobre límites de emisiones de vehículos, vigente desde 2015) de media en 4.5 veces.

Estas sustancias, en concreto el NO2 o dióxido de nitrógeno, afectan directamente a nuestra salud irritando los pulmones. De las casi 30.000 muertes prematuras causadas por la contaminación atmosférica en España, casi 5.000 son producidas por el dióxido de nitrógeno. Este contaminante también es necesario para que se forme el ozono troposférico, otro irritante del sistema respiratorio causante de más de 3.000 muertes al año en España.

En cuanto a las partículas en suspensión, principal contaminante que provoca muertes en España y la Unión Europea y una de las causas del cáncer pulmonar, son producidas en mayor medida por los coches diésel antiguos ya que los vehículos de gasóleo actuales bien mantenidos emiten niveles similares e incluso menores de partículas en suspensión que los de gasolina. El parque móvil español, formado mayoritariamente por vehículos diésel viejos, no ayuda a disminuir la contaminación.

No, los incendios en la cuenca del Amazonas no están por debajo de la media de los últimos 15 años

Aunque es cierto que la NASA publicó un artículo el 16 de agosto de 2019 que decía que “a fecha del 16 de agosto de 2019 las observaciones de satélite han indicado que la actividad de incendios total en la cuenca del Amazonas fue ligeramente inferior a la media de los 15 años anteriores”, el artículo fue actualizado el 22 de agosto y la frase quedó así: “A fecha del 16 de agosto de 2019, el análisis de los datos de satélite de la NASA ha indicado que la actividad de incendios total a lo largo de la cuenca del Amazonas este año ha estado cerca de la media de los últimos 15 años”.

De hecho, el 23 de agosto la NASA publicó otro artículo que dice: “los científicos usando los satélites de la NASA para rastrear la actividad de los incendios han confirmado un incremento en el número y la intensidad de incendios en el Amazonas brasileños de 2019, haciendo este año el más activo en incendios en la región desde 2010”.

Como ya os explicamos en Maldita Ciencia, la superficie quemada en la Amazonia brasileña y también el número de focos de incendios detectados por satélite en Brasil y en la Amazonia brasileña son los mayores desde 2010, según el brasileño Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE).

Sí, hay deforestación en el planeta y la superficie de bosques está disminuyendo

Este argumento suele apoyarse en un artículo que la revista científica Nature publicó en agosto de 2018 donde se afirmaba que la cobertura arbórea ha crecido un 7,1% y el suelo desnudo a nivel global ha disminuido en 1,16 millones de kilómetros cuadrados (un 3,1%) en el período 1982-2016 según datos de satélite a nivel global. “El artículo también dice que no es lo mismo recuperar bosques secundarios de zonas templadas que perder bosques tropicales en general, con muchísimo más carbono acumulado por hectárea”, puntualiza a Maldita Ciencia Lluís Brotons,  investigador del CSIC en el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF).

En la misma línea se expresa a Maldita Ciencia el científico Michael Coe, director del Programa Amazónico en el Centro de Investigación Woods Hole (EEUU): “Sería muy escéptico con la afirmación de que no hay deforestación neta. Más importante aún, uno no puede simplemente intercambiar bosques longevos de los trópicos por bosques que vuelven a crecer en las latitudes medias o altas. Son completamente diferentes”.

Un argumento que comparte también Matt Warren, ecólogo en el Instituto de Innovación de la Tierra (EEUU), quien matiza que el artículo de Nature se refiere a pérdida o ganancia de cubierta arbórea, en general, cuando no es igual perder un bosque u otro. “No podemos equiparar los bosques tropicales con los bosques de montaña de otras regiones y, además, los bosques existentes están cada vez más fragmentados y degradados. Por otra parte, los bosques secundarios (bosques en regeneración) no son equivalentes a los bosques de crecimiento antiguo en términos de almacenamiento de carbono o biodiversidad”, resalta a Maldita Ciencia.

Si miramos más investigaciones, otra publicada en Science concluyó que entre el año 2002 y 2012 la masa forestal global disminuyó en 1,5 millones de kilómetros cuadrados. Además, un artículo publicado en 2015 cifra en 93.896 kilómetros cuadrados el aumento de la superficie desnuda entre el 2000 y 2012. En esa misma línea, este otro artículo científico estimó en 450.000 kilómetros cuadrados la pérdida de bosques entre el año 2000 y 2005 y en 560.000 kilómetros cuadrados menos de bosques entre 1990 y 2000.

Sí, la deforestación está demostrada (y los datos de la FAO lo apoyan)

En realidad lo que la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) publicó en 2015 en su informe Evaluación de los recursos forestales mundiales es que “la tasa anual neta de pérdida de bosques ha disminuido del 0,18 por ciento en la década de 1990 al 0,08 por ciento durante el período 2010-2015”. Eso no significa que no haya deforestación alguna. De hecho, la FAO también informó que, mientras que en 1990 los bosques cubrían el 31,6 por ciento de las zonas terrestres del planeta -unos 4.128 millones de hectáreas-, en 2015 se había pasado al 30,6 por ciento -cerca de 3.999 millones de hectáreas-.

Además, en su informe 2018 El estado de los bosques del mundo, la FAO afirma que “la deforestación es la segunda causa más importante del cambio climático después de la quema de combustibles fósiles y representa casi el 20% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero”.

Sí, aunque los bosques consuman grandes cantidades de oxígeno se consideran 'pulmones' planetarios

Los bosques están reciclando unas pocas partes por millón de dióxido de carbono y oxígeno cada año, pero la atmósfera contiene 210.000 partes por millón de oxígeno, que se acumularon en la atmósfera hace miles de millones de años. Por lo tanto, si hay alguna contribución neta de oxígeno por parte de los bosques, es increíblemente pequeña”, explica el investigador Michael Coe.

El ecólogo Mat Warren aclara lo que significa esta aportación neta. “Es cierto que el bosque amazónico suministra aproximadamente el 20% (el número real es alrededor del 16%) de todo el oxígeno producido en la Tierra. Sin embargo, también consume oxígeno a través de la respiración de las plantas y la respiración de los microbios que descomponen la biomasa de las plantas muertas (autótrofos y respiración heterotrófica). Por lo tanto, la contribución neta de la Amazonia al suministro global de oxígeno es cercana a cero”, afirma el experto.

Sin embargo, la expresión de que la Amazonia son “los pulmones de la Tierra” no alude solo al oxígeno. “Se refiere a su importancia clave para el intercambio de gases con la atmósfera”, aclara Valladares. El científico explica que la Amazonia, en su función clave de regular grandes ciclos de la materia y la energía del planeta, regula e influye en el ciclo del agua mediante la transpiración de sus billones de árboles, y en el del carbono, almacenando toneladas de CO2 que, de otra forma, “estarían en la atmósfera calentando aún más el planeta”.

No se ha demostrado que el amianto sirva para luchar contra el cambio climático

Noa habéis preguntado si el amianto podría ser un arma para luchar contra el cambio climático por su capacidad para capturar CO2.A día de hoy no se ha demostrado que sirva para este fin. Si bien es cierto que el amianto podría capturar dióxido de carbono, aún se están estudiando los procesos para hacerlo posible y podría ser peligroso utilizarlo con ese objetivo. Os explicamos más aquí.

La contribución al cambio climático de la ganadería y del transporte: por qué debes tener cuidado al comparar las cifras

"Las flatulencias de las vacas y las heces de los cerdos y sus piensos generan ya más contaminación que la de los coches". Esta idea, muy extendida entre la ciudadanía, apareció de nuevo en el vídeo que el ministro de Consumo, Alberto Garzón, publicó el 7 de julio en Twitter para fomentar un menor consumo de carne. "La evidencia científica, es más, apunta a que la ganadería a nivel mundial representa ya el 14,5% de las emisiones de gases de efecto invernadero", añadió a continuación, utilizando el dato de un informe de la FAO (la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) publicado en 2013.

Pero Garzón estaba perpetuando un error que ya está corregido por la comunidad científica. En su informe anterior (2006),la FAO comparó de forma errónea las emisiones de la ganadería con las del transporte, pero después se corrigió y ya no hace esta comparación en su informe posterior, en el que se basa el ministro. Te explicamos en qué consistió esta equivocación y por qué actualmente sigue sin ser correcto comparar los datos de la FAO con los del transporte a nivel mundial.

Puedes leer la explicación completa aquí.

La borrasca Filomena, el calentamiento del Ártico y su relación con la crisis climática

La borrasca Filomena trajo a la península ibérica una nevada histórica en muchas zonas seguida por una ola de frío extremo. Algunas voces utilizaron estos eventos extremos para poner en duda el consenso científico sobre el calentamiento global y su origen en las actividades humanas

Pero de hecho, los eventos meteorológicos extremos en latitudes medias, como olas de frío, riadas y sequías están ligados a la subida de temperaturas en el Ártico; y de igual forma, la ola de calor en Siberia de enero a junio de 2020 habría sido “casi imposible sin el cambio climático”, concluye un análisis de científicos climáticos. Aquí os explicamos cómo el cambio climático está detrás del aumento de eventos extremos.

Cuidado con estas imágenes relacionadas con la activista medioambiental Greta Thunberg: una está manipulada y en otra no hay pruebas de que sea ella

Nos habéis hecho llegar una composición de imágenes en las que se ve supuestamente a Greta Thunberg llorando, posando supuestamente junto al inversor George Soros y otra llevando una camiseta con la palabra "antifascista". Sin embargo, en la primera no hay pruebas de que sea ella y la otra imagen está manipulada. Sólo la tercera es real. Os lo explicábamos en este artículo.

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La imagen que circula en redes dice "Greta Thunberg y George Soros". Esto es un bulo. Lo cierto es que se trata de una imagen manipulada en la que los desinformadores han pegado la cara de George Soros encima de la del ex vicepresidente estadounidense y activista climático Al Gore.

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La imagen original fue publicada por la propia Thunberg en su perfil de Twitter en diciembre de 2018. Aquí ambos activistas posaban y celebraban haberse conocido. "Gracias @algore por ser un verdadero pionero. Muy pocas personas han hecho más. Fue un honor conocerte. #climatecrisis#climatebreakdown", dijo la activista.

No, la ONU no ha propuesto "comer cadáveres, placentas y fetos para combatir el cambio climático"

Las webs Alerta Digital y Alerta Nacional han publicado un contenido en el que afirman que "el siguiente paso de la ONU se llama canibalismo", especificando que "deberemos comer cadáveres, placentas y fetos para combatir el cambio climático". Se trata de un titular falso y lo explicábamos en este artículo.

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En el texto no vuelven a hacer referencia a esa supuesta propuesta de la ONU y sólo los vuelven a mencionar al final, donde dicen que "quiere prohibir el consumo de carne", en referencia a un informe publicado en agosto de 2019 por el Grupo Intergubernamental de expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas donde se explicaba que reducir el consumo animal liberaría 21 millones de kilómetros cuadrados de tierras de cultivo y reduciría las emisiones de gases de efecto invernadero. En dicho informe no se propone el canibalismo "para combatir el cambio climático".

Tampoco hemos encontrado ningún otro comunicado o declaración de un representante de la ONU en la que se proponga "comer cadáveres, placentas y fetos", o cualquier tipo de canibalismo.

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