¿Previene la leche cruda el asma y las alergias infantiles? Lo que dice –y lo que no– el estudio en el que se apoyan sus defensores

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El conocido como estudio GABRIELA suele citarse en redes sociales como supuesta evidencia científica de que beber leche cruda previene el asma y las alergias en niños,  recomendarla y, muchas veces, venderla a través de estos perfiles. Este trabajo observa una asociación entre dos factores (beber leche cruda y un menor riesgo de asma) pero en ningún momento establece causalidad entre ellos. Tampoco con el riesgo de alergias. De hecho, los autores ni la recomiendan en el texto ni consideran que pueda recomendarse “como medida preventiva frente a enfermedades alérgicas”, ya que esta “podría contener patógenos”, aumentando el riesgo de enfermedades como listeriosis, salmonelosis y brucelosis, entre otras. 

Las opiniones y puntos de vista expresados solo comprometen a su(s) autor(es) y no reflejan necesariamente los de la Unión Europea. Ni la Unión Europea ni la autoridad otorgante pueden ser considerados responsables de ellos.

Los defensores del consumo de leche cruda —es decir, leche recién ordeñada, sin ningún tratamiento térmico que elimine los microorganismos que pueda contener— utilizan como uno de sus argumentos para recomendarla que “su consumo desde la infancia previene el asma y las alergias en los niños”. La base científica a la que se suele hacer referencia para respaldar esta afirmación es el conocido como estudio GABRIELA, un trabajo observacional publicado en agosto de 2011 en The Journal of Allergy and Clinical Immunology (JACI). 

La venta de leche cruda es legal y está regulada en España y el resto de la UE, dentro de un marco de seguridad alimentaria que forma parte de la Política Agraria Común (PAC), pero aún así, su consumo presenta riesgos –te los contamos aquí– que hay que tener en cuenta. En Maldita.es hemos hablado con expertos en ensayos clínicos, nutrición y alergología y hemos revisado el estudio GABRIELA. Esto es lo que sabemos:

¿En qué consiste el estudio GABRIELA?: es un estudio observacional, que no permite demostrar causalidad

El estudio GABRIELA es un análisis publicado en 2011 derivado de un proyecto europeo más amplio, cuyo objetivo fue averiguar si el consumo de “leche de granja” o leche cruda era el verdadero motivo de la menor prevalencia de asma y alergia en niños que bebían este tipo de leche que en niños que bebían leche tratada térmicamente. En caso afirmativo, también buscaba dar con el componente responsable. El estudio observó una relación entre el consumo de leche cruda y el menor riesgo de asma, pero en sus conclusiones subraya que esto sobre la base del conocimiento actual, “el consumo de leche cruda no se puede recomendar porque podría contener patógenos” ¿Por qué? 

Lo primero a tener en cuenta es que se trata de un estudio observacional, lo que implica que los investigadores se limitan a medir las variables, sin manipularlas. “Al estar ante un estudio observacional no se puede establecer una relación causal”, explica a Maldita.es Beatriz Robles. Es decir, que ver como dos factores se dan a la vez o en las mismas personas no quiere decir que siempre uno esté causado por el otro. La experta añade que este tipo de estudio sirve para “plantear una hipótesis” y como punto de partida para luego desarrollar otros ensayos clínicos que, esos sí, permitan hacer recomendaciones sobre conclusiones sólidas.

Que el estudio midiese únicamente la exposición (qué leche bebe el niño) y el resultado (si tiene asma o alergia) en el mismo momento y no siguiese a los niños en el tiempo solo permite hablar de asociación. Es más, deja incluso abierta la posibilidad de causalidad inversa: por ejemplo, que las familias con más antecedentes de alergia evitasen la leche cruda precisamente por precaución, generando parte de la asociación observada sin que la leche tenga ningún papel causal.

En este caso, los autores se basaron en las respuestas a cuestionarios planteados a 8.334  familias de Alemania, Austria y Suiza con niños de entre seis y 12 años en los que se les preguntaba tanto por el tipo de leche que bebían sus hijos o la forma en la que esta se consumía como por la edad o el historial médico de los niños (asma, alergia, fiebre del heno (rinitis alérgica) y dermatitis atópica). Además los investigadores tomaron muestras de la leche que bebían 800 de esos niños y la analizaron. Tras la recogida de datos, compararon qué tipo de leche y qué componentes se asociaban con menor presencia de asma, alergia o rinitis. 

¿Cuáles fueron las conclusiones del estudio?

El estudio observó una relación entre el consumo de leche cruda con una menor presencia de asma (no de atopía). De nuevo, los autores señalaron correlación y no causalidad.

Pero ojo, para interpretar los resultados de estudios como este es imprescindible tener en cuenta el intervalo de confianza, un indicador que mide qué tan fiables son los resultados. Javier Torres, Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP), explica a Maldita.es que, respecto al asma, el resultado está tan al límite (con un margen que va de 0,34 a 0,99, rozando el 1 que significa sin efecto) que tampoco permite descartar que se trate de una casualidad. 

Los propios autores del estudio son cautos con los al expresar las conclusiones: “sugieren que el efecto protector del consumo de leche cruda sobre el asma podría estar asociado con la fracción proteica del suero de la leche", una conclusión mucho más acotada que la versión que circula en redes sociales ("la leche cruda previene el asma y las alergias").

¿Es suficiente este estudio para recomendar a los niños beber leche cruda? 

Rotundamente no. “El problema es que estamos utilizando un posible beneficio–hipotético porque no se demuestra relación causal– para justificar su uso sin atender a los posibles riesgos”, explica a Maldita.es el experto de ensayos clínicos y maldito que nos ha prestado sus superpoderes, Roger Solana. Entre ellos, mayor riesgo de infecciones graves por bacterias como Campylobacter, Salmonella, E. coli o Listeria. “Además, los niños son considerados población de riesgo porque tienen el sistema inmunitario todavía en desarrollo y presentan mayor riesgo de desarrollar enfermedades cuando se exponen a microorganismos”, añade Robles. 

Los autores del estudio GABRIELA indican en sus conclusiones que los resultados no son suficientemente sólidos para recomendar esta ingesta y que, sobre la base del conocimiento actual, “el consumo de leche cruda no se puede recomendar porque podría contener patógenos”. “Para recomendar algo, habría que hacer una revisión con todos los riesgos demostrados y todos los beneficios demostrados y ver si compensan”, cuenta Solanas. Además, como ya hemos explicado, la propia metodología del estudio limita el alcance de las conclusiones. “No podemos hacer una recomendación basada en un estudio observacional, especialmente cuando estamos hablando de recomendaciones que suponen un riesgo”, explica Robles.

Apoyarse en este artículo únicamente para defender el uso generalizado de leche cruda es un clásico cherry picking: “Consiste en buscar y utilizar los pocos artículos positivos que haya con respecto a este tema, e ignorar deliberadamente los negativos para defender una hipótesis”, cuenta Solanas. 

Es significativo que el estudio que utilicen en 2026 para defender esta hipótesis en redes sociales fuera publicado en 2011. “¿Qué pasa generalmente cuando se cita un único estudio que tiene ya ahora 15 años? Pues que es el único estudio representativo de esto y que es una línea de investigación que, por los motivos que sea, se ha descartado”, explica Robles. Lo más probable, que “los beneficios no superen los riesgos”.