Hace algunos días, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) publicaba una investigación sobre los niveles de acrilamida de algunos alimentos a la venta en Europa. De los 55 alimentos a la venta en España analizados, 5 de ellos, algunos orientados al consumo infantil, superan los valores mínimos permitidos de acrilamida.
La acrilamida es una sustancia que se forma al freír, asar o cocer alimentos que tienen almidón, como el pan o las galletas, entre otros. Como explica aquí Beatriz Robles, nutricionista y tecnóloga de los alimentos, esta sustancia, entre otros efectos, es la responsable de apetecible color dorado y los sabores tostados que tienen esos alimentos una vez que los hemos cocinado.
Sin embargo, no todo es bueno. La Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC por sus siglas en francés) clasifica la acrilamida dentro del grupo 2A, como una sustancia probablemente* cancerígena (aquí hablamos de en qué consiste esta clasificación). Eso quiere decir que considera suficientemente probado este efecto en animales, pero siguen haciendo falta más evidencias en humanos.
En cualquier caso, y para reducir los potenciales riesgos, el reglamento 2017/2158 de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) establece unos valores máximos que deben cumplirse en algunos alimentos especialmente propensos a generarla: patatas fritas, cereales, café tostado, pan, galletas...
Esos son los niveles que la información publicada por la OCU dice que, aunque se cumplen de forma generalizada, se están superando en algunos casos. Los cinco productos señalados en nuestro país son las patatas fritas de Five Guys Burger, las patatas fritas en aceite de oliva de Mercadona, los chips de patata sin sal añadida de Frit Ravich, las galletas infantiles Biocookies Baby de Yammy y la Galletita Ecológica de Smileat.
Estos dos últimos productos infantiles son además ecológicos. El motivo, cuenta aquí Gemma del Caño, experta en I+D y seguridad de la industria alimentaria, es que una de las técnicas para reducir la cantidad de acrilamida es añadir una enzima, llamada asparaginasa, que evita que se produzca la reacción principal y por tanto disminuye la cantidad de acrilamida presente en el producto. Pero esta enzima proviene de una bacteria modificada genéticamente y por tanto no se puede utilizar en productos ecológicos.
¿Significa esto que esos productos deberían ser eliminados? En realidad, no. Tal y como nos explica Robles, el reglamento 2017/2158 que entró en vigor en abril de 2018 obliga a las empresas a tomar medidas para vigilar y reducir los niveles de acrilamida en sus productos. Sin embargo, "el propio Reglamento indica que si se superan los límites de referencia lo que la empresa debe hacer es revisar sus medidas de mitigación, pero el producto puede seguir en el mercado y no es sancionable".
Así que el informe de la OCU no está revelando nada ilegal, pero sí debería servir, en teoría, para que las empresas señaladas revisen sus procedimientos de forma que reduzcan los niveles de acrilamida en sus productos para cumplir con lo que les pide la EFSA.
*Actualización: en un primer momento decíamos que la acrilamida estaba considerada como "posiblemente cancerígena", cuando el grupo 2A del IARC recoge las sustancias consideradas como "probablemente cancerígenas".