«Una leyenda de la antigua Agaldar dice que la identidad humana es eterna y vive en nuestras manos»
Cuenta la leyenda que, en la antigua Agaldar, había una niña llamada Maday, que oyó decir al faycán Guanache de Agaldar que, aunque pasaran siglos en la inmensidad del tiempo, nuestra raza será eterna. Maday obligó a todos los niños del poblado a tatuarse en la palma de la mano el símbolo de identidad humano, en señal de que no quedaran nunca en el olvido.