Sí, sin ninguna duda, el reiki es una pseudoterapia basada en principios científicos sin ninguna base.

El reiki, y el similar toque terapéutico, está basado en la idea de que existe una energía vital, proveniente de la medicina tradicional china (como la acupuntura), de la que depende el estado general de nuestra salud. Cuando se desequilibra, enfermamos. Así que los que practican el reiki utilizan sus manos, a veces tocando el cuerpo y a veces sin llegar a tocar, para reorientar y reequilibrar esa energía y así sanarnos.

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Nada de todo esto ha sido demostrado ni concuerda con nada de lo que se sabe y se ha demostrado sobre la fisiología humana. No hay evidencias de esa supuesta energía vital modificable ni el reiki ha demostrado tener ningún efecto más allá del placebo que provocan en los pacientes que tratan.

De hecho, el reiki fue cuestionado en su base por un famoso experimento realizado en 1998 por Emily Rosa, una niña de 9 años, la persona más joven en publicar un paper científico. En su experimento, Emily se situaba tras un biombo que la ocultaba de la vista de un practicante de reiki, al que pedía que extendieses las manos y determinase sobre cuál de ellas colocaba su mano a la distancia a la que normalmente maniobraría en una sesión de reiki. Tras repetirlo 10 veces con 21 practicantes distintos, sus conclusiones es que solo acertaban un 50% de las veces, un porcentaje atribuible al azar y que demuestra que no son capaces de percibir esa energía vital que dicen modificar.

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