Nos habéis preguntado si comer pescado puede suponer un riesgo para la salud debido al mercurio que incorporamos en nuestro cuerpo a través de él. Es cierto que, al comer pescado, hay posibilidades de que estemos haciendo lo propio con dos derivados de ese metal: el metilmercurio, su forma orgánica más común en la cadena alimentaria, y el mercurio inorgánico.

Sin embargo la cantidad de ambos compuestos, compres lo que compres en tu pescadería, son mínimas y están reguladas. De hecho, a pesar de la posible (pero mínima) exposición al mercurio, las autoridades recomiendan el consumo de pescado y marisco por sus beneficios para la salud.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en ingles) publicó el 14 de julio de 2014 una opinión científica sobre los beneficios para la salud del consumo de pescados y mariscos en relación con los riesgos de salud asociados con la exposición al metilmercurio, en la que destaca que los pescados y los mariscos son una fuente de energía y proteínas y contribuyen a la ingesta de nutrientes esenciales como el yodo, el selenio, el calcio y las vitaminas A y D. También proporcionan ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga omega-3, componente de los patrones dietéticos asociados con la buena salud.

Paradójicamente, el agua del mar contiene bajas concentraciones de metilmercurio, ya que las algas lo absorben. Es entonces, al alimentarse a través de estas plantas acuáticas, cuando los peces ingieren y retienen el metal (que eliminarán muy lentamente). Como el pez grande se come al chico, son estos últimos (sobre todo en sus vísceras, pero también en el tejido muscular) los que presenten más cantidad de mercurio en su organismo. Este proceso se denomina biomagnificación.

Es cierto que numerosos estudios han demostrado que las personas que consumen más pescado, presentan mayores niveles de mercurio, hecho que se acentúa en el caso de que el tamaño del animal sea mayor. Sin embargo, esta circunstancia es fácilmente controlable si tenemos en cuenta el tipo de pescado que consumimos y con cuánta frecuencia lo hacemos, gracias a la regulación europea sobre el límite máximo de contaminantes permitidos en productos alimenticios.

Con el objetivo de explicar cómo controlar la ingesta de mercurio a través del pescado, esta tabla de la Food and Drug Administration (FDA) y de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en ingles) clasifica en tres grupos el alimento: aquellos peces cuyas porciones pueden consumir dos o tres veces a la semana, aquellos que solo se deben consumir una vez y, por último, las opciones a evitar. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), por su parte, recomienda no consumir panga y perca más de una vez por semana por el mismo motivo.

La información tiene especial interés para embarazadas y niños pequeños, a quienes este metal puede perjudicar en mayor medida. Por ello, la FDA aporta las siguientes recomendaciones: comer pescado de dos a tres veces por semana; elegir aquellos con baja concentración de mercurio, como el salmón, las gambas o las sardinas; evitar los de alta concentración del metal y, al elegirlo, buscar posibles advertencias sobre las aguas de las que proceden.

Seguir estas recomendaciones te ayudará a maximizar los beneficios de comer pescado y disminuir los riesgos de exposición al mercurio. Si aún así tienes dudas sobre la relación entre ambos, puedes echar un vistazo a este artículo de la Agencia Española del Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN).