Nos habéis preguntado si es cierto que investigadores de la Universidad de Sunshine Coast, en Australia, han apreciado este fenómeno en adultos jóvenes: un pequeño hueso con forma de cuerno o espina que, supuestamente, crece en la parte posterior de la cabeza por el peso hacia delante que esta ejerce al utilizar, por ejemplo, el móvil.

La noticia está basada en un estudio científico real, aunque bastante limitado, que de hecho no dice lo que aseguran estos titulares. Os contamos lo que sabemos.

Para empezar, este "saliente" del cráneo no es una novedad ni "crece" de la nada: se llama protuberancia occipital externa (el punto donde se insertan el ligamento nucal y el trapecio), su punto más alto, inion y, aunque su longitud varía, es común en los seres humanos.

Lo que de verdad dice el estudio

El estudio al que hace referencia el artículo por el que nos habéis preguntado se publicó en 2016 en la revista Journal of Anatomy y ha sido todo un foco de atención desde que la BBC escribió hace unos días sobre ello. Su objetivo, sin embargo, no era establecer la causa por la que se origina esta protuberancia, sino estudiar las diferencias y/o relación de esta con respecto a características como la edad y el sexo.

Al final del mismo, el autor sugiere que el origen del aumento de este hueso saliente en la actualidad podría relacionarse con la postura que adquirimos al utilizar móviles, tablets y otros aparatos tecnológicos. La nota de prensa que ha publicado la universidad que ha realizado el estudio ha utilizado este argumento en su titular, y de ahí que muchos medios hayan seguido su ejemplo.

Sin embargo no hay evidencia científica alguna de que así sea. "Hay multitud de cosas que pueden conllevar a la hiperflexión mantenida del cuello: leer, cocinar, juegos de mesa, manualidades...", explica Ignacio Crespo, médico y divulgador, en este hilo de Twitter.

Durante la investigación a la que se hace referencia, se analizaron las radiografías craneales de 218 participantes de entre 18 y 30 años. El número es demasiado pequeño como para sacar conclusiones extensibles a todas las personas. Las conclusiones apuntan que "se descubrió que un 41% de ellos había desarrollado una protuberancia en la parte posterior del cráneo que oscilaba entre los 10 y los 30 milímetros de longitud".

Una mala interpretación de la teoría de la evolución

De ahí que diversas publicaciones hayan atribuido el "nuevo hueso" (que no tiene nada de nuevo) a la evolución: este, en teoría, se desarrollaría con el objetivo de compensar el peso de la cabeza al mirar hacia abajo durante un tiempo prolongado.

Pero esa idea no se corresponde con lo que dice realmente esta teoría. "La teoría de la evolución es uno de los conceptos más engañosamente fáciles de la ciencia. Su complejidad es enorme, pero todo el mundo cree entenderla por intuición", continúa en Twitter Crespo. "Sabemos que nuestra fisiología puede adaptarse a algunos cambios en las condiciones de nuestro medio: regulamos la temperatura, la presión arterial, etc. Lo que los individuos no hacen es evolucionar".

Es decir, que si bien las especies evolucionan para adaptarse a los cambios de su entorno, esas adaptaciones tardan muchas generaciones en ocurrir, y no se ven durante la vida de un individuo, que es lo que parecen sugerir las interpretaciones de este estudio.

El principal autor practica la quiropraxia, que es una pseudoterapia

El autor de este estudio es David Shahar, investigador de la Universidad Sunshine Coast, en Australia, y quiropráctico en un centro llamado Living Well Chiropractic. Si bien esto no sería una crítica a una investigación bien hecha (un estudio bien diseñado y realizado es independiente de quien lo haga), es un motivo más para desconfiar de unos resultados dudosos.

La quiropraxia está considerada a día de hoy una pseudoterapia sin evidencia científica de su eficacia para tratar ningún problema de salud. La única posible excepción es el tratamiento del dolor lumbar crónico, pero en este caso tampoco se ha podido confirmar o desmentir que funcione mejor que otros tratamientos convencionales. 

Este estudio concluyó que la manipulación espinal es inefectiva para cualquier enfermedad, y esta revisión de la biblioteca Cochrane, que recopila y revisa las evidencias disponibles sobre un tema en un momento dado, concluyó que había de muy poca a moderada evidencia de que la manipulación espinal sea más efectiva que otras intervenciones que buscan aliviar el dolor lumbar crónico.