“Echa la cabeza hacia atrás, que te sangra la nariz”. “Le hace falta hielo a esa quemadura, ya verás como duele menos”. “Tápate bien, que vas a coger frío y te va a subir la fiebre”. ¡ERROR!

No sabemos muy bien de dónde salieron, pero seguro que te suenan estos supuestos remedios caseros e incluso has practicado o recomendado alguno de ellos. Aun sin saber si su origen es fiable o si las autoridades sanitarias los aprueban, consiguen que actuemos siguiendo unas instrucciones que muchas veces pueden hacernos más mal que bien.

Cortes que son toda una escabechina, narices que sangran, moratones multicolor, chichones del tamaño de un huevo… ¿Qué hay que hacer en cada caso? Hemos consultado a expertos de la salud para que nos aclaren cómo sí y cómo no actuar ante situaciones cotidianas como estas.

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Quemaduras

Con el aceite de la sartén mientras freímos croquetas o agua hirviendo al cocer los macarrones para la cena, por contacto con una fuente eléctrica e incluso usando la tediosa plancha… Múltiples orígenes, misma solución: lo primero que debemos hacer ante una quemadura es enfriarla, según la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES).

SEMES explica en este esquema que la forma más eficaz de conseguirlo es hacer correr sobre la quemadura agua a temperatura ambiente durante unos 15 minutos. Otros líquidos, como la pasta de dientes o distintos preparados caseros, podrían tener efectos secundarios y contraproducentes, principalmente infecciones.

Tampoco debe aplicarse hielo. Lejos de ser un aliado frente a este problema, solo empeoraría la lesión, según advierte la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“El hielo por sí solo también puede provocar quemaduras si lo aplicamos directamente sobre la piel y es peor aún si esta ya está dañada”, explica a Maldita Ciencia Juan José de la Fuente, médico de urgencias en Pozoblanco, Córdoba.

“En caso de utilizar una tela, como una toalla, habría que humedecerla y usar preferiblemente un material que no tenga hilos, pues podría causar una infección”, añade Jaime Ribas, enfermero de urgencias y a domicilio en Barcelona.

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A partir de este momento, calma, hay que evaluar la situación: ¿parece una quemadura leve o grave? Si aparte de sentir dolor, vemos la zona enrojecida e hinchada, posiblemente se trate de una quemadura de primer grado, la menos preocupante. Basta con aplicar una pomada indicada para este tipo de heridas y taparla con una gasa limpia.

Si además vemos ampollas en la abrasión, la importancia del accidente sube un escalón, ya que puede tratarse de una quemadura de segundo grado. “Como normal general no deben explotarse, debemos dejar que se reabsorba el líquido que contienen”, cuenta De la Fuente. “Salvo que sean grandes y dolorosas, en este caso puede ser necesario romperlas con una aguja estéril“. Un consejo: no hagas esto en casa, acude a un profesional médico para que revise tus ampollas y, si hace falta, las rompa adecuadamente.

Cuando las lesiones son más dolorosas, profundas* y la cantidad de la piel afectada es extensa, el caso es grave, se trata de una quemadura de tercer grado. “En ambos casos, hay que acudir a urgencias del hospital”, añade contundente Ribas.

Nos habéis preguntado por WhatsApp si la lejía es una buena opción para tratar las quemaduras. ¡Definitivamente no! A pesar de sus propiedades antisépticas y desinfectantes, la lejía tiene un potente efecto abrasivo y solo servirá para agravar aún más la lesión. Tampoco la harina funciona ante este tipo de accidentes.A

*Actualización: hemos incluido la profundidad como otra de las características principales de las quemaduras de tercer grado: este tipo de lesiones destruye tanto la capa exterior de la piel, la epidermis, como la capa de debajo, la dermis.

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Cortes

¿Qué pasa si en vez de un arañazo con el filo de un folio, el tajo ha sido con un cuchillo jamonero? Alejándonos de polos tan opuestos, una vez más hay que evaluar la gravedad de la herida antes de actuar: fíjate en su profundidad y en la zona donde te has cortado.

Según la Guía de Primeros Auxilios SAMUR – Protección Civil, si el corte es leve, superficial y poco profundo, basta con lavarlo con agua, desinfectarlo con jabón suave o suero fisiológico arrastrando desde el centro hacia los bordes y cubrirlo con una gasa limpia. Lo ideal es cambiar esta diariamente hasta que la herida comience a cicatrizar. Es importante curarla bien, puesto que muchas se infectan y pueden complicarse.

Ribas recomienda incluir en nuestro botiquín puntos de papel. “Estos permiten aproximar los extremos de heridas superficiales y favorecen su cierre”, explica Ribas y añade que es una forma muy fácil, rápida y asumible de tratar cortes poco profundos para personas no profesionales. “Eso sí, en ningún caso debemos tratar de cerrarla utilizando cinta aislante”.  

Además, no se deben utilizar ni alcohol ni pomadas que no hayan sido prescritas por el médico.

Si tenemos que hacer de tripas corazón ante un corte grave, muy abierto y profundo o que no pare de sangrar, lo recomendable después de lavar la herida es aplicar presión directa y acudir al hospital. En definitiva, De la Fuente nos recomienda tener cuidado con cortes mayores de tres centímetros, que provoquen daños en los tendones o que afecten a arterias, venas u órganos.

Insolación y golpe de calor  

¡Cómo disfrutamos tostándonos vuelta y vuelta en la playa y haciendo excursiones bajo el sol en nuestras vacaciones de verano! Pero ojo: en exceso eso que tanto nos gusta no siempre es bueno.

Beber abundantes líquidos, embadurnarse de crema solar, utilizar gorra o sombrero así como evitar hacer ejercicio y buscar una buena sombra en las horas más calurosas del día son las recomendaciones más repetidas verano tras verano para evitar problemas relacionados con el exceso de calor. Pero, ¿qué hacer si la insolación o el golpe de calor ocurren?

Según la Guía para padres sobre la prevención de lesiones no intencionadas en la edad infantil de la Asociación Española de Pediatría (AEPED), lo primero que debemos hacer en esos casos es buscar un sitio bien ventilado y deshacernos de la ropa que no sea necesaria.

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Una vez eliminado el foco del problema, el calor, hay que colocar compresas frías en zonas estratégicas como la cabeza, la cara, el cuello, las muñecas y el pecho y rehidratar a la víctima a través de pequeños sorbos de agua fresca o bebida isotónica.

“Hay que tener en cuenta que puede llegar a ser un caso peligroso, los excesos de calor pueden ser mortales”, advierte Ribas. La recomendación de AEPED si la víctima está inconsciente es llamar a emergencias y, si además no respira, iniciar las maniobras de reanimación cardiopulmonar.

Aunque a priori parezca una forma eficaz de actuar ante este tipo de situaciones, bajar rápidamente la temperatura corporal puede ser perjudicial. Es por esto por lo que, de momento, los remojones y baños con agua helada deben quedar fuera de nuestros planes.

Fiebre

No es lo mismo tener “decimillas” que fiebre alta. Por lo tanto, el cómo actuar en cada caso también tiene sus particularidades.

Si el termómetro no supera los 38ºC, podemos poner solución en casa. ¿El objetivo? Bajar la temperatura corporal. ¿Cómo? Según el SAMUR, utilizando paños húmedos sobre la frente, nuca y pliegues (axilas, ingles…) y desarropándonos. Ahora bien, las corrientes de aire no harán bien alguno en estos casos.

Según Ribas, en el caso de que la fiebre no sea alta, se puede revertir con Paracetamol, dado que es el mayor antipirético de uso hospitalario y lo que mejor trabaja con la fiebre.

Si nuestra temperatura corporal supera esos 38ºC*, hay que acudir a urgencias. “El tema de la fiebre es complicado”, opina Ribas. “Hay unos protocolos de hospital muy serios: se hacen analíticas y estudios completos ya que influyen muchas variables. Yo he visto incluso sumergir a un niño pequeño en una bañera con cubitos, pero hablamos de fiebres con riesgo vital”, concluye.

*Actualización: esos 38 grados se refieren a adultos y personas mayores. En caso de los niños, ni la Asociación Española de Pediatría de Atención Pediátrica ni la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría se refieren a unos grados concretos para señalar cuándo es conveniente acudir a urgencias, y prefieren utilizar como indicadores la edad del niño (los bebés de menos de 3 meses siempre deben acudir a urgencias) o señales de malestar como dificultades para respirar, dolor de cabeza, vómitos, rigidez o manchas rojizas en la piel.

Hematomas

Un hematoma o cardenal es una hemorragia a nivel interno en la que la sangre no sale al exterior, como en las heridas abiertas, ya que la piel lo impide. Esta es la causa del color púrpura y la posterior escala de verdes y amarillos de los que se colorea un moratón antes de desaparecer.

En el momento del golpe, el frío local utilizando hielo o productos congelados envueltos en una bolsa de plástico y recubiertos con un pañuelo de tela o gasa es la mejor opción para evitar la inflamación. Esto es lo que recomienda la Guía de Primeros Auxilios de SAMUR – Protección Civil.

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Nuestro siguiente aliado será una pomada antiinflamatoria. Según Ribas, si el golpe ha sido en piernas o brazos, no está de más hacer un pequeño masaje en la zona. En unos 7 u 8 días, la oscura marca desaparecerá sin dejar rastro.

“Aunque al principio debamos aplicar frío, un paño húmedo caliente en los días posteriores al golpe ayudará a acelerar su desaparición”, concluye Ribas.

Chichones

A pesar de presentar un aspecto tan escandaloso, un chichón es un mero golpe. ¿A qué se debe entonces esa forma de huevo?

Cuando nos damos un porrazo en la frente, se produce un hematoma que no puede ir en otra dirección que hacia el exterior, ya que el cráneo no permite que avance en sentido contrario. Por eso adquiere volumen.

La recomendación de AEPED en este caso es aplicar frío y presión leve inmediatamente después de recibir el golpe.

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AEPED también avisa en la página 182 de su Guía de Primeros Auxilios que, si el golpe es en la frente, es posible que el hematoma, pasado un tiempo, “se baje” a los párpados y “disfrace” a quien se ha dado el golpe de pequeño oso panda. Esto es normal y no representa ningún problema para los ojos.

Hemorragia nasal

Puede que más de niños que de mayores, pero a todos nos ha sangrado la nariz alguna vez. Y no, echar hacia atrás la cabeza no es la solución.

“La sangre puede irritar el tubo digestivo y pasar al aparato respiratorio”, explica de la Fuente. “Esto provocaría tos y un aumento del sangrado nasal o una posible broncoaspiración que, en casos puntuales, pueda comprometer la vida de un paciente por asfixia“. Así que no lo compliquemos: cabeza hacia delante.

Ribas nos ha aclarado el procedimiento: hacer un tapón con gasa (que no con algodón) y presionar las aletas de la nariz. Si queremos, podemos impregnar el apósito con agua oxigenada. No está tan extendido, pero aplicar hielo también funcionaría, cortando el sangrado.

De nuevo, si es un caso más grave, hay que acudir a urgencias. “Lo que hacemos en estos casos es impregnar una gasa con medicación a modo de tapón. Al tocar el capilar que sangra, esta lo cicatriza”, cuenta Ribas.

Identificar el origen del sangrado también es importante. La tensión arterial elevada hace que los capilares de la nariz e incluso de los ojos se rompan más fácilmente y es la causa de muchos casos de hemorragia nasal en personas mayores de 60 años. En este caso será el médico de urgencias el encargado de establecer la solución.

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Por Internet circulan las recetas de un montón de remedios caseros, pócimas y otros “mejunjes milagrosos” que prometen prácticamente la vida eterna. ¡Ni caso! De la Fuente lo deja claro: “No se debe ni soplar la herida ni usar productos caseros, es muy posible que empeoremos el problema”.