Pequeñas pero dolorosas heridas en la parte superior lateral de los dedos, incómodos padrastros... Si tienes la habitual manía de morderte las uñas, seguro que desgraciadamente sabes de lo que estamos hablando. Además de estas visibles consecuencias, una de vuestras dudas ha sido si hacerlo, mordisquearse (o incluso llegar a ingerir) esta parte del cuerpo, puede producir apendicitis. No hemos encontrado evidencias de ningún tipo que relacionen este hábito con la inflamación del apéndice.
La apendicitis, como su nombre ya nos adelanta, es la inflamación del apéndice, un pequeño órgano situado en la unión del intestino grueso y el delgado, localizado en la parte inferior derecha del abdomen. La causa de que este tubo hueco y estrecho se inflame es que queda obstruido, normalmente, por restos de comida o heces (tragarse las pepitas de la sandía, o semillas en general, tampoco es una causa habitual de este tipo de infecciones, como ya te contamos aquí).
"Morderse las uñas no provoca apendicitis, solo se trata de una cochinada", bromea ante la pregunta de Maldita Ciencia Rafael Rodríguez, médico del Servicio de Atención Ciudadana del Área Sanitaria Norte de Córdoba. "Comerse las uñas, aparte de feo, no tiene nada que ver con una apendicitis", recalca a Maldita Ciencia Gonzalo Guerra, médico del Centro Médico-Quirúrgico de Enfermedades Digestivas (CMED), y plantea un ejemplo: "Quienes comen caza de pluma, suelen tener algún perdigón en el apéndice y ni eso conlleva riesgo alguno, salvo que sean varios (que sería, además, por efecto del plomo)".
Ahora bien, la onicofagia, como se conoce al hábito crónico de morderse las uñas, sí puede relacionarse con otro tipo de problemas. Entre ellos, la deformación de la forma de las uñas, pero también problemas dentales, según muestra este estudio publicado en la revista Case Reports Dentistry, e incluso algunos más graves si, al llevarnos los dedos a la boca, estos o la parte inferior de las uñas están contaminados con gérmenes.