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La leche que se vende legalmente en la UE es segura y las trazas de sustancias contaminantes están reguladas y controladas

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La leche que se comercializa legalmente en los supermercados de la Unión Europea es un producto seguro y su composición está estrictamente regulada y controlada. Con respecto a posibles trazas de residuos, como los antibióticos, el reglamento europeo correspondiente establece Límites Máximos de Residuos permitidos en los alimentos y piensos (conocidos como LMR). Lo mismo ocurre con los plaguicidas en alimentos y pienso. Por debajo de los límites permitidos, establecidos en base a la evidencia científica, ninguna sustancia de las reguladas supone un riesgo para la salud, teniendo en cuenta el consumo que, en general, se hace de cada uno de los diferentes productos de origen animal. 
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1/7/26
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«En España se venden marcas de leche con trazas de residuos antibióticos, como amoxicilina, y herbicidas, aunque dentro de los límites máximos establecidos por el reglamento europeo»

https://youtu.be/dPWwst6BeYM?si=eAtyPGvToSaTSdmj La leche industrial no siempre es lo que parece: muchas marcas venden leche con origen confuso, tratamientos térmicos agresivos y menor valor nutricional, pese a su imagen “natural”. El problema no es la seguridad legal, sino la calidad real: residuos de antibióticos, glifosato o daño térmico pueden estar dentro de la ley, pero afectan a la salud a largo plazo. Las marcas baratas recortan en calidad: precios muy bajos implican mezclas de orígenes, proveedores cambiantes, mínimo contenido proteico y sobreprocesado. El marketing induce a error: imágenes de vacas felices y tradición esconden cadenas industriales largas y poco transparentes. Hay grandes diferencias dentro de una misma marca: las líneas estándar suelen ser mediocres, mientras que las premium o microfiltradas mejoran notablemente. Las peores leches comparten patrones: origen UE poco claro, múltiples proveedores, UHT agresivo, sabor plano y nutrientes degradados. Las mejores opciones son cooperativas: controlan toda la cadena, usan leche 100% española, aplican tratamientos térmicos más suaves y ofrecen calidad constante. Marcas recomendadas: Central Lechera Asturiana y COVAP, por trazabilidad, equilibrio nutricional y buena relación calidad-precio. Claves para elegir buena leche: origen claro (100% España), productor identificado, precio razonable, microfiltrada si es UHT, pocas variantes, y menos marketing vacío.

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Existe un reglamento europeo que regula la cantidad de residuos de determinadas sustancias usadas en veterinaria (como los antibióticos que menciona el vídeo) que puede haber en alimentos de origen animal, como la leche, para garantizar que son seguros. Con respecto a la amoxicilina y según este reglamento, la cantidad debe ser menor de 0,4 microgramos (0,0004 miligramos) por kilo de leche. 

Esto no quiere decir que la leche contenga antibióticos. “Los antibióticos son precisamente un punto crítico de control en la industria de la leche”, explica a Maldita.es Gemma del Caño, experta en innovación, calidad y seguridad de la industria alimentaria, farmacéutica y divulgadora. 

Controles antes del propio transporte, kit de detección rápida de antibióticos y límites muy por debajo de los considerados arriesgados para la salud

Para detectar la posible presencia de restos de antibióticos se toma una muestra de la leche del depósito del ganadero antes de que esta pase al depósito del transportista y se analiza con un kit de detección rápida de antibióticos. En caso de partidas que contienen leche de varios proveedores, la muestra se recoge y analiza en el momento en el que todo el producto está mezclado. “Se coge un poco de leche de un depósito de miles de litros, pero el resultado es representativo”, explica Del Caño.

En el caso de la amoxicilina y según el reglamento europeo, la cantidad máxima permitida por la normativa es un máximo de 0,4 microgramos por kilo de leche (para ponernos en contexto, una pastilla de este medicamento contiene entre 500 y 1000 mg, una cantidad 1.250.000 y 2.500.000 veces mayor que las trazas máximas permitidas en la leche).

Aun así, en palabras de Del Caño, aunque podríamos encontrar aleatoriamente un valor similar a ese (inocuo) máximo de 0,4 microgramos, “esto sería muy raro”. Teniendo en cuenta la cantidad de leche que se consume en España (y subrayando que los niveles permitidos son mucho menores que los considerados un riesgo potencial para la salud), “esta cantidad no supone ningún riesgo para el consumidor”, añade Del Caño. 

Para garantizar la ausencia de residuos antibióticos (o unos valores lo suficientemente bajos como para superar los controles), “los tratamientos veterinarios están sujetos a periodos de supresión obligatorios, diseñados precisamente para evitar la presencia de residuos en la leche”, como señala en la Buloteca Carolina Pozo, experta en seguridad alimentaria. “Gracias a estos controles, la leche que llega al consumidor no contiene antibióticos en niveles que supongan un riesgo para la salud”, añade. 

¿Por qué el límite máximo de residuo es distinto a cero o “no detectado”?

Al contrario que en relación a la amoxicilina, en contaminantes como la listeria, por ejemplo, el requisito para superar los controles y análisis es que esta no se detecte. El motivo, como explica Del Caño, es que las bacterias (como lo es esta última), se reproducen: cualquier minúscula cantidad presente en un momento dado puede ir aumentando en función de determinados factores, como el tiempo o la temperatura. Por el contrario, la cantidad de antibióticos no aumenta en ningún caso. 

Por otro lado, como explica la experta, no existe tecnología lo suficientemente sensible para analizar y asegurar que la cantidad presente de una sustancia, la que sea, sea cero. Al menos, por el momento. La tecnología actual es capaz de detectar cantidades muy pequeñas, como esos 0,4 microgramos por kilo, “una cantidad absolutamente ínfima”, pero no cantidades más cercanas a cero.

Por último, si la leche destinada a consumo humano realmente contuviese antibióticos, las personas alérgicas a las penicilinas no podrían consumirla en absoluto, en palabras de Del Caño. Sin embargo, la cantidad máxima permitida (que, repetimos, no es habitual encontrar) es tan pequeña que no supone un riesgo ni siquiera para ellas. De nuevo: no supone un peligro para la salud.

¿Qué ocurre con las trazas de herbicidas?

Lo mismo: “En cuanto a los residuos de herbicidas u otros contaminantes químicos, la legislación también establece Límites Máximos de Residuos (LMR) basados en evaluaciones toxicológicas muy conservadoras”, señala Pozo y añade que, “aunque puedan detectarse trazas, estas se encuentran dentro de márgenes considerados seguros y no implican un peligro sanitario real”. “No se pueden poner en el mercado alimentos de origen vegetal o animal con residuos de plaguicidas por encima de los LMR”, coincide la Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria

Conviene señalar que aunque superar ese LMR supondría un incumplimiento legal, eso no implicaría necesariamente un riesgo directo para la salud de la población, “porque no son límites toxicológicos sino límites toxicológicamente aceptables”, añade. El límite toxicológico, es decir, el valor por encima del cual una sustancia es tóxica, es mucho mayor al LMR.