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De nata, crema, trufa o sin relleno: cómo y cuándo comer roscón de Reyes sin que este suponga un problema para la salud

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No podíamos despedir las Navidades habiendo hablado de mazapanes y polvorones sin hacerlo también del dulce por excelencia estos primeros días de enero: el roscón de Reyes. Como supondrás, no venimos a contarte que, frente a todo pronóstico, sea saludable (no, no lo es). Ahora bien, como cualquier otro producto y como ya hemos explicado en Maldita.es, no tenemos por qué asignarle la etiqueta de ‘alimento prohibido’ si lo consumimos de forma puntual y dentro de una alimentación y un estilo de vida saludables

¿Qué comemos al servirnos un trozo de roscón? 

En cuanto a su composición, la del roscón de Reyes no dista de la de cualquier otro producto de bollería industrial. Es decir, se incluye en el grupo de los ultraprocesados, el de los productos alimenticios hechos con sustancias procedentes de otros alimentos (como aceites, grasas, harinas, pastas, almidones o azúcares), sal, conservantes y, a menudo, aditivos saborizantes y colorantes que se han sometido a diferentes técnicas de procesamiento. Los productos dentro de este grupo son en general poco saludables y su consumo debería ser en todo caso ocasional.

En el caso del roscón y a pesar de la gran cantidad de variantes de su receta, por lo general, está hecho a base de harinas refinadas, huevo, azúcar, mantequilla y una cobertura de almendras. 

Entre las desventajas para nuestra salud que suponen las harinas refinadas, se encuentra su alto índice glucémico (mayor que las de granos integrales mínimamente procesados), que puede causar fuertes picos de glucosa en la sangre y aumentar el riesgo de diabetes tipo 2, enfermedad cardíaca y sobrepeso.

Por otro lado, en Maldita.es ya hemos hablado sobre las repercusiones que el azúcar añadido puede suponer en nuestra salud tanto a corto, como a medio y largo plazo: desde la resistencia a la insulina a la diabetes tipo 2 o la obesidad y todas las consecuencias derivadas. 

Pero ojo, que el azúcar no solo se encuentra en la masa del bollo, ¿o acaso creías que nos olvidábamos de la fruta escarchada? Para conseguirla, tras dejarla en remojo durante su preparación previa, se introduce en una cazuela el mismo peso de azúcar que el de la fruta que vamos a confitar y la mitad del peso del azúcar de agua. Cuando el azúcar comienza a disolverse, se introduce la fruta, que se retirará cuando la mezcla comienza a hervir. El almíbar, sin embargo, hierve hasta coger densidad, momento en el que se vierte encima de la fruta y se deja reposar. Esta operación se repite hasta que la fruta ha absorbido todo el almíbar. En definitiva: más, más y más azúcar.

En relación a la mantequilla, tampoco es un producto recomendable como parte de la alimentación habitual (ni el Plato Saludable de Harvard ni la pirámide invertida la nutrición la incluyen), por su elevada proporción de lípidos (grasas). Existen otras más interesantes, como el aceite de oliva.

Y todo ello sin hablar de otro de los componentes más polémicos del roscón, además del bollo: el relleno; ya sea crema (leche, huevos, azúcar y harina de trigo o fécula de maíz), trufa (nata, cacao en polvo o chocolate y azúcar glass), nata montada (nata líquida y azúcar)...

En definitiva, como cualquier otro producto ultraprocesado, de no ser de forma puntual su consumo puede tener consecuencias negativas para la salud. Ya no solo por sus ingredientes, sino por su gran carga calórica. Además, su alta palatabilidad (lo agradable que inmediatamente resulta al comerlo) y sus características organolépticas (color, olor, textura, consistencia…) resultan muy apetecibles para el consumidor en general, según recuerda la AESAN, lo que puede conseguir que se recurra más a su consumo, en busca de estas experiencias sensitivas. 

Hablando de relleno: si quieres un roscón de ‘nata’, asegúrate de que realmente lo es

Si nos decantamos por desayunar roscón de Reyes relleno de nata después de hartarnos a abrir regalos, debemos fijarnos en que se trate de nata de verdad, no de un sucedáneo. Precisamente sobre esto, el pasado 20 de diciembre el Ministerio de Consumo publicó en su cuenta oficial de Twitter la siguiente infografía:

La clave, como siempre, la encontraremos en la información nutricional del envase del roscón. ¿Que queremos comer nata? Busquemos la palabra ‘nata’. De hecho, este debe ser el único ingrediente del relleno e indicarse en qué porcentaje supone del total del roscón. La nata, añade la imagen "debe estar hecha de leche de vaca” y “puede llevar azúcar e incluso algunos aditivos, conservantes o estabilizantes", seguros y que ayudan a alargar la vida útil del producto.

Si en vez de ‘nata’ damos con una lista de ingredientes formado por un batiburrillo de aceites de palma, coco u otras grasas vegetales, significa que el relleno, en esta ocasión, no es nata real, sino “un mix de grasas vegetales” y sería mejor prescindir de ese relleno. En ocasiones, pueden incluso mezclarse con grasas hidrogenadas o trans, que han demostrado ser el tipo de grasa más perjudicial para la salud.

Esto puede resultar problemático para las personas que sigan una dieta vegana o que busquen reducir el consumo de alimentos de origen animal, ya que para obtener la textura adecuada en una "nata vegetal" hay que usar grasas menos aconsejables desde el punto de vista nutricional, como la de palma mezclada con otros ingredientes y aditivos.

El problema que tenemos con las "natas vegetales" es que para conseguir la textura adecuada hay que usar grasas con un perfil nutricional peor, como la de palma, mezclada con otros ingredientes y aditivos. Sin embargo, como apunta Beatriz Robles, dietista-nutricionista y tecnóloga de los alimentos, "el roscón no va a empeorar terriblemente por llevar una nata vegetal. Es un alimento de consumo muy ocasional, por lo que sí somos vegetarianos y nos encanta con 'nata' vegetal, adelante con ello".*

Que no te engañen con supuestas versiones healthy: la bollería nunca va a ser saludable

Como ocurría en el caso de los mazapanes y los polvorones, en el caso del roscón de Reyes también hay recetas en las que el porcentaje de uno u otro ingrediente puede hacer que el perfil nutricional de estos dulces sea ‘menos insano’ (uso de harinas integrales, la versión sin relleno…). Sin embargo, no existe una alternativa realmente saludable. De ahí que la recomendación sea comer el que más nos guste, pero solo de forma puntual. 

“Es por eso mismo por lo que no soy partidaria de la repostería healthy (sana): creo que es más interesante priorizar educación alimentaria”, opinaba la dietista-nutricionista Mariana Álvarez. “Si no, podemos caer en pensar que ‘como es una versión saludable, porque he utilizado pasta de dátil en vez de azúcar’, por ejemplo, puedo comer más y de forma habitual”, añadía. 

Por más que esté preparado ‘de forma saludable’, el roscón de Reyes no debe formar parte nuestra dieta habitual. Miguel Ángel Lurueña, tecnólogo de los alimentos, coincidía: “Creo que no deberíamos andar con medias tintas porque, aunque mejoremos detalles, seguiremos estando ante productos insanos”.

Prohibirnos un alimento o producto no es la solución; comerlo lo menos posible siendo flexibles, sí

Que no sea saludable, ¿quiere decir que debemos prohibirnos ese trozo de roscón la mañana o la tarde de Reyes o en algún otro momento puntual de la Navidad, en la que es típico? Para nada.

La clave en el consumo de este tipo de productos, según explicaba a Maldita.es la dietista-nutricion Adriana Oroz, está en el equilibrio: si lo reducimos a pequeñas cantidades y a momentos puntuales, dentro de una alimentación y una forma de vida saludable, no tienen por qué suponer un problema para la salud y, por lo tanto, no hay por qué renunciar a ellos completamente.

Es decir, el problema de nuestra dieta no es ese trozo de roscón o ese par de polvorones que comemos en una comida o cena de Navidad, “el problema es lo que comemos durante todo el año (por ejemplo, consumir estos dulces desde que aparecen en el supermercado en octubre hasta que desaparecen en febrero)”, señalaba Lurueña.

Además, como explicaba en Maldita.es Alfonso Méndez, psicólogo especializado en trastornos de la conducta alimentaria y obesidad, lo que nos prohibimos a la hora de comer se termina convirtiendo en deseo. Esto puede generar tal ansiedad que en el momento concreto que nos lo permitamos, acabemos por atiborrarnos del producto en cuestión en forma de atracón. “Acotar límites estrictos a la hora de comer puede generar una presión fisiológica y psicológica muy difícil de mantener'', recordaba Méndez. 

En palabras de Oroz, “en estas fechas, como en tantas otras celebraciones, lo más importante es disfrutar, y se puede hacer dentro de una alimentación y hábitos saludables.”

*Hemos añadido este párrafo para añadir el consejo nutricional a personas veganas o que quieran reducir el consumo de alimentos de origen animal.

Este contenido es apoyado por la iniciativa “Alimentando el cambio” de DANONE EDP en el que Maldita.es colabora elaborando contenidos independientes según su metodología.


Primera fecha de publicación de este artículo: 05/01/2022

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