¿Amigo o mal vecino? Lo que sabemos sobre el impacto del biogás y el biometano en el medioambiente y el territorio

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El biogás y el biometano son gases que se obtienen a partir de residuos agrícolas y urbanos (estiércol, restos agrícolas, lodos de depuradora…) o alimentos y se usan para producir energía, ya sea en forma de electricidad o en forma de calor. Tienen beneficios porque evitan que esos residuos acaben en el vertedero, proporcionan un suministro energético estable y reducen la dependencia de combustibles fósiles, y además durante su producción se obtiene una sustancia que puede usarse como fertilizante. Pero también tienen impactos: posibles fugas de metano, emisiones de efecto invernadero indirectas, olores molestos y, al menos para los trabajadores de las plantas, exposición a bacterias, hongos y endotoxinas (moléculas tóxicas para la salud). Esto es lo que sabemos.
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¿Qué diferencia hay entre el biogás y el biometano? 

El biogás se forma cuando la materia orgánica (como estiércol, residuos agrícolas, alimentos, cultivos energéticos o lodos de depuradora, entre otros) se descompone en ausencia de oxígeno. Este proceso, que se llama digestión anaeróbica, actúan microorganismos que transforman la materia orgánica en una mezcla de metano (CH4) y dióxido de carbono (CO2), como explica la Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés). El biometano es ese mismo biogás, pero purificado tras retirar el CO2 y otras impurezas.

El biogás puede utilizarse directamente en forma de calor para las casas y la industria y para producir electricidad. El biometano se usa como sustituto del gas natural, pues el gas natural es, esencialmente, metano. En Europa hay 1975 plantas de biometano, la gran mayoría de ellas, en Francia, según la asociación del sector.

Camino de producción de biogás y biometano. Fuente: Informe Outlook for Biogas and Biomethane de International Energy Agency

¿Qué beneficios tienen?

El biogás y el biometano proporcionan un suministro energético estable, gestionable y que puede almacenarse o producirse bajo demanda. También generan un residuo, llamado digestato, que puede sustituir los fertilizantes sintéticos. Cuando la fuente utilizada para producir biogás es el estiércol de granjas industriales o residuos agrícolas que se habrían llevado a un vertedero, se ahorran emisiones de metano, el segundo gas de efecto invernadero más importante, que de otra forma habría acabado en la atmósfera.

Por otro lado, al producirse localmente a partir de residuos orgánicos, el biogás y el biometano reducen la dependencia de importaciones de combustibles fósiles y refuerzan la independencia energética, según la Comisión Europea. Además, el biometano puede inyectarse directamente en las redes existentes de gas fósil o usarse en calderas, industria y transporte sin necesidad de construir infraestructura nueva.

¿Qué sabemos sobre su impacto ambiental?

El impacto ambiental del biogás depende de qué materia prima se use para producirlo y de cómo se gestione. El biogás y el biometano se consideran neutros en carbono porque el CO2 que liberan al quemarse fue absorbido previamente en cantidades similares por las materias primas usadas para su producción. Sin embargo, ese “cero neto” puede no cumplirse: las fugas de metano (que pueden ir desde el 0,1% en la recepción de residuos a la planta hasta el 12% en el procesamiento o el 15% al almacenar el digestato, según la IEA) y las emisiones indirectas del transporte de residuos y el funcionamiento de las plantas hacen que el balance real de gases de efecto invernadero no sea nulo.

Por otro lado, las plantas europeas de biometano construidas antes de 2020 siguen utilizando como materia prima cierta proporción de cultivos energéticos: cultivos dedicados en exclusiva a producir biogás, según la IEA. Este sector tuvo un auge en países como Alemania o Reino Unido, pero en torno al año 2010 empezó a suscitar preocupación por la competición por el uso del suelo y el desgaste del terreno. La Unión Europea empezó a incentivar el uso de residuos y desechos para producir biogás y hoy en día las plantas de nueva construcción no usan cultivos energéticos como materia prima.

¿Qué sabemos sobre sus posibles efectos en la salud humana?

Una revisión de 2023 sobre el impacto en la salud de las plantas de biogás encontró que es un tema poco estudiado hasta la fecha desde un punto de vista epidemiológico, pero que 15 estudios ambientales encontraron bacterias y hongos en el aire cercano a las plantas de biogás que procesaban residuos forestales y agrícolas, lodos de depuradora y restos de alimentos. La mayoría de las mediciones se realizaron en el centro de trabajo. Otro estudio, publicado en 2021 y realizado en siete plantas de biogás, señaló que las endotoxinas y hongos eran muy elevados dentro de las plantas en comparación con el aire de fuera, especialmente en las zonas de descarga y limpieza de residuos.

El biogás contiene metano, un gas inflamable, por lo que existe un riesgo teórico de incendio o explosión, como señalan algunos contenidos, en caso de fallo de la instalación.  Un estudio publicado en 2021 modeló matemáticamente estos escenarios para calcular a qué distancia del punto de fuga se concentra el peligro. Para un depósito de biogás a alta presión, el estudio estima que la zona de riesgo mortal por incendio es de unos 30 metros; la de riesgo de explosión, de unos 10 metros y la de intoxicación por la nube tóxica, de unos 20 metros. El estudio señala que los accidentes documentados en el sector suelen deberse a fallos técnicos en componentes concretos, como compresores, o a negligencia en el mantenimiento y la operación, no a un riesgo inherente y constante de la actividad.

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¿Qué molestias pueden provocar?

Uno de los motivos principales de rechazo a las plantas de biogás es el mal olor. Un estudio de 2018 realizado en ocho granjas suizas que combinan ganadería y planta de biogás midió el olor directamente sobre el terreno. Los resultados mostraron que la intensidad del olor depende de la distancia, la sustancia que emita el olor (corrales, balsas de purín, almacenes de sustrato…) y la velocidad del viento. A menos de 100 m de la planta-granja, el 66% de las mediciones detectaba olor; a entre 250 y 390 m, ese porcentaje bajaba al 28%. Además, señaló que cuando había fugas de biogás, y no solo olor de estiércol y sustratos, la intensidad percibida del olor aumentaba de forma significativa y el olor a biogás dominaba sobre el resto.

En Castilla-La Mancha, una de las comunidades autónomas donde más se está impulsando el biometano, hay un borrador de decreto en marcha que propone distancias mínimas obligatorias de 2 km entre las nuevas plantas de biometano y el suelo urbanizable de uso residencial, y de 4 km si la planta usa cadáveres de animales como materia prima. La distancia es de 500 m en caso de locales de restauración situados en suelo rústico.

Otro estudio publicado en 2025 y realizado en tres plantas de biogás de residuos municipales de Polonia concluyó que factores como el tipo de residuo que entra a la planta, la tecnología usada para procesar el biogás y los sistemas de ventilación y desodorización influyen directamente en el olor y que medidas como sellar los puntos de ventilación reducen el impacto de forma notable.