Entre los bulos sobre salud, los relacionados con la curación del cáncer son algunos de los más variados y abundantes. Esta vez, uno de ellos asegura que se puede ganar la lucha frente a la enfermedad a través de la alimentación convirtiendo nuestro cuerpo en un "entorno alcalino", es decir alterando los niveles de pH (medida de acidez o alcalinidad) de nuestro cuerpo, en concreto de la sangre. Esta teoría no tiene evidencias que la respalden ni está basada en ninguna lógica científica.

Según este bulo, una de las maneras más eficaces de terminar con el cáncer es hacer nuestro cuerpo más alcalino. ¿Cómo? Comiendo alimentos alcalinos como frutas frescas, verduras y granos enteros y reduciendo la ingesta de los ácidos, como la carne roja, los productos lácteos, el azúcar y los granos refinados. El artículo señala que estos últimos "contribuyen a mayores tasas de diagnóstico de cáncer mortal por la acidosis, un estado en el que los líquidos y/o tejidos corporales se vuelven demasiado ácidos". Propone, además, dos "poderosas herramientas" para alcalinizar el cuerpo: el zumo de limón y el bicarbonato de sodio.

Sin embargo, cuando hablamos de la dieta alcalina en Maldita Ciencia ya desmentimosque la alimentación pudiese interferir en la regulación del pH de la sangre y explicamos que, por tanto, las dietas alcalinas no tienen base científica. El fundamento de esta teoría choca con todo lo que sí se sabe acerca de cómo se regula la acidez de nuestro cuerpo.

Según Beatriz Robles, tecnóloga de los alimentos, estas dietas “parten de una premisa falsa: que el pH de nuestro cuerpo puede regularse mediante la alimentación. Afortunadamente, el pH de la sangre (al que se refieren principalmente estas dietas o trucos) se mantiene bastante estable gracias a los mecanismos homeostáticos del riñón y de los pulmones". De la misma manera que la dieta alcalina no funciona para adelgazar, tampoco funciona para combatir el cáncer.

Efectivamente, no hay una base científica tras la idea de que se pueda interferir en la alcalinidad o acidez de la sangre a través de la alimentación. Son unos elementos que se encuentran en ella, llamados tampones, los que lo regulan cuando es necesario. Como ya explicamos al hablar sobre las dietas alcalinas, es cierto que los niveles de acidez de nuestra orina sí pueden cambiar según lo que comamos y otros factores, pero eso no tiene efecto sobre nuestra salud (aunque si esos niveles están fuera de los límites normales sí puede ser un síntoma de algunos problemas).

De hecho, el supuesto autor de esta teoría, Otto Warburg, no ganó el Nobel de Medicina por "el descubrimiento de la causa del cáncer", sino por su descubrimiento de la naturaleza y modo de acción de las enzimas respiratorias (a través del estudio de la respiración de los erizos de mar y otros organismos en una etapa temprana de desarrollo). A pesar de que fue el autor de la Hipótesis de Wardburg, una suposición sobre el origen del cáncer, nunca propuso la alimentación como un mecanismo para acabar con este.

La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) alerta sobre estas y otras "dietas anticáncer" y explican que ni curan el cáncer ni influyen en su pronóstico ni evolución. Según la AECC, es cierto que "seguir una dieta saludable ayudará a prevenir enfermedades", pero ni la alcalina ni ninguna otra dieta "puede sustituir los tratamientos convencionales del cáncer (cirugía, quimioterapia y radioterapia)".