Es la primera recomendación del Informe del grupo de expertos de la Comisión Europea del que formamos parte en Maldito Bulo y casi nadie la cumple: políticos, analistas, periodistas…  Ojo, que sabemos que no es fácil (a nosotros también nos cuesta). En el discurso público prácticamente todo el mundo se empeña en referirse a la desinformación como ‘fake news’ (o como diría Claire Wardle y le vamos a coger prestado ‘f*** n***’) a pesar de la constante petición de los expertos para que sea desterrado.

¿Por qué no nos gusta hablar de ‘f*** n***’?

Porque ‘f*** n***’ o ‘noticia falsa’ a día de hoy no significa lo mismo para todo el mundo: no existe un consenso sobre la definición. Si Maldita.es dice que tal o cual historia es ‘f*** n***’ no tiene el mismo significado que cuando Donald Trump llama ‘f*** n***’ a CNN o al Washington Post.

El término se ha convertido en un arma arrojadiza que políticos y colectivos utilizan para atacarse unos a otros queriendo hacer ver que tienen el patrimonio de la verdad. Este término, además, no explica la complejidad de la situación y genera confusión en los debates mediáticos y políticos.

Tampoco define bien el fenómeno: si pensamos en ‘noticias falsas’ nos viene a la mente un formato determinado: un artículo, con su titular, su foto y su desarrollo y el problema es infinitamente más amplio: memes, capturas, vídeos, audios… esa es la desinformación a la que más expuestos estamos y cuando hablamos de ‘f*** n***’ no la estamos teniendo presente.

Después más de un año haciendo Maldito Bulo sabemos que el problema va mucho más allá de las páginas webs: está sobre todo en las redes sociales y en las conversaciones de WhatsApp, donde el consumo de la información y de la desinformación se hace en formatos audiovisuales que van desde un vídeo a un audio pasando por una cadena de texto o una captura, que muchas veces no te remiten a una url sino que se consumen sin contexto, aisladas. Esto es especialmente peligroso en redes como WhatsApp, a la que además los verificadores no tenemos acceso directo y dependemos de vuestra colaboración para saber qué desinformación se está viralizando ahí. Por eso hemos puesto en marcha nuestro servicio de WhatsApp.

Además, como apuntaba Daniel Funke en este artículo de Poynter, según un estudio de la Universidad de Texas a la gente le cuesta más distinguir entre tuits que hablan de historias reales y tuits que hablan de historias falsas si en el texto de esos tuits está el término ‘f*** n***’. Es decir, el término no ayuda a informar. 

Hablemos de DESINFORMACIÓN

Porque esto sí define el fenómeno:

‘Desinformación’ hace referencia no sólo a algo que es puramente falso, sino tanto a aquello falto de contexto, como una artículo satírico que a la hora de consumirse si está desligado del contexto hay quien puede tomárselo como real; como a aquello que tiene la intención específica de servir a determinados fines mediante la manipulación o la fabricación de contenido falso.

Además, si hablamos de ‘noticia falsa’ nos estamos limitando a un formato definido y tasado: algo que tenga pinta de noticia, y, como apuntábamos antes, el problema es infinitamente más amplio y viene en múltiples formatos que ninguno llamaríamos noticia, pero que desinforman igual.

Este diagrama de First Draft, un proyecto del Harvard Kennedy School of Government, es una buena definición del ecosistema en el que consumimos la información y la desinformación, que ellos definen como la mezcla del contenido falso y la intención de hacer el mal.

La desinformación es, según First Draft, la fabricación o manipulación deliberada de contenido audiovisual incluyendo la creación intencionada de rumores y teorías de la conspiración.

La importancia de las palabras en esta batalla

Cuidado: porque algo tenga apariencia de un medio (estructura, cabecera, secciones…) o de una noticia (titular y foto) no tiene porque serlo. El formato nos engaña; eso es así. Los ‘malos’ se aprovechan de ello, de que el formato nos confunde.

Nos toca decidir el ‘estatus’ que le damos a cada cosa, qué nombre le damos para referirnos a ellas, cómo las definimos.

Por eso en Maldita.es creemos que no hay que llamar ‘medio’ o ‘periódico’ a lo que no lo es, sólo porque lo parezca.

No llamemos ‘noticia falsa’ a algo que nunca tuvo intención de ser noticia. Ojo, ya sabemos que cuesta pero hagamos el esfuerzo para mejorar el ecosistema informativo: desde Maldita.es aconsejamos utilizar ‘contenido’ para referirnos a este tipo de cosas con apariencia de noticia y ‘web’ a secas para lo que no estemos seguros de que sea un medio de comunicación. Y si además ya tenemos comprobado que ese ‘contenido’ es falso, en castellano tenemos una palabra maravillosa para referirnos a eso que es ‘bulo’

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