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Qué es el software libre, por qué surgió, qué ventajas tiene y en qué se diferencia del código abierto

Publicado domingo, 3 octubre 2021
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Aunque no hayas oído antes el término “software libre”, puede que hayas estado usando alguna aplicación de este tipo sin saberlo: por ejemplo, el navegador web Mozilla Firefox, el editor de documentos LibreOffice o el de imágenes GIMP son libres y te pueden sonar, pero la historia va más allá. Gran parte de los sistemas operativos que utilizamos ahora, como Android en nuestros teléfonos o Windows en nuestros ordenadores están apoyados en una estructura de software libre.

Que un programa sea de software libre significa que cualquier persona puede ver, estudiar y modificar el código con el que se ha realizado. Toda la comunidad puede participar en el desarrollo de las aplicaciones y esto las hace más seguras: si hay terceras personas que pueden estudiar este código, también pueden darse cuenta de que tiene alguna vulnerabilidad y solucionarla. La idea del movimiento del software libre es que las tareas sean colaborativas y no gire todo en torno al interés de una empresa.

La estructura de internet, tal y como la conocemos ahora, con páginas web y una interfaz que nos resulta familiar, también está basada en el software libre: al menos un 70% de los servidores que sostienen la red se sirven de un sistema llamado Linux.

En Maldita.es te hemos hablado alguna vez de aplicaciones de código abierto, es decir, aplicaciones cuya estructura se puede ver y estudiar porque así lo han dispuesto los creadores. ¿No es esto lo mismo que el software libre, entonces? Pues no, ya que lo que diferencia a ambos conceptos es el contexto en el que surgieron y el fin que persiguen. Eso sí, son términos que suelen aparecer mezclados e intercambiados.

Lo primero es lo primero: ¿qué define al software libre?

Lo que define al software libre es que coloca a la persona usuaria en el centro del programa, como nos cuenta Germán Martínez, de la asociación defensora de los derechos digitales Interferencias: “El software libre garantiza que tengas el derecho a conocer cómo funciona toda la tecnología que mueve el mundo que te rodea (móviles, smart TV, relojes o pulseras inteligentes, etc), independiente de quien seas y de tu posición, además de poder adaptarlo, gracias al trabajo colaborativo, a las necesidades de todo el mundo”.

Por ello, cualquier programa libre tiene que otorgarle al usuario plena libertad sobre él: que pueda usarlo como desee, que pueda estudiarlo para cambiarlo según sus necesidades, que pueda distribuirlo para que otras personas lo puedan usar y que pueda mejorar el programa para que la comunidad se beneficie de estos cambios. Todos estos puntos conforman las cuatro libertades del software libre.

¿Cómo surge el movimiento del software libre?

El término de software libre lo acuñó el informático Richard M. Stallman en los años 80. Stallman trabajaba en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), en un momento en el que la colaboración entre los diferentes sistemas era vital para la expansión de la informática y de los ordenadores. Hasta que, con los avances logrados, muchos desarrolladores y empresas comenzaron a “cerrar” su código al ver la oportunidad de convertirlo en un producto y venderlo.

Así que Stallman fundó la Free Software Foundation, para expandir la filosofía del software libre: programas y aplicaciones en los que todo el mundo pudiese participar y tuviese la libertad de hacer con ellos lo que quisieran. De esta forma, todos se beneficiaban de las mejoras de los demás y no se dependía de las decisiones centralizadas de las empresas. Todo ello, a través de la creación de la licencia GPL (GNU General Public License), de copyleft, una práctica que permite el libre uso y distribución de la obra y sus derivadas. 

A este proyecto también aportó algo indispensable Linus Torvalds, el creador del sistema operativo Linux (que es probable que también te suene). Para que esas aplicaciones pudieran funcionar y conectarse a una interfaz y a los controles que usamos las personas, como un ratón o una pantalla, hacía falta un componente que lo comunicase todo. Eso es lo que consiguió Torvalds al crear Linux, que como os hemos dicho un poco más arriba, es un sistema que sigue usándose a día de hoy en aplicaciones tecnológicas.

¿Qué ventajas tiene frente al software cerrado o propietario?

Además de poder ser modificado y auditado por cualquier persona interesada, para Martínez “la verdadera ventaja del software libre para la sociedad (porque no todo el mundo puede entender y editar el código) es que tiene la capacidad de hacer que todas las personas pasen de ser meramente consumidoras a ser usuarias de pleno derecho”. 

“Nuestro día a día está repleto de dispositivos conectados, por lo que, si tenemos los medios para controlar cómo funcionan los aparatos que nos facilitan la vida cotidiana, nadie podrá imponernos sus intereses comerciales para decidir cuándo algo, aunque esté en perfecto estado, tiene que dejar de funcionar o de actuar lejos de cómo queramos”. Esto, según este especialista solucionaría muchos de los problemas a los que nos enfrentamos como sociedad digital, como la obsolescencia programada.

Otra de las cuestiones fundamentales, como ya te hemos hablado en otras ocasiones en Maldita.es, son los algoritmos que controlan nuestro uso de ciertas aplicaciones y que determinan qué debemos ver o leer por nosotros, o incluso si debes recibir un crédito o si eres apto para recibir una subvención. Mientras que los algoritmos que hacen funcionar un programa libre pueden estudiarse, los de un software cerrado o propietario no: es imposible saber cómo funcionan exactamente.

“Muchas aplicaciones viven de capturar nuestra atención: ¿y si pudieran forzar que tengamos comportamientos viscerales que a su vez nos puedan generar una sensación de adicción que nos hagan permanecer más tiempo "enganchados" a sus redes? ¿O que puedan moldear la percepción del mundo que nos rodea? No podemos saberlo porque no son públicos ni auditables sus algoritmos”, apunta Martínez. Y esto implica que “sea muy fácil que caigan en problemas de sesgos existentes en sus desarrolladores o que puedas ser clasificado como potencial delincuente por pertenecer a una minoría”, prosigue. 

¿Y en qué se diferencia del código abierto?

Como hemos mencionado antes, podría parecer que el software libre y el código abierto son lo mismo. Sin embargo, la diferencia es el trasfondo “ético” o “filosófico” de ambos movimientos. De hecho, el movimiento del código abierto, organizado a través de la Iniciativa de Código Abierto (OSI, en inglés) surgió como una bifurcación de la Fundación del Software Libre de Stallman.  

La clave se sitúa en las licencias, como nos explica Martínez: “la GPL, la licencia del software libre, obliga a que cualquier programa que derive de uno libre, está obligado a que sea igualmente libre; mientras que con las de código abierto (como la MIT), no existe impedimento en que la aplicación derivada de una de código abierto pueda ser cerrada y convertida en software propietario o que forme parte de uno”.Es por ello que muchas empresas suelen acogerse a esta última licencia, menos restrictiva en cuanto a crear un negocio a partir del desarrollo. 

Por tanto, las diferencias están en el fin que persigue cada movimiento: mientras que el del software libre se centra más en garantizar las plenas libertades para los usuarios y que se sitúen en el centro del desarrollo, el código abierto se centra más en la colaboración para alcanzar grandes mejoras técnicas y mejores resultados.

Nuestro repositorio de aplicaciones y servicios alternativos al de las grandes tecnológicas está basado en las recomendaciones que hacen organizaciones y fundaciones dedicadas a la protección de datos y la defensa de los derechos digitales. Todas ellas son de software libre y de código abierto. Así, los usuarios pueden decidir si prefieren reducir su dependencia en unas pocas grandes tecnológicas usando programas que se han creado con este objetivo más colaborativo y centrado en la privacidad.


Primera fecha de publicación de este artículo: 18/09/2021