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MALDITA TECNOLOGÍA

La nueva ‘ley Rider’, la contaminación en el minado de bitcoins y los estudios tecnológicos con más futuro: todo en el 43º consultorio de Maldita Tecnología

Publicado martes, 6 abril 2021
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¡Buenos días, malditas y malditos! Volvemos a la carga con nuestro consultorio tecnológico de los martes y hoy, como ya es costumbre, abordaremos temas variados y la mar de interesantes: los detalles de la nueva ‘ley Rider’ que regulará mercado de trabajo de las nuevas plataformas digitales de reparto, el funcionamiento y los peligros contaminantes del minado de bitcoins y los estudios tecnológicos con más futuro.

Ya sabéis que estamos disponibles en el correo electrónico [email protected], en Twitter y en Facebook para apuntar vuestras preguntas. Si no, también podéis dejárnoslas en este formulario. Ahora sí, ¡empezamos!

¿La nueva ‘ley Rider’ va a obligar a todas las nuevas plataformas digitales a contratar a sus empleados de manera obligatoria? ¿Van a obligar a hacer públicos sus algoritmos para repartir el trabajo?

Aunque la denominada ‘ley Rider’ aún no se ha publicado en el BOE, ya se puede realizar un primer análisis tras conocerse el acuerdo al que han llegado Gobierno, sindicatos y empresarios. Y sí, el punto más importante del texto hace referencia al reconocimiento de la situación laboral de aquellos trabajadores (entre 18.000 y 30.000 en todo el país, según la fuente a la que consultes) que se dedican al reparto en plataformas como Glovo, Deliveroo o Uber Eats.

Si acudimos al comunicado conjunto emitido en marzo por el Ejecutivo y los agentes sociales, podemos leer que esta nueva norma “reconoce la presunción de laboralidad para los trabajadores que presten servicios retribuidos de reparto a través de empresas que gestionan esta labor mediante la gestión algorítmica del servicio o de las condiciones de trabajo, a través de una plataforma digital”.

¿Qué significa esto? Pues que la nueva ley confirma la relación laboral entre repartidor y plataforma, lo que obligará a que estas empresas digitales contraten a sus empleados. Hasta ahora, el rider estaba dado de alta en autónomos y la app gestionaba los repartos entre los trabajadores (a través de un algoritmo opaco que nunca se ha hecho público) analizando su disponibilidad, puntuación, rapidez…

El Tribunal Supremo ya había rechazado previamente en una sentencia que este tipo de apps actuaran solo como intermediarias entre el cliente y el trabajador, una postura defendida a capa y espada por las empresas.

Rahul Uttamchandani, director jurídico de la firma Legal Army, confirma a Maldita Tecnología que salvo que se aporten pruebas de que esta relación laboral no existe, “los repartidores deberán ser considerados personal laboral (trabajadores asalariados)”. 

“No obstante, todo apunta a que la subcontratación será posible en la medida en que se contrate a empresas de flotas de trabajadores y siempre que sean estas quienes organicen el trabajo”, apunta el experto.

La nueva normativa se reducirá a un cambio del artículo 64 del Estatuto de los Trabajadores y, según la patronal, el nuevo texto abrirá la puerta a que las plataformas puedan subcontratar los servicios de los riders a terceras empresas.

Hablamos ahora de los algoritmos, esos programas informáticos que deciden en la sombra cómo se organiza el trabajo entre los distintos riders de forma automatizada. La nueva ley obligará a las plataformas a compartir con los representantes sindicales el diseño de dicho algoritmo para que los empleados sepan las reglas internas con las que se está asignando el trabajo.

El Gobierno lo explica de esta forma: “La representación legal de los trabajadores deberá ser informada de las reglas que encierran los algoritmos y los sistemas de inteligencia artificial que pueden incidir en las condiciones laborales por las que se rigen las plataformas, incluyendo el acceso y mantenimiento del empleo y la elaboración de perfiles”.

¿Significa esto que las empresas tienen que publicar de manera abierta estos algoritmos para que todo el mundo pueda evaluar su diseño? Uttamchandani matiza que no será del todo así, ya que lo que se busca son garantías que permitan a ambas partes (empleados y empresas) compaginar su trabajo de la forma más transparente posible.

“En principio, no parece que se pretenda obligar a las empresas a publicar abiertamente los algoritmos y/o códigos de sus sistemas basados en inteligencia artificial. No obstante, esto va a requerir mayor definición, sólidas garantías de confidencialidad y límites para salvaguardar el secreto empresarial de las plataformas”, concluye.

¿Cuáles son las profesiones y estudios relacionados con la tecnología con un mayor futuro?

La tecnología y los nuevos frentes que a diario se abren en el mundo digital (tan rápido que ni nos damos cuenta) representan una interesante oportunidad para todos aquellos que estén pensando en encontrar empleos demandados y de futuro, según se puede ver en el informe ‘El futuro del trabajo’ elaborado en 2020 por el Foro Económico Mundial.

En concreto, la investigación señala campos como la computación en la nube, el big data o el comercio electrónico. “Sin embargo, también ha aumentado considerablemente el interés por la encriptación, los robots no humanoides y la inteligencia artificial”, apunta el documento.

Antonio Pantoja Vallejo, profesor del departamento de Pedagogía de la Universidad de Jaén experto en orientación educativa, aclara que el ámbito tecnológico es en esencia “cambiante, pues debe adaptarse a las innovaciones que se producen continuamente”.

Por ello, recomienda a todo aquel estudiante que quiera adentrarse en un campo con futuro profesional que analice bien las características tanto de los grados como de los másteres. Los primeros, al ser más generales “tienen más dificultad para afrontar estos cambios, por lo que la formación especializada se obtiene en los másteres”.

“El grado estrella es la Ingeniería Informática, una titulación clásica que tiene un perfil muy competitivo y en la que el sector privado es el principal contratante. Hace poco necesité un ingeniero informático para un proyecto, y en mi misma universidad me dijeron que ellos mismos necesitaban un becario y que ningún alumno estaba interesado, pues nada más terminar se colocaban”, ejemplifica el profesor.

También hay que tener en cuenta que no todos los caminos acaban en la universidad, ni mucho menos. En el ámbito de la Formación Profesional hay dos titulaciones de grado superior que cada vez tienen más demanda en el mercado laboral: Desarrollo de Aplicaciones Multiplataforma y Desarrollo de Aplicaciones Web.

En el ámbito de los másteres, la decisión depende del grado que se haya cursado. La mayoría de estos estudios de posgrado están abiertos a una gran cantidad de perfiles. Por ejemplo, no es necesario haber estudiado Ingeniería Informática para entrar a ellos y recién titulados en Física o Matemáticas podrían abrirse camino en este tipo de especializaciones.

“En másteres existe una amplia oferta donde se aprecia que es internet y sus aplicaciones donde más demanda existe. Algunos ejemplos son Desarrollo de Aplicaciones y Servicios Web, Negocios Digitales o Inteligencia Artificial. Un tipo especial lo constituyen los estudios en big data, como pueden ser el ya citado Máster en Inteligencia Artificial (MIA) o Máster en Big Data & Analytics”, añade Pantoja.

También hace un repaso a las “carreras tecnológicas del futuro” en un post Sandra Lado, del departamento de Comunicación de la Universidad Isabel I. En el texto se citan dos campos que también tendrán una interesante demanda de empleo tanto en el presente como en el futuro. Se trata de la ciberseguridad y del desarrollo de videojuegos.

En el caso de la industria de los videojuegos, sus cifras siguen aumentando año a año, creciendo un 20% en 2020 hasta alcanzar un volumen de negocio de 175.000 millones de dólares, según explica este artículo de Meristation

Qué es la minería de bitcoin y cómo afecta al medio ambiente

Sobre bitcoin ya os hablamos largo y tendido en esta pieza, aunque en esta ocasión vamos a centrar el tiro en la minería. Así es como se llama al proceso por el cual se obtiene la criptomoneda y no, para ponerse a ello no es necesario tener un pico a mano ni bajar cientos de metros a una cueva subterránea: esta minería moderna ‘solo’ necesita de la potencia de numerosos ordenadores dedicados exclusivamente a esta tarea.

Debido al interés que genera el bitcoin y la gran cantidad de personas que se han instalado en el sector de manera profesional, ya te podemos adelantar una cosa: es prácticamente imposible que desde tu ordenador puedas poner a funcionar tu propia mina de bitcoins. 

El motivo está en el propio funcionamiento del sistema: el bitcoin no depende de ningún banco central que emita nuevas monedas o que revise las transacciones entre usuarios. Este proceso se hace de forma descentralizada a través de un sistema del que ya os hablamos anteriormente, el blockchain.

En resumen, las personas ofrecen el trabajo dedicado de sus ordenadores para comprobar que las transacciones de bitcoin se han realizado y se anota en una gran cadena que se actualiza constantemente. Para certificar este cambio de manos del bitcoin los ordenadores tienen que resolver complejas operaciones criptográficas y, quien lo haga más rápido, se lleva cierta cantidad de bitcoin como recompensa.

Ante el incremento del valor del bitcoin, muchas empresas y usuarios con grandes recursos han decidido invertir en complejos llenos de ordenadores que se dedican exclusivamente a esta tarea. Estos procesadores se ponen a resolver estos cálculos complejos a una velocidad altísima y, por tanto, los primeros en sellar estas transacciones son los mineros profesionales.

Por eso os comentábamos antes que, por mucho que dejes tu ordenador día y noche minando bitcoins, es practicante imposible que saques nada en claro.

Cristina Pérez Solà, profesora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) especializada en criptodivisas y protocolos seguros de blockchain nos explica de forma precisa cómo funciona este proceso:

“Cualquier usuario de la red puede ser un minero. Su trabajo consiste en validar las transacciones que se envı́an por la red P2P, incluyendo las válidas en nuevos bloques y descartando las inválidas. Se requiere que los bloques contengan una prueba de trabajo para ser considerados válidos. Dicha prueba de trabajo demuestra que el minero ha gastado un tiempo de computación en la generación del bloque, y está basada en las funciones hash. Esto evita que un minero malicioso pueda ‘reescribir la historia’ a su voluntad y generar una versión de la cadena de bloques acorde a sus preferencias”, sintetiza.

El boom del bitcoin y el gran interés que está despertando en inversores se ha traducido en un aumento de estos mineros profesionales, creando un problema que hace unos años no se podía imaginar: el de la contaminación.

¿Qué impacto medioambiental tiene la industria del bitcoin? Para ponernos en contexto podemos utilizar los datos del Centro de Alternativas Financieras de la Universidad de Cambridge. Según refleja su investigación sobre el bitcoin, la energía utilizada mundialmente para minar la criptomoneda es de 135,01 terawatio-hora al año. Más que la energía consumida anualmente por Argentina, Ucrania o Suecia, por citar tres ejemplos.

La mayoría de esta energía, según incide el centro universitario, proviene de fuentes no renovables, aunque todavía resulte muy difícil cuantificarlo de manera precisa. “Recientemente, estudios han demostrado un crecimiento en el origen renovable de la energía, tales como la hidráulica, la solar o la eólica. Sin embargo, las estimaciones varían enormemente, situando el consumo renovable desde un 20% hasta un 70%”, dependiendo del estudio que se consulte.

Lo cierto es que mientras el bitcoin siga subiendo de precio, más usuarios se centrarán en su minería y, por tanto, más cálculos serán necesarios para sellar las transacciones. Lo que generará un mayor consumo eléctrico entre los mineros.

A día de hoy, y aunque los datos no se pueden confirmar debido a la falta de un registro que permita situar todas las instalaciones de minería, la Universidad de Cambridge estima que las emisiones totales de dióxido de carbono relacionadas con el bitcoin “no superarían los 58 millones de toneladas de CO2, lo que correspondería aproximadamente al 0,17% de las emisiones totales del mundo”.

En este interesante mapa interactivo se puede ver cómo se distribuye geográficamente la minería de la criptomoneda. China se lleva la palma con más del 65% de los mineros de todo el mundo.

El problema de la huella de carbono que rodea al bitcoin también afecta a los NFT, de los que ya hablamos en el consultorio de la semana pasada y que también funcionan con tecnología blockchain. Para refrescarte la memoria: estos NFT son archivos digitales con identidad única y que estas últimas semanas están alcanzando precios desorbitados en diversas subastas. Obras de arte digital o el primer tuit de la historia son ejemplo de ello.

A raíz del boom de estos archivos han surgido varios proyectos como este, o este otro, que tratan de poner cifras al coste de mantener la identidad digital de una de estas cotizadas piezas. 

Según este análisis de más de 17.800 archivos NFT, la huella de carbono media de cada uno de ellos asciende a 215 kilos de CO2, “lo que equivale al consumo total de energía eléctrica de un ciudadano de la UE durante más de un mes, a conducir durante 1.000 kilómetros o volar durante 2 horas”.

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