Un post de Facebook ha empezado a circular alertando de que la nata para cocinar que se vende en Mercadona contiene “porquerías” y que hay alternativas “libres de tóxicos”. Es importante tener claro que no, este producto no contiene aditivos que sean tóxicos.

En ese post se enumeran algunos de esos supuestos ingredientes perjudiciales: mono y diglicéridos, celulosa, almidón modificado… Es comprensible que al leer una lista de este tipo nos inquietemos pensando que estamos ingiriendo sustancias químicas artificiales que puedan repercutir en nuestra salud. Pero se trata de un miedo injustificado provocado precisamente por contenidos de este tipo que nos hacen pensar que químico es equivalente a peligroso.

Vamos por partes. Para empezar, ni “químico” o “artificial” son equivalentes a “peligroso” o “insano”, ni “natural” significa “sano” o “saludable”. Hay sustancias naturales muy dañinas (el arsénico, por ejemplo) y sustancias artificiales indistinguibles de su versión natural (la insulina). En cuanto a “químico”, ese adjetivo solo describe una forma de analizar y describir un producto, desde la perspectiva de su composición química. De esa forma, todo es químico

En el caso de los aditivos alimentarios, hay que tener siempre claro que si se encuentran en el mercado y se utilizan en los alimentos es porque han pasado los controles de seguridad suficientes y por tanto su uso se considera seguro. 

En algunos casos, la legislación (en el caso Europeo procedente de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria o EFSA) impone una cantidad máxima para algunos aditivos. Esa cantidad se calcula a partir del nivel mínimo en el que se considera según las evidencias disponibles que puede causar algún problema para la salud. La cantidad máxima siempre está muy por debajo de ese nivel mínimo en el que puede causar algún problema. 

Por ese motivo, no es cierto que la nata de Mercadona (ni ningún otro producto que esté a la venta en ningún otro supermercado en España o en Europa) contenga aditivos tóxicos. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que un producto seguro no es lo mismo que un producto saludable. Obviamente, hay muchos productos a la venta que no son saludables, aunque sean seguros. Pero a la hora de considerar si un alimento es seguro o no, los aditivos no son el principal problema: los azúcares añadidos, las harinas procesadas o el contenido en sal tienen un impacto mucho mayor sobre nuestra salud. Un buen ejemplo es el caso del famoso turrón de lacasitos de Mercadona, del que ya hablamos aquí.

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Hay algunos detalles concretos de este post que creemos importante aclarar un poco más. Por un lado, se menciona la celulosa y se dice que “no es digerible por el ser humano”. Esto es cierto (sufre algunos cambios durante su paso por el tracto digestivo pero no es procesada ni absorbida por el cuerpo), pero no es algo perjudicial. La celulosa es un tipo de fibra alimentaria y cumple determinadas funciones fisiológicas que contribuyen a la correcta digestión de los alimentos precisamente porque recorre el intestino sin descomponerse en otras sustancias.

Tampoco es cierto que, como se dice en ese post, el almidón modificado suela ser transgénico. “Es obligatorio por ley poner que está modificado, pero no es transgénico. La modificación consiste casi siempre en un tratamiento térmico (a base de calor) para estabilizar el almidón y así homogeneizar sus propiedades”, nos explica Gemma del Caño, investigadora en I+D+i de la industria alimentaria.