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Maldita Ciencia
03/04/2019

La homosexualidad no es una enfermedad y no necesita cura: cómo la ciencia rectificó y dejó de considerarla como tal

De vez en cuando nos topamos con personas o instituciones que prometen de distintas formas "curar" la homosexualidad y otras orientaciones o identidades sexuales que se salen del modelo binario.

Más allá de las ideas religiosas o morales al respecto, hay que dejar claro que, científicamente, estas ideas no tienen ningún fundamento: hace décadas que la ciencia dejó de considerar la homosexualidad una enfermedad que necesite cura o tratamiento.

Su inclusión (y posterior salida) del manual más usado de diagnóstico psiquiátrico

En los años 50 y 60, debido a la influencia de ideas religiosas y morales, la homosexualidad sí se consideraba un trastorno psicológico o psiquiátrico que requería tratamiento por parte de un especialista.

En muchas ocasiones esos tratamientos consistían en terapias de aversión, en las que se mostraba a la persona supuestamente trastornada imágenes de personas de su mismo sexo desnudas y a la vez se le aplicaban descargas eléctricas o medicamentos para provocarles vómitos o náuseas. Después se les organizaban agradables citas con personas del sexo opuesto para asociar sensaciones agradables y así reforzar ese comportamiento supuestamente sano y natural.

Cuando la American Psichiatry Association (APA) publicó la primera edición de su Diagnostic and Statistic Manual (DSM), convertido en una de las principales guías de de medicina psiquiátrica en todo el mundo, la homosexualidad se encontraba entre los trastornos sexuales que recogía en ella, en consonancia con la postura mayoritaria de la época.

Pero en los años 70 esta postura comenzó a tambalearse hasta virar totalmente. Varios estudios ya habían comenzado a demostrar que las personas homosexuales eran indistinguibles de las heterosexuales en términos de funcionalidad y que no sufrían más traumas, problemas familiares o de identidad sexual. Sin embargo, fue la oleada de activismo en favor de los derechos de las personas homosexuales lo que terminó de provocar el cambio.

En 1973, la APA celebró una votación para decidir si eliminaba la homosexualidad como trastorno de la siguiente edición de su manual. Ganó la opción a favor, pero fue evidente la división existente sobre el tema, tal y como se cuenta en este reportaje de la Agencia Sinc para celebrar el 40 aniversario de esta decisión. Así que la homosexualidad dejó de considerarse un trastorno pero pasó a considerarse un desorden de la orientación sexual, susceptible de ser tratada cuando la persona no se sintiese a gusto con su orientación sexual.

No fue hasta 1987, 15 años después, cuando la homosexualidad desapareció completamente de este manual. La Organización Mundial de la Salud necesitó tres años más para eliminarla de su Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y otros Problemas de Salud, algo que ocurrió en 1990.

Más riesgo para su salud mental, pero no por su identidad sino por el entorno

Varios estudios e informes han mostrado que las personas homosexuales o con orientaciones o identidades sexuales no mayoritarias sufren padecen de media un mayor riesgo para su salud física y mental: problemas psiquiátricos como ansiedad o depresión, consumo de sustancias, ser víctimas de violencia física y sexual y suicidio.

El motivo es múltiple, pero se considera que la causa principal es la discriminación que sufren aun hoy estas personas incluso en los países supuestamente más avanzados que a su vez se manifiesta en más dificultades para acceder a la atención médica y psicológica que podría ayudarles.

Insistir en que la homosexualidad es una enfermedad que requiere una cura es una forma de promover esa discriminación sanitaria de las personas homosexuales, enmarcando sus problemas de salud en un problema inexistente asociado a su identidad en vez de atender sus necesidades médicas reales y darles el tratamiento que sí necesitan.

Otros bulos sobre la comunidad LGTBI que la ciencia ha desmentido

En este artículo ya os contamos algunos de los bulos que afectan a la comunidad LGTBI y que la ciencia ya ha desmentido, como la idea de que las personas bisexuales son más promiscuas (resultados científicos demuestran que sus impulsos sexuales son más o menos los mismos que los de las personas con otras orientaciones sexuales) o que todo lo que no es heterosexual es antinatural (se han observado en otras especies animales toda una variedad de comportamientos sexuales más allá de la heterosexualidad).

Uno de esos bulos es el de que las personas transexuales están enfermas, algo que, igual que la "enfermedad" homosexual, ha requerido décadas para ser desmentida. En este caso, no se consiguió hasta 2018 con la publicación por parte de la OMS de la ICD-11, la clasificación general de enfermedades, y en ella los trastornos de identidad de género pasan a llamarse disforia de género y se trasladan de la categoría de “trastorno de la personalidad y el conocimiento” a la de “condiciones relativas a la salud sexual”.

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