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Metales en los tampones: el estudio de 2024 que los detectó no concluye que estos supongan un problema para la salud y, a abril de 2026, no hay evidencias de ello

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En agosto de 2024 se publicó en la revista Environment International un estudio que, tras analizar la posible presencia de 16 metales y metaloides en tampones de 14 marcas diferentes (compradas en Nueva York, Grecia y Reino Unido), concluía que estas sustancias se habían detectado en todas ellas, incluyendo “concentraciones medias elevadas” de metales tóxicos como plomo, cadmio y arsénico. A pesar de haberse detectado, el estudio no investigó si los metales se filtran de los tampones ni si, de hacerlo, son absorbidos por la mucosa vaginal y alcanzan el resto del cuerpo a través de la sangre
Por lo tanto, como explicaron las expertas consultadas por Maldita.es, aún no se sabe si estas sustancias suponen un riesgo para la salud y, a abril de 2026, no hay evidencias de ello. Para ello, primero es necesario saber si se pueden liberar del material del tampón durante su uso normal y, si es así, si pueden atravesar la mucosa vaginal y distribuirse por el organismo. Las autoridades sanitarias, como la FDA, señalaron que hacía falta más investigación al respecto en el informe tras una revisión bibliográfica sistemática de la literatura sobre el tema. 

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7/11/24
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«Un equipo de científicos estadounidenses encuentran metales como arsénico o plomo en los tampones»

Un equipo de científicos estadounidenses encuentran metales como arsénico o plomo en los tampones https://hipertextual.com/2024/07/metales-tampones?s=09 https://www.instagram.com/reels/DXJe-ASDo6r/
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El estudio fue realizado por un equipo de investigadores de varias instituciones de Estados Unidos. Según sus autores, se trata del primer estudio que ha medido la presencia de metales en los tampones. Además de estos metales, también analizó materiales orgánicos (también conocidos como ecológicos) frente a no orgánicos usados en los tampones, donde encontraron la mayor variabilidad de concentraciones de metales: el plomo fue mayor en tampones no orgánicos pero el arsénico era más abundante en los tampones orgánicos analizados.

Lo que no sabemos todavía

El estudio no analizó el origen de estos metales, aunque lanzó varias hipótesis. Entre otras, que se debiese a la contaminación de las materias primas del tampón durante la producción o cultivo de cada uno de ellos, o que se hubiesen añadido intencionalmente durante la fabricación del tampón para impedir la proliferación de microbios, para controlar el olor o como lubricantes. El calcio y zinc, los dos metales hallados con mayor concentración, se usan a menudo para estos tres fines, según indicaba el artículo. También se usan metales como pigmentos en algunas partes del tampón.

A pesar de no saber las consecuencias que estos metales podrían tener en la salud al desconocerse si estos pueden realmente pasar a la sangre, sí hay evidencia de que el uso de tampones (mantenerlos durante demasiadas horas) puede provocar el síndrome de shock tóxico por la proliferación de bacterias estafilococos y las toxinas que producen al llegar al torrente sanguíneo tras atravesar la mucosa vaginal. Los autores, de hecho, señalaban la necesidad de estudios futuros que analicen la posible filtración de los metales y sean absorbidos por el cuerpo a través de la vagina.

Tampoco se conocen todavía los posible efectos en la salud, como señalaba a Maldita.es Blanca Laffon, catedrática de Psicobiología en el Centro Interdisciplinar de Química y Biología (CICA) de la Universidade da Coruña: “Aunque algunos de esos metales son potencialmente tóxicos, como el plomo, arsénico y cadmio, es necesario saber si se pueden liberar del material del tampón durante su uso normal y, si es así, si pueden atravesar la mucosa vaginal y distribuirse por el organismo antes de conocer su posible impacto en la salud humana”.

“Puede ser preocupante, pero hay que hacer más estudios para conocer si hay motivos objetivos de preocupación sobre efectos para la salud. Sí sabemos que esos metales son tóxicos si llegan a la sangre, pero no sabemos si esto ocurre en las usuarias de tampones. En la Unión Europea está regulada la presencia de los metales en los textiles, pero la absorción a través de la piel no tiene por qué ser igual que a través de la mucosa vaginal”, concluye Laffon.

Lo que dicen los expertos consultados

El resto de expertos consultados coinciden con lo explicado por Laffon. Myriam Catalá, profesora de Biología Celular en la Universidad Rey Juan Carlos y maldita que nos prestó sus superpoderes, destacaba a Maldita.es que, de haber riesgo para la salud por estos metales, habría que valorar si este sería significativo en el contexto vital de las usuarias: “Hay que tener en cuenta que el tabaquismo, las dietas pobres en vegetales o la contaminación del aire provocan exposiciones muy altas de las mismas sustancias encontradas en los tampones”.

Miguel Ángel Sogorb, profesor de Toxicología de la Universidad Miguel Hernández y maldito que nos prestó sus superpoderes, destacaba a Maldita.es que el estudio es “técnicamente impecable” y destacaba sobre estos productos que se utilizan por millones de mujeres a diario por lo que, si realmente la presencia de metales fuera un problema de salud, “ya hubiera dado la cara y se hubiera detectado en estudios epidemiológicos”, algo que  “no ha ocurrido”. Añadía que los tampones están pensados para absorber sustancias, no para liberarlas: “A priori, la liberación sería muy baja y también el riesgo”.

En cambio, el ginecólogo Alejandro Correa, señalaba la alta capacidad de absorción de la mucosa vaginal por ser muy permeable al tener muchos vasos sanguíneos que la irrigan y por sus muchos pliegues que aumentan la superficie de absorción. Correa añadía que lo que se absorbe por vía vaginal se incorpora directamente a la circulación sin pasar antes por el hígado, lo que implica que no es inicialmente desintoxicado y metabolizado que ocurre con la ingesta oral.

Algunas de las sustancias detectadas son oligoelementos que necesita el organismo en pequeñas cantidades, como el calcio, el cobalto, el selenio y el zinc. Aunque podrían llegar a ser tóxicos, “es difícil que se alcancen concentraciones suficientemente altas para ser un problema porque el organismo dispone de mecanismos de regulación”, concluía Miguel Ángel Sogorb.

Para Nicolás Olea, médico, coordinador del Grupo de Endocrinología y Medio Ambiente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición y catedrático del departamento de Radiología y Medicina Física de la Universidad de Granada, la obligatoriedad de demostrar el daño no es de las afectadas o sus médicos, sino que por el principio de precaución “son los proponentes del producto los que tienen que demostrar la inocuidad.

Para Myriam Catalá, estudios como este son importantes ”para conocer los riesgos ambientales a los que las personas del sexo femenino están expuestas de manera diferencial y que justifican, en parte, la carga de enfermedad diferencial, que está fuertemente impactada, a su vez, por los factores de riesgo asociados al género que se superponen a los factores de riesgo asociados al sexo”.

En este artículo han colaborado con sus superpoderes Myriam Catalá, profesora de Biología Celular en la Universidad Rey Juan Carlos, Miguel Angel Sogorb, profesor de Toxicología de la Universidad Miguel Hernández, y Alejandro Correa, ginecólogo.

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