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MALDITA CIENCIA

Por qué los abortos no siempre tienen secuelas en la salud física o mental

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Claves
  • Al hablar de aborto, hay que diferenciar entre los espontáneos y las interrupciones voluntarias del embarazo (IVE) 

  • Las IVE, cuando se producen en las condiciones sanitarias adecuadas, no tienen por qué dejar secuelas ni físicas ni psicológicas

  • Las consecuencias psicológicas que puede dejar tanto una IVE como  con seguir adelante con un embarazo no deseado dependen del caso y de las circunstancias personales y económicas

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En España, según datos de 2022 del Ministerio de Sanidad, se practican anualmente entre 90.000 y 100.000 interrupciones voluntarias del embarazo (IVE). Cifras que en los diez últimos años se traducen en una tasa de entre 11 y 12 abortos por cada 1.000 mujeres de entre 15 y 44 años. ¿Suponen estas intervenciones un riesgo para la salud física o mental de la madre? ¿Qué ocurre en el caso de seguir adelante con embarazos no deseados? Desde Maldita.es, hablamos con expertos y expertas tanto en ginecología y obstetricia como en salud mental. También os lo contamos en el podcast Abro Paraguas que puedes escuchar en Podimo.

No es lo mismo un  aborto espontáneo que una interrupción voluntaria del embarazo 

El aborto espontáneo o natural es la pérdida involuntaria del feto antes de la semana 20 de gestación. Ocurre naturalmente, la mayoría como consecuencia de problemas cromosómicos que hacen imposible el desarrollo del bebé, según MedlinePlus. Normalmente son resultado de errores casuales durante el crecimiento del embrión y están relacionados con condiciones heredadas de los padres.

El aborto inducido o provocado, sin embargo, es lo que se conoce como interrupción voluntaria del embarazo (IVE). Se realiza de forma premeditada y requiere de un equipo médico para evitar complicaciones. En España, según datos de 2022 del Ministerio de Sanidad, en el 91% de los casos el motivo por el que se lleva a cabo la IVE es “a petición de la mujer”, muy por encima de otros como posibles malformaciones o enfermedades en el feto o riesgos para la vida de la madre. 

Una IVE puede llevarse a cabo a través de fármacos (píldora abortiva) o de métodos quirúrgicos, que pueden requerir anestesia o sedación, control ecográfico y cuidados concretos dependiendo de la técnica con la que se realizaron. “A pesar de que existen indicaciones para cada procedimiento, es importante que sea el especialista quien determine el método más adecuado según las circunstancias individuales de cada embarazada”, recuerdan desde Clínica Isadora, hospital ginecológico acreditado para realizar IVEs.

Interrumpir un embarazo de forma voluntaria no tiene por qué dejar secuelas físicas 

Existen narrativas que afirman que las interrupciones voluntarias del embarazo siempre conllevan consecuencias físicas negativas en la mujer. Esto no es cierto. De hecho, se trata de un procedimiento que, si se realiza de forma correcta, es sencillo y seguro. 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una IVE es “una intervención sencilla que pueden practicar una amplia gama de trabajadores de la salud”. Eso sí, es imprescindible información, medicamentos de calidad y el apoyo de profesionales de la salud cualificados

Como en cualquier procedimiento médico, existe la posibilidad de que ocurran ciertas complicaciones. En este caso, hablamos de un aborto incompleto, de sangrado abundante, de infecciones y de daños en el útero y otros órganos, pero son muy poco comunes y normalmente suceden a raíz de abortos no seguros, cuando la mujer no encuentra facilidades para interrumpir el embarazo y busca por sí sola formas para hacerlo. Desde Médicos Sin Fronteras recuerdan que “si no le es posible acceder a un aborto en condiciones médicas seguras, la mujer puede incluso arriesga la vida para interrumpir el embarazo”.

Una IVE, ¿es especialmente peligrosa para la salud de niñas o adolescentes embarazadas? 

Dependiendo de las circunstancias y de la edad y el desarrollo físico en cada caso, que una menor siga adelante con un embarazo puede ser mucho más peligroso que pasar por una IVE. Cada caso puede ser diferente, pero si hablamos de niñas con un desarrollo normal y un peso mayor de 50 kilos, más o menos, el riesgo es pequeño y menor al de proseguir un embarazo, según explica a Maldita.es Vicent Carmona, ginecólogo y maldito que nos ha prestado sus superpoderes.

El motivo es que el cuerpo de una niña no está listo fisiológicamente para dar a luz a un bebé. Según la OMS, las madres de 10 a 19 años sufren mayor riesgo para su salud que las que tienen entre 20 y 24 años. En el caso de los bebés, los nacidos de madres adolescentes tienen un mayor riesgo de bajo peso al nacer, nacimiento prematuro y afecciones neonatales graves.

Además, debemos tener en cuenta el contexto en el que se dan estos embarazos. “El embarazo en la adolescencia es un fenómeno mundial con causas claramente conocidas y graves consecuencias sanitarias, sociales y económicas [...] El matrimonio infantil y el abuso sexual de niñas ponen a estas últimas en mayor riesgo de embarazo, a menudo no deseado”, recuerda la OMS.

Las interrupciones voluntarias del embarazo no tiene por qué dejar secuelas psicológicas

Hay casos en los que la decisión de interrumpir un embarazo, aun siendo voluntaria, se relaciona con secuelas psicológicas. Como explica a Maldita.es la psicóloga Elena Herráez, la pérdida del feto, voluntaria o no, no suele estar reconocida socialmente, “lo que implica afrontar un duelo que se vive como ‘desautorizado’”: “Esto puede suponer una sensación de aislamiento y soledad, además de la tendencia a la represión emocional”, especialmente si las opiniones sobre el aborto en el entorno son negativas. 

Sin embargo, no hay evidencia de que esto suceda ni a largo plazo ni por necesidad. La culpa y el dolor no son sentimientos que se den siempre tras un aborto ni son los únicos posibles. 

“Hay tantas interrupciones como mujeres y circunstancias. Si generalizamos, estamos banalizando”. Esta es la premisa básica con la que se deben abordar las IVE, según indicaba a Maldita.es Isabel Silva Reus, miembro de la Junta Directiva y vocal de la Sociedad Española de Contracepción (SEC). Los motivos que pueden llevar a una persona a decidir interrumpir voluntariamente su embarazo son diversos y dependen, entre otros, de las circunstancias personales, sociales, familiares o económicas. De ahí que el impacto emocional también varíe. 

Una interrupción voluntaria del embarazo puede dejar huella, pero también puede no dejarla. Además, que haya impacto psicológico no significa que este impacto vaya a ser un trauma, como recordaba a Maldita.es Ana Ramírez de Ocáriz Sorolla, sexóloga en el Centro Sexológico Emaize.

Aunque se ha llegado a hablar de un síndrome post aborto, muchos estudios cuestionan su existencia por falta de evidencias de que se produzca cuando el acceso y el tratamiento sanitario son los adecuados. Los estudios que hablan de este síndrome o tienen errores importantes en su metodología o no son concluyentes sobre la gravedad, el número de mujeres en riesgo, su estado de salud mental previo… Es decir, hacen falta más estudios sobre el tema. 

¿Seguir adelante con un embarazo no deseado puede tener consecuencias psicológicas? 

De nuevo, no existe una respuesta única general: hay que tener en cuenta la motivación de la persona para tomar esta decisión. “Hay casos, por ejemplo, en los que no se planeaba un embarazo en ese momento, pero sí a medio largo plazo, cuando la persona estuviera preparada económicamente para ello. Hay otros, sin embargo, en los que se toma la decisión por miedo al rechazo o por evitar un estigma social, sobre todo cuando las creencias y los propios principios van en contra”, recuerda Herráez. 

También subraya la importancia de tomar la decisión libremente. Si no es así, un embarazo no deseado va a ser vivido como un evento estresante ligado a reacciones de ansiedad y depresión y que está muy relacionado con la depresión posparto una vez se produce el nacimiento. 

En este artículo ha colaborado con sus superpoderes el maldito Vicent Carmona, ginecólogo. 

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