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MALDITA CIENCIA

¿Por qué hay veces en las que nos atragantamos con nuestra propia saliva?

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Literatura científica

Es el momento de que nuestra atención recaiga sobre ella, la culpable de esa almohada húmeda a mitad de la noche, de que tu boca rebose al plantarte frente a una delicatessen culinaria y esa fiel aliada de la limpieza bucal: la saliva. Aparentemente inofensiva, puede que alguna vez te haya puesto en un aprieto, al ser el motivo de esa especie de ‘autoatragantamiento’ repentino, aparentemente sin ton ni son. En este sentido, ¿hay gente más propensa a sufrir situaciones similares? ¿A qué se debe este atragantamiento Juan Palomo (yo me lo guiso, yo me lo como)? 

Aunque sepamos perfectamente a qué nos referimos al hacer referencia a la palabra ‘saliva’, recordamos que se trata del líquido producido por las glándulas salivales, cuya función es ayudar en el proceso de digestión y en la desaparición de parte de las bacterias bucales que los alimentos dejan en nuestros dientes y alrededores al comer. 

Es cierto que normalmente percibimos que la cantidad de saliva en nuestra boca no es excesiva (vamos, que si tuviéramos que medirla sería en mililitros), el cuerpo produce alrededor de 1 a 2 litros de saliva diarios; la mayor parte de los cuales, eso sí, solemos tragar sin darnos cuenta. “Pero a veces la saliva no fluye fácilmente por la garganta y puede causar atragantamientos”, señala el medio especializado en salud Healthline.  

Reconocerás el incómodo momento por las arcadas y la tos sin haber bebido ni comido nada en ese momento. En ocasiones, estas pueden venir acompañadas por falta de aire y dificultad para respirar o hablar. 

Para entenderlo, debemos mencionar un órgano, la tráquea, el conducto que se sitúa justo al lado del esófago, por el que viaja la comida desde la boca al estómago. La encargada de evitar que inhalemos alimentos, saliva y agua (y que estos discurran, como está estipulado, por el estómago) es la epiglotis, un pequeño cartílago situado en la tráquea que funciona como su ‘tapa’ particular. Sin embargo, a veces no consigue ‘cerrarla’ completamente, lo que puede hacer que una persona ‘inhale’, entre otras cosas, su propia saliva.

Es por ello por lo que existe mayor posibilidad de esto ocurra cuando hablamos mientras tragamos, ya que, para hablar, se necesita aire, por lo que la epiglotis no puede cerrar completamente la tráquea cuando una persona habla.

¿Cuándo puede o hay más probabilidades de que ocurra? Cuando los músculos involucrados en el trayecto de los alimentos desde la boca hasta el estómago (deglución) se debilitan o dejan de funcionar correctamente debido a otros problemas de salud.

Entre los más comunes se encuentra la disfagia, la dificultad para tragar que entorpece que despejemos las vías respiratorias al tragar saliva y otras sustancias que secretan las vías respiratorias. 

Aunque normalmente los atragantamientos con nuestra propia saliva no son motivo de preocupación y no suponen más que un mero accidente (al fin y al cabo es un líquido, como el resto que se nos pueden ir ‘por el otro lado’), si ocurre habitualmente puede que sea consecuencia de ciertos problemas de salud (reflujo ácido, acumulación de saliva durante el sueño, lesiones en la garganta, trastornos neurológicos como la enfermedad de Lou Gehrig y Parkinson, alergias o problemas respiratorios…). 

También de situaciones concretas, como llevar una dentadura postiza mal ajustada, consumir alcohol en exceso, hablar mucho o hipersalivar (por el embarazo, por determinados fármacos…).

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