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MALDITA CIENCIA

Lo que aprendimos de la erradicación de la viruela para terminar con otras enfermedades

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Literatura científica
Fuentes oficiales (comunicados, bases de datos, BOE)

El 9 de diciembre de 1979 una comisión internacional creada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) certificó que la viruela había sido erradicada. Esto quiere decir que esta enfermedad causada por el Variola virus, grave, con una elevada tasa de mortalidad y que acabó con la vida de 300 millones de personas en el siglo XX, había dejado de existir. 

Esta gesta histórica, que se ratificó en la 33ª Asamblea Mundial de la Salud de 1980, supuso la primera enfermedad erradicada de la historia gracias a un esfuerzo conjunto y consciente de personas y países. Es, además, la única enfermedad humana erradicada hasta la fecha, ya que la otra enfermedad que la humanidad ha conseguido erradicar es la peste bovina, una afección de alta letalidad que afectaba principalmente a bovinos y búfalos.

A pesar de que la viruela convivió con los humanos desde poblaciones muy antiguas y se consideró como una enfermedad endémica en países de Asia y África, el programa mundial para la erradicación de la viruela cumplió con su propósito y se diagnosticó el último caso de transmisión natural en Somalia en 1977 y la última muerte por viruela en 1978

Extracto de las actas de la 33ª Asamblea Mundial de la Salud, en 1980, cuando se declaró la erradicación de la viruela. | Fuente: Organización Mundial de la Salud

Existen enfermedades que en su día causaron muchos estragos y que, actualmente, gracias a la investigación y comercialización de sus vacunas y tratamientos y a campañas de salud pública, tienen una incidencia muy, muy pequeña y están próximas a su erradicación. ¿Cuáles son? ¿Qué falta para lograr su punto y final? Y por otro lado, ¿qué hace falta que se cumpla para que una enfermedad se considere como erradicada?

Los criterios para dar una enfermedad como erradicable y erradicada

El libro La viruela y su erradicación, editado por la OMS en 1988, incluye un capítulo dedicado específicamente a explicar cómo se certificó la erradicación de esta enfermedad. Para este caso, el documento reconoce que la eliminación de este patógeno era posible “porque el virus no tenía un reservorio animal, las infecciones asintomáticas eran raras y estas no daban lugar a una transmisión posterior y las infecciones latentes (algunos virus tienen la capacidad de permanecer como durmientes o inactivos) no ocurrían”. Esto quiere decir que, aunque en teoría todas las enfermedades transmisibles podrían erradicarse, en la práctica deben cumplirse unos criterios muy estrechos para que sea posible acabar con la existencia de un patógeno.

Este artículo de Our World in Data, elaborado por investigadoras en análisis de datos, salud pública y enfermedades infecciosas, dan las claves para que una enfermedad pueda considerarse como erradicable: tiene que ser una enfermedad infecciosa que se pueda transmitir de otros humanos o animales (por lo que podría descartarse la obesidad, la diabetes o el cáncer) y existen medios para prevenir o curar la infección (por lo que también pueden descartarse enfermedades para las que aún no existe una vacuna, como es por el momento el VIH/sida).

Las investigadoras apuntan también otros criterios complementarios que hacen posible la erradicación: que el número de patógenos (virus o bacterias diferentes) que causa la enfermedad sea bajo, que tenga pocas especies húespedes (a ser posible, que solo haya una), que los síntomas sean claramente identificables, que las personas que se hayan infectado tengan facilidad para indicar su caso (esto es, que la enfermedad no conlleve un estigma social), que existan casos de éxito de erradicación a pequeña escala (como una comunidad o región) y que exista un apoyo político y económico a erradicar la enfermedad. Parte de estos criterios los comparte el Grupo de Trabajo Internacional para la Erradicación de Enfermedades del Centro Carter.

Así, la OMS fijó dos definiciones de erradicación de la viruela: una desde el punto de vista de las campañas de vacunación (desde 1962), y otra desde la óptica de la interrupción de la transmisión de la enfermedad (desde 1968 hasta 1980). La primera era muy clara: “un país puede considerar la enfermedad como erradicada cuando no se produzcan nuevos casos de viruela durante los tres años después de concluir el programa de vacunación”. La segunda era más corta, pero más compleja: “la erradicación de la viruela se define como la eliminación de la enfermedad clínica causada por el Variola virus”. Esto se refería, en el caso concreto de la viruela —que se transmitía en cadena de persona a persona sin que exista otro reservorio animal ni cuadros asintomáticos— a que “la ausencia de casos clínicos visibles supone la ausencia de la viruela”.

Dependiendo de las características de la enfermedad y del patógeno que la causa, los agentes implicados en la erradicación (la propia OMS, los centros de control y prevención de enfermedades, los organismos de salud regionales y nacionales, etcétera) pueden plantear diferentes estrategias. 

El documento de la OMS sobre enfermedades tropicales desatendidas plantea la erradicación como uno de los pasos de una cadena para que una enfermedad deje de ser un problema de salud pública. También hay que alcanzar el control de la enfermedad (“reducir la incidencia, la morbilidad y/o la mortalidad a unos niveles aceptables”), la eliminación de la transmisión (“alcanzar la incidencia cero y con un riesgo mínimo de reintroducción de la enfermedad”), la eliminación del problema de salud pública (“alcanzar los objetivos concretos de la OMS”) y erradicación (“reducción permanente a cero de un patógeno específico, como resultado de la acción deliberada, sin riesgo de reintroducción”). Como curiosidad, existe un paso más allá de la erradicación de la enfermedad: la extinción, que supone eliminar el patógeno en todas sus formas, tanto en la naturaleza como en laboratorio.

Enfermedades próximas a su erradicación

A día de hoy existen unas pocas enfermedades que cumplen todos los criterios para ser  erradicadas, para las que hay un esfuerzo internacional y que están próximas a alcanzar la incidencia cero mantenida en el tiempo y sin posibilidad de reintroducción: la poliomielitis, la dracunlosis, la elefantiasis, las enfermedades de las que protege la vacuna triple vírica (sarampión, paperas y rubeóla) y la cistercosis.

El esfuerzo para eliminar la poliomielitis, una enfermedad grave, que afecta principalmente a niñas y niños y para la que existe vacuna, se vertebra a través de la Iniciativa Global para la Erradicación de la Polio, que actúa principalmente en dos países (Pakistán y Afganistán) donde aún se considera endémica (y que la transmisión de la enfermedad no se ha interrumpido), 26 países donde han existido reinfecciones y cinco países en riesgo de que la polio vuelva a ser un problema de salud (por bajos índices de vacunación o pocos esfuerzos de vigilancia epidemiológica). Justo en 2020 esta iniciativa global felicitó a la región de África de la OMS después de permanecer cuatro años sin ningún caso de poliomielitis salvaje.

La dranculosis es una enfermedad parasitaria invalidante causada por el gusano de Guinea  y para la que no existe una vacuna. A pesar de esto, es posible tratar la enfermedad y vigilarla en aquellas zonas en riesgo (comunidades rurales, desfavorecidas y aisladas que dependen de agua contaminada para beber). Mientras que la situación era endémica en 20 países a mediados de los 80, en 2019 se notificaron tan solo 54 casos en todo el mundo y la OMS reconoce que está cerca de ser erradicada. Para lograr esto, los países deben haber notificado cero transmisiones y haber mantenido una vigilancia activa durante tres años consecutivos.

Las paperas, el sarampión y la rubéola son tres enfermedades virales para las que existe una vacuna y en la que los humanos son el único reservorio del patógeno, por lo que son un buen ejemplo de enfermedades erradicables. A pesar de que, tanto en teoría como en la práctica son enfermedades eliminables y que se han conseguido erradicar en países y regiones, las cifras de incidencia están lejos de este objetivo: en 2020 se reportaron 149.796 nuevos casos de sarampión en todo el mundo, 267.940 casos de paperas y 10.194 de rubéola.

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