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La diabetes: qué es, cuántos tipos hay y qué favorece su aparición

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Cada 14 de noviembre se conmemora el Día Mundial de la Diabetes, una jornada creada en 1991 por la Federación Internacional de Diabetes —y elevado a día oficial de Naciones Unidas en 2006— para concienciar a la población sobre este trastorno metabólico y todo lo que le rodea: las causas, los síntomas, las complicaciones, los tratamientos, el diagnóstico, la atención sanitaria y cómo es vivir con diabetes. Se escogió este día por ser el aniversario del nacimiento de Frederick Banting, médico e investigador canadiense y descubridor de la insulina junto con Charles Best.

La insulina es una hormona del aparato digestivo que tiene el objetivo de facilitar que la glucosa (el azúcar en sangre) entre en las células del organismo y este se pueda aprovechar como energía. Descubrir esta hormona resultó esencial para conocer cómo pueden tratarse o revertir los síntomas de la diabetes (este fue su artículo científico en el que lo explicaron, en 1922) y permitió a los pacientes tener una vida más longeva y de mejor calidad, ya que hasta entonces el único tratamiento disponible era una dieta alta en proteínas y grasa y baja en hidratos de carbono combinado con ejercicio.

En Maldita.es hemos desmentido bulos y mitos que quizás hayas escuchado sobre la diabetes; los efectos de consumir azúcar a corto, medio y largo plazo y su impacto en este problema de salud; y cómo afecta la COVID-19 a los pacientes con diabetes.

Qué es exactamente la diabetes 

Carlos Ortega, médico de familia jubilado, especialista en diabetes y uno de los autores del Plan Integral de Diabetes de Andalucía, resume a Maldita.es que la diabetes mellitus es, en palabras sencillas, “una serie de trastornos metabólicos en los que la glucosa en sangre está alta y permanece en estos valores elevados”. Estos trastornos pueden aparecer porque el páncreas no produce suficiente insulina o cuando el organismo no la usa correctamente. Mantener unos niveles elevados de glucosa va provocando una serie de daños en todo el organismo, en sus tejidos, órganos y vasos sanguíneos, aunque hay órganos que se ven más afectados como son los ojos o los riñones.

Sin el diagnóstico y tratamiento adecuado, la diabetes puede tener repercusiones graves en la salud. Por ejemplo, los adultos con diabetes tienen el doble de riesgo de presentar problemas cardiovasculares respecto a la población sin este trastorno —estas patologías son las que más mortalidad causan en el mundo, como explicamos en este artículo—, tienen más riesgo de presentar úlceras e infecciones, en casos graves pueden requerir amputaciones debido a la reducción paulatina del flujo sanguíneo, pueden derivar en lesiones en los capilares de la retina del ojo y causar ceguera, y pueden terminar sufriendo serios problemas renales.

Según recoge la OMS, en 2019 la diabetes causó de forma directa 1,5 millones de muertes en nuestro planeta. Esto es, sin contar las complicaciones clínicas que derivan de padecer este trastorno metabólico como enfermedades cardiacas, insuficiencia renal crónica o enfermedades que afectan al control de la glucemia como la tuberculosis.

Tipos de diabetes

Existen principalmente dos clases de diabetes: la tipo I y la tipo II.

La diabetes tipo I, como explica Ortega, ocurre cuando el organismo no genera insulina (o si lo hace, es en una cantidad insuficiente). No se conoce exactamente por qué aparece, pero sí se sabe que existen factores genéticos, inmunitarios y ambientales que predisponen a tener el trastorno. Es más común desarrollarla antes de los 30 años y sus pacientes tienen una dependencia de la insulina, por lo que necesitan administrársela.

La tipo II, la mayoritaria en el mundo, ocurre cuando el organismo desarrolla una resistencia mayor a la insulina. El factor principal que favorece su aparición es el estilo de vida (una ingesta excesiva de alimentos, dieta poco saludable, sobrepeso, obesidad, tabaquismo y poca actividad física), aunque el factor hereditario también importa. Es más frecuente desarrollarla después de los 30 años y no siempre obliga al paciente a administrarse insulina ya que existen otros tratamientos disponibles, aunque sí puede ser necesario en algunos casos.

Existen otros tipos de diabetes con menos prevalencia que las anteriores, como la gestacional, que aparece en el embarazo y que afecta a cómo las células emplean la glucosa durante la gestación; la MODY, con características similares a la tipo II pero en población más joven y asociada a alteraciones genéticas; o la prediabetes, cuando los niveles de glucosa en sangre son más altos de lo normal y empiezan a generar daños en el organismo, pero no lo suficientemente elevados como para dar un diagnóstico de diabetes.

La diabetes no se puede curar, pero se puede tratar y es posible prevenirla y retrasarla...

La diabetes es una enfermedad crónica (excepto en el caso de la diabetes gestacional). Esto quiere decir que, a día de hoy, no existe una cura para revertir la diabetes, aunque diversos grupos de investigación científica trabajan para encontrarla (puedes leer más sobre esto en SINC y en El País). Pero sí se puede tratar, convivir con ella limitando sus repercusiones en la salud y, en muchos casos, prevenir o retrasar su aparición.

Tanto Ortega como la OMS coinciden en que se pueden tomar medidas para alejar el riesgo de diabetes y tratarla si ya está diagnosticada. Estas pasan por tener una vida más activa y con más ejercicio, evitar el consumo de alcohol y tabaco, controlar el peso corporal para evitar el sobrepreso y obesidad, y mantener una dieta saludable que limite la ingesta de azúcares añadidos, carnes rojas y procesadas y grasas poco saludables.

...pero también hay que tener en cuenta los determinantes sociales de la diabetes

El contexto socioeconómico, la educación recibida, las desigualdades de clase y de género son determinantes sociales: circunstancias que las personas no escogemos y que condicionan nuestra salud y vida. Como en muchas otras enfermedades, la diabetes tipo II no está condicionada únicamente por conductas individuales, sino por las situaciones del entorno que predisponen a tener un mayor riesgo de sufrir este trastorno.

Esta revisión publicada en 2014 (artículo científico que explora en profundidad un tema) investiga los determinantes sociales asociados a tener obesidad y diabetes tipo II en México. En él, los autores apuntan a que estos problemas de salud se mezclan factores biológicos, “como el componente genético o la distribución de la grasa corporal”, con los determinantes sociales “propios de la industrialización, urbanización y globalización, que han propiciado cambios en la forma de vida, la alimentación y la actividad física”.

Una muestra de esto son los determinantes vinculados a la posibilidad de hacer ejercicio: "No puede ignorarse la influencia que desempeñan la falta de espacios recreativos, de áreas verdes, y de impulso a las actividades deportivas en las escuelas, así como la inseguridad pública", señalaban los autores del estudio. A esto se le suma el hecho de tratar el cuidado de la salud física "como mercancía, que se adquiere con la inscripción a centros deportivos, clubes, gimnasios, junto con toda una industria, que desarrolla calzado, ropa deportiva, aparatos para ejercicio en casa y suplementos alimenticios".

Este artículo de 2009 valora la relación entre prevalencia de obesidad y diabetes tipo II en Andalucía con la inestabilidad económica. Así, concluye que las dificultades para llegar a final de mes favorecen la obesidad y la aparición de esta diabetes, especialmente en mujeres.

Por último, esta investigación de 2000 que emplea datos de 287.000 personas, concluye que existe una asociación entre una peor capacidad económica y una mayor prevalencia de diabetes tipo II.

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