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¿Es posible acabar con la pandemia de VIH/sida para el año 2030? Qué se está haciendo bien y qué podría mejorar

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Cada 1 de diciembre se celebra el Día Mundial de la Lucha contra el Sida, una jornada en la que se quiere mostrar un apoyo unánime a todas las personas que conviven con el VIH, recordar a quienes han fallecido por enfermedades relacionadas con el sida y difundir los avances científicos en la prevención y tratamiento del VIH. En la Maldita Twitchería del pasado 29 de noviembre hicimos un repaso de qué es el VIH y qué es el sida y por qué no son términos intercambiables, cómo va la investigación científica hacia mejores tratamientos, cómo es el acompañamiento médico de las personas con VIH y en qué estado se encuentra el desarrollo de una vacuna efectiva contra este virus.

Más allá de los actos del 1 de diciembre, esta fecha también sirve para recordar que existe un esfuerzo mundial liderado por ONUSIDA —un programa de Naciones Unidas destinado a coordinar las acciones contra el VIH/sida—, para poner fin a esta pandemia como amenaza para la salud pública para el año 2030. Esto va en la línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, concretamente el 3.3, en el que todos los estados miembros de la ONU asumían el reto de poner fin a epidemias de enfermedades transmisibles como tuberculosis, malaria, enfermedades tropicales desatendidas y el sida

Ahora bien, ¿es posible alcanzar esta meta en todo el mundo? ¿Son necesarias herramientas que aún no tenemos disponibles, como una vacuna o una cura definitiva? Y por último, ¿cómo ha impactado la pandemia de covid-19 a la pandemia de VIH/sida

Los tratamientos antirretrovirales, la clave para cortar la pandemia

Josep Mallolas, jefe de la unidad VIH/sida del Hospital Clínic de Barcelona, resume a Maldita.es que la estrategia de ONUSIDA “es sencilla de entender, pero bastante más compleja de llevar a cabo”: Si los sistemas de salud son capaces de detectar a todas las personas que tienen el VIH, estas personas recibirán un tratamiento que les previene de desarrollar el sida y evita que puedan transmitirlo a otras personas, e idealmente acabarán falleciendo con el VIH a los 80 o 90 años por otras causas, pero no por el VIH y sus complicaciones. “Si esto lo consiguiéramos, simplemente controlaríamos la epidemia”.

El tratamiento al que Mallolas hace referencia es la terapia antirretroviral (también llamada TAR), una combinación de medicamentos de uso diario. Según explica a Maldita.es Robert Güerri, jefe de sección de la unidad VIH del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital del Mar, lo que consigue el TAR es “bloquear la actividad del virus a diferentes niveles de su ciclo de vida, de tal manera que el virus sea incapaz de replicarse ni podamos encontrar rastro de él en la sangre o en los fluidos de potencial transmisión (semen, líquido preseminal, secreciones rectales y vaginales y leche materna)”. Y si no se detecta el virus en estos líquidos corporales, la persona con VIH no puede transmitir el virus.

Ciclo de vida del VIH. En rojo se detalla cómo actúa la terapia antirretroviral. Fuente: HIVinfo.

Pero para lograr esto es vital la adherencia al tratamiento porque, si se abandona, el virus será detectable y seguirá causando daño al organismo, al tiempo que aumenta el riesgo de desarrollar sida. Esto se debe a la característica “única” de los retrovirus como el VIH, “que tienen la capacidad de meterse en nuestro genoma y pasan a formar parte de las células para siempre”, señala a Maldita.es Julia García-Prado, investigadora principal de escape inmunitario y vacunas del instituto de investigación del sida IrsiCaixa.

Por todo esto, la terapia antirretroviral es clave para cortar el ciclo epidemiológico del VIH/sida. La campaña 90-90-90 (90% de personas con VIH que conozcan su estado serológico, 90% de personas que sepan que tienen VIH en tratamiento y 90% de personas en tratamiento tengan una carga vírica indetectable) fijaba una serie de objetivos para frenar esta pandemia para el año 2020 y ya colocaba el TAR en el centro. Una vez concluida esta campaña, ONUSIDA reconoció que, a pesar de no alcanzar las metas deseadas, hubo “éxitos destacables”, como que el 67% de las personas con VIH (25,4 millones de personas de las 38 millones que se estima que tienen el virus) estaba siguiendo un tratamiento contra el virus, “una cifra que se ha más que triplicado desde 2010”.

Después de llegar al año 2020 sin lograr los objetivos deseados de 90-90-90, la Estrategia mundial contra el sida 2021-2026 es la nueva hoja de ruta, enfocada esta vez a señalar y atajar las desigualdades en el acceso al diagnóstico y tratamiento en todo el mundo y en poblaciones vulnerables: adolescentes, trabajadoras y trabajadores del sexo, personas que se inyectan drogas, personas en entornos penitenciarios, hombres que tienen sexo con hombres y personas transgénero.

En este sentido, Mallolas destaca aquí el papel de las estrategias con profilaxis preexposición (PrEP): una serie de medicamentos bien tolerados y dirigidos a personas que pueden tener conductas de riesgo de infección por VIH que evitan que el virus entre en el organismo. “Esto es algo que hace dos años que funciona en nuestro país y que ha incluido a más de 9.000 usuarios (9.092, según el último informe del Ministerio de Sanidad) a los que se les da esta medicación y se les hace un seguimiento estricto, incluso con soporte psicológico y asistencia social”.

Si se alcanzan los objetivos de la estrategia 2021-2026, ONUSIDA cifra que el número de personas que contraen el VIH disminuirá de 1,7 millones en 2019 a menos de 370.000 en 2025, y el número de personas que mueren por enfermedades relacionadas bajará de 690.000 en 2019 a menos de 250.000.

Lo que se está haciendo bien: bajada de muertes relacionadas por sida y del coste del tratamiento antirretroviral

En una perspectiva científica publicada en noviembre de 2020 en el International Journal of Infectious Diseases, los autores valoran diferentes indicadores (nuevas infecciones, muertes relacionadas con el sida y adherencia a objetivos de campaña 90-90-90, todo ello con datos hasta 2018) señalados como clave para poner fin a la pandemia de VIH/sida. De estos, destacan que las cifras de muertes relacionadas con el sida están descendiendo a buen nivel para llegar bien a 2030, aunque reconocen que este progreso es desigual según la región que se analice.

Por ejemplo, las muertes en el este y sur de África han descendido un 44% entre 2010 y 2018, cuando se esperaba que en este periodo bajaran un 36%, recogen los investigadores. Otras regiones del mundo con bajadas notorias son Asia y Pacífico (24%) y Europa central y occidental y Norteamérica (35%). Por el contrario, la única región que sufrió un aumento en las muertes relacionadas con el sida es Oriente Medio y Norte de África, donde subió un 9%.

Globalmente, ONUSIDA señala que en 2020, alrededor de 680.000 personas murieron de enfermedades relacionadas con el sida, frente a los 1,9 millones de 2004 y los 1,3 millones de 2010. La mortalidad por sida ha disminuido un 53% entre mujeres y niñas y un 41% entre hombres y niños desde 2010.

Los autores destacan que hay países donde el objetivo de acabar con el sida (no con el VIH) se ha logrado de manera virtual. Es el caso de Australia, donde el número de personas diagnosticadas en esta etapa avanzada de la infección es ínfimo, con el ejemplo de la región de Queensland, donde el sida ya no es una enfermedad de declaración obligatoria por los profesionales sanitarios. Pese a todo, el país pacífico sigue considerando al VIH como un riesgo para la salud pública y reporta unos 1.000 nuevos casos de VIH al año.

Otro de los logros a destacar es el descenso “considerable” del coste de los medicamentos antirretrovirales: ONUSIDA indica que estos tratamientos comenzaron costando 14.000 dólares por persona y año en los países de renta alta en 1990, pasaron a estar a cerca de 1.200 dólares al año en los países de renta media y baja en 2003, hasta bajar a los 100 dólares por persona y año que costaba el precio de este tratamiento en África subsahariana en 2018. A pesar de las buenas noticias, el organismo internacional considera que sigue habiendo margen para reducir los precios y critica la diferencia de precios en los TAR de primera y segunda línea. Los tratamientos de segunda línea se emplean en pacientes en los que el tratamiento inicial (de primera línea) ha fracasado.

Precio medio por persona y año de la terapia antirretroviral de primera y segunda línea, según la región. Fuente: ONUSIDA.

Lo que falta por hacer: el número de nuevas infecciones no baja como se espera

A pesar de que cada vez menos personas se infectan de VIH cada año (en 1997 se detectaban 3 millones de nuevos casos al año, mientras que en 2020 esta cifra llegó a las 1,5 millones, según ONUSIDA), este descenso no está bajando a un ritmo óptimo de cara a 2030, según expone la perspectiva del International Journal of Infectious Diseases: en el periodo 2010-2018, el número de nuevas infecciones debería haber bajado un 36% en todo el mundo, cuando solo ha logrado un 19%.

Al igual que en la reducción de muertes, este indicador es desigual entre regiones, con la diferencia que ninguna ha alcanzado los objetivos deseados. África subsahariana y oriental es la región que más ha logrado descender el porcentaje de nuevos casos (-27,3%), en contraste con Oriente Medio y norte de África (+12,5%) o Europa del este y Asia central (+25%), donde las infecciones han aumentado. A su vez, reconoce que existen grupos vulnerables donde la incidencia del VIH preocupa, como es el caso de mujeres del sur de África y personas que se inyectan drogas en Europa del este.

En este sentido, ONUSIDA identifica cuatro factores como “principalmente responsables” de esta tendencia: “La falta de compromiso político, la insuficiente inversión en prevención, los problemas estructurales para proteger los derechos de las mujeres y poblaciones clave, y el fracaso en la ampliación sistemática de los programas que han demostrado su eficacia en la salud pública”. 

El impacto de la COVID-19 aún se está estimando

“La pandemia del covid ha hecho sacudir a toda la sanidad. Se detectan menos cánceres y menos enfermedades, pero esto no significa que han desaparecido sino que se verán más tarde y con un diagnóstico peor”, alerta Mallolas. En VIH, esto lo confirman los últimos datos del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), quienes señalan una bajada del 24% en el diagnóstico de nuevos casos de VIH entre 2019 y 2020 debido, mayoritariamente, “por las restricciones e interrupciones de los servicios causadas por la COVID-19”.

Identificar antes y mejor los casos de VIH durante la pandemia de COVID-19 es importante porque la literatura científica apunta que las personas con VIH tienen un mayor riesgo de contraer una COVID-19 más grave. A esto se le suma que a mediados de 2021, la mayoría de personas con VIH no tienen acceso a una vacuna contra el coronavirus: los países subsaharianos contienen al 67% de la población con VIH, mientras que menos del 3% (julio de 2021) de las personas de este continente han recibido una dosis contra la COVID-19.

El impacto del coronavirus no solo retrasa los nuevos diagnósticos de VIH: también hace que los tratamientos lleguen más tarde a quienes los necesiten y los indicadores que se emplean para conocer si vamos en buen camino para acabar con la pandemia necesiten nuevos cálculos y ajustes.

“Las conclusiones del informe muestran claramente que la pandemia del VIH no ha terminado. Aunque se han hecho progresos, no se han alcanzado los objetivos mundiales para 2020 y existe un peligro real de que tampoco se alcancen los Objetivos para 2030”, sentencia el ECDC en un comunicado.

Créditos de la imagen destacada: Organización Mundial de la Salud. Más información y recursos en la página de la campaña de la OMS para el Día Mundial del Sida 2021.

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