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MALDITA CIENCIA

Por qué no hay evidencias de que las ondas del móvil, del ordenador o del 5G causen problemas en la sangre

Publicado martes, 9 marzo 2021
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En los últimos meses nos habéis preguntado por algunos contenidos que afirman que los móviles, los ordenadores o el 5G causan problemas en la sangre. Pero no hay evidencias de que estos dispositivos y tecnologías provoquen tales efectos perjudiciales en el organismo. 

Por qué no hay evidencias de que los ordenadores, los móviles o el 5G provoquen problemas en la sangre

No hay evidencia científica de que las radiaciones no ionizantes de móviles, antenas y dispositivos electrónicos produzcan un efecto en la sangre (y sobre la salud) en la forma en las que las utilizamos. En Maldita Ciencia también os hemos contado por qué no hay evidencias de que ni los móviles ni el wifi produzcan cáncer ni de que dormir con el móvil cerca sea perjudicial para la salud.

El físico Alberto Nájera, profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha y vocal del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS), indica a Maldita Ciencia que existen numerosos estudios que han analizado los efectos sobre la salud de los móviles desde hace décadas. Según cuenta, las revisiones sistemáticas no encuentran dichos efectos perjudiciales de estos terminales en la sangre. 

Una revisión publicada en el boletín de la Organización Mundial de la Salud concluye que no hay evidencias de que la exposición a campos electromagnéticos de radiofrecuencia de estaciones base de telefonía móvil provoque daños en el organismo. 

“Si miramos otros estudios, siempre revisiones sistemáticas y metaanálisis, a día de hoy no existe un trabajo que concluya que a los niveles habituales de exposición se produzcan efectos sobre humanos de ningún tipo”, cuenta Nájera.

Este documento de ICNIRP (Comisión Internacional de Protección Radiológica No Ionizante) de 2020 recopila decenas de estudios sobre los efectos de las radiofrecuencias, y en particular la Appendix B de este documento contiene 39 estudios independientes sobre los efectos de las radiofrecuencias en la salud. Según concluyen los autores, “no hay evidencia de efectos de salud desfavorables con exposiciones inferiores a las restricciones indicadas en las líneas guía de ICNIRP, ni hay evidencia de mecanismos de interacción que prevean que podrían ocurrir efectos de salud desfavorables debidos a campos electromagnéticos de radiofrecuencias por debajo de esos niveles de restricción”.

El Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud publicó en 2020 un informe en el que se revisa toda la bibliografía científica en busca de posibles efectos de las emisiones radioeléctricas sobre la salud. En él, tampoco se recoge ningún estudio que indique que dichas emisiones causen problemas en la sangre. 

Nájera explica que con la 5ª generación de telefonía móvil el tipo de radiación y los niveles de exposición personal no cambiarán mucho con respecto a generaciones previas. Además, recuerda que la ICNIRP “ha reevaluado recientemente los límites de exposición “adaptándolos a la nueva generación con cambios pequeños”.

Por ello, el experto considera necesario mandar un mensaje de tranquilidad: “En 30 años, los límites ICNIRP se han mostrado seguros. Se basan en la evidencia científica con un margen amplio de seguridad, aunque en realidad se ha comprobado que los valores normales de exposición están, en toda Europa, muy por debajo de esos límites”.

"El 5G tampoco tendrá un efecto negativo en la salud de las personas"

“¿Por qué nos preguntamos si las ondas radioeléctricas tienen un efecto perjudicial y no nos preguntamos por otras ondas, como por ejemplo las sonoras?”, pregunta a Maldita Ciencia Ana García Armada, catedrática de Teoría de la Señal y Comunicaciones en la Universidad Carlos III de Madrid. 

Según cuenta, cualquier tipo de ondas podría ser perjudicial si se emite con mucha potencia. Por ejemplo, “si el sonido es excesivamente potente, puede dañar nuestros oídos”. “Pero nadie pensaría que la solución es prohibir las ondas sonoras, porque entonces no nos podríamos comunicar”, comenta. 

Lo mismo sucede, según cuenta, con otro tipo de ondas como las electromagnéticas. Pero asegura que por eso se establecen límites “basados en estudios rigurosos y consensuados por organismos internacionales”.

García recuerda que la estrategia de la Unión Europea se basa en recomendar límites a las emisiones 50 veces por debajo de los niveles más bajos para los que algunos experimentos han encontrado efectos perjudiciales. La Comisión Europea indica que la evidencia científica existente sobre la exposición a campos electromagnéticos confirma que las redes 5G no causarán más emisiones electromagnéticas de las permitidas. Esto significa, según añade, que “el 5G no tendrá un efecto negativo en la salud de las personas”.

Un artículo que menciona los supuestos efectos de móviles en la sangre tiene múltiples limitaciones

En uno de los vídeos que se han viralizado en redes sociales, una persona que se identifica como Bartomeu Payeras menciona dos supuestos estudios que demuestran que las radiaciones no ionizantes producen el “efecto Rouleaux” por el que “los glóbulos rojos se apilan”. Según cuenta, “es un indicio de que algo no funciona”. Pero, según los expertos consultados, ninguno de los estudios mencionados es científicamente relevante ni válido.

Hay que aclarar que el efecto o fenómeno de Rouleaux sí existe, se da cuando los glóbulos rojos de la sangre presentan un aspecto anómalo y se apilan. Esto se observa en distintas patologías de la sangre, como los mielomas (cánceres de las células del plasma sanguíneo). Sin embargo, no hay evidencias de que los móviles, el wifi u otros tipos de radiación no ionizante pueda generar este efecto.

Durante la mayor parte del vídeo, Payeras hace referencia a un supuesto estudio con 10 participantes. En él, en teoría, se miró con un microscopio una gota de sangre de estas personas en tres situaciones. Primero cuando tenían cerca un teléfono móvil "no activo", después tras poner el móvil "en carga" cerca de sus cuerpos durante 45 minutos y finalmente tras hablar y utilizarlo durante otros 45 minutos. Mientras que según el vídeo en el primer caso no se observó nada extraño, en el segundo supuestamente se produjo el "efecto Rouleaux", por el que los glóbulos rojos se apilaron. En el tercer caso, aunque en teoría este efecto había desaparecido, los glóbulos supuestamente estaban deformes. Según los autores del artículo, estos cambios podrían asociarse a algunas enfermedades.

A lo largo del vídeo se muestran algunas imágenes. A través de una búsqueda inversa en Google comprobamos que el primer artículo al que hace referencia es uno titulado “¿La exposición a corto plazo a la radiación de los teléfonos celulares afecta la sangre?”. 

Nájera asegura queni es un estudio científico ni está publicado en una revista científica de prestigio con un proceso de revisión por pares por lo que su contenido no puede tener ninguna validez”. “No cumple con los mínimos criterios científicos para su publicación. Es un despropósito”, afirma. 

En cuanto al supuesto efecto Rouleaux que menciona Payeras, Nájera asegura que “la vinculación con ese efecto no tiene ningún sentido”. “Además, el hecho de que el teléfono esté en carga o no no tendría nada que ver con la cantidad de radiación”, añade.

El video es malísimo y no hay por dónde cogerlo”, comenta a Maldita Ciencia Francisco Vargas, médico epidemiólogo, director científico del CCARS y promotor y redactor de la legislación nacional (Real Decreto 1066/2001) sobre campos electromagnéticos (CEM). El experto confirma que el efecto Rouleaux suele darse en enfermedades de la sangre, especialmente en mielomas (un cáncer de las células plasmáticas), alteraciones de las proteínas plasmáticas y del fibrinógeno (un componente del plasma) o enfermedades hepáticas. 

Según subraya Vargas, en el supuesto estudio mencionado por Payeras hay algunos datos que no cuadran o se desconocen. Por ejemplo, “no sabemos qué energía real han ‘absorbido’ los sujetos”.

La maldita María de los Ángeles "Llanlle" Millán Callado, física nuclear y tecnóloga de radiaciones del departamento de Física Atómica, Molecular y Nuclear de la Universidad de Sevilla y del Centro Nacional de Aceleradores, comenta que “el trabajo está sesgado y se ha desarrollado sin ningún rigor”: “Los resultados, si nos creemos los resultados, son anecdóticos, no contrastados y sin ningún tipo de validez”.

La muestra es “poco significativa”, no hay un grupo control y no se indica quién ha realizado el estudio

Para empezar, Millán menciona que la muestra del estudio es muy poco significativa. “Se trata de 10 sujetos de prueba, sin grupo de control, y sin ningún tipo de ciego. Ese grupo son 8 mujeres y 2 hombres, con lo cual ya está sesgado. Pero encima, es que las edades van desde los 20 años o así hasta casi 80. Vamos, que como mucho tienes un sujeto de cada edad y sexo biológico”, comenta.

Según indica, eso quiere decir que “cualquier resultado que puedas obtener de esa muestra es anecdótico”. “Ningún estudio científico puede basarse en los resultados de 10 personas, hechos en un mismo sitio, con un único equipo y un solo experimentador. Los resultados tienen que ser reproducibles. Es decir, otra persona, con otra muestra, con otro equipo, en otro laboratorio, en otra parte del mundo debe obtener los mismos resultados para saber que son significativos”, añade. 

Además, menciona que sin una muestra de control sometida exactamente a las mismas condiciones “no puedes saber si hay otro factor que no has tenido en cuenta afectando”. “No hay manera de saber si ese efecto en la sangre es por casualidad, por el móvil, por el instrumento de medida, porque había algo interfiriendo en la muestra…”, comenta.

Los expertos consultados subrayan también la falta de transparencia. De hecho, no es posible saber quién está detrás de este artículo solo con leerlo. “Los autores de este estudio desean mantener la confidencialidad de su nombre y afiliación”, se afirma en el mismo. Millán cuenta que “siempre hay que poner conflictos de intereses, afiliaciones o financiación en un trabajo científico” “¿Cómo voy a confiar en tu trabajo si no sé quién lo paga? ¿Cómo sé que no es interesado?”, pregunta. 

Payeras menciona en varias ocasiones que el supuesto trabajo ha sido realizado por la Fundación Weston A. Price. Al hacer una búsqueda en Internet se puede comprobar cómo este artículo ha sido publicado por esta fundación, que indica haberla patrocinado. Esta fundación comparte en su página web algunas afirmaciones sin evidencia científica. Por ejemplo, afirma que el dióxido de cloro trata el autismo. En Maldita Ciencia ya os hemos explicado por qué no hay evidencias de que este producto sirva para curar enfermedades.

Además, Millán destaca que en el estudio “todos los sujetos usan el mismo dispositivo, que intencionadamente no se especifica”. “Suponiendo que haya una relación entre el móvil y la sangre, ¿son todos los móviles o ese móvil en concreto? Si yo como investigadora quisiera reproducir ese trabajo, no tendría forma de hacerlo”, menciona. 

Otro supuesto estudio sobre ordenadores "no es serio ni científicamente válido"

Payeras menciona de pasada otro supuesto “estudio” realizado por Magda Havas. En la descripción del vídeo en YouTube, enlaza a un vídeo de dos minutos en el que supuestamente esta mujer cuenta que a su sangre le pasó algo parecido al utilizar el ordenador. 

“Magda Havas es una conocida activista antiantenas”, comenta Nájera. Entre sus publicaciones, hay algunas que afirman que la radiación de la tecnología inalámbrica afecta la sangre, el corazón y el sistema nervioso autónomo.

El experto señala que el artículo “no es serio”: “Ni el diseño experimental, ni la obtención de datos, ni el análisis tiene ninguna lógica”. Además, “algo tan evidente habría sido replicado por cientos de estudios en todo el mundo y no ha sido así”. “En definitiva, ninguno de los dos estudios es científicamente relevante ni válido”, asegura.

Para este artículo nos ha prestado sus superpoderes la maldita física María Ángeles Millán Callado.

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Este artículo es una colaboración mensual entre Maldita Ciencia y el Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud.

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