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MALDITA CIENCIA

Las afirmaciones falsas y negacionistas de Ana María Oliva sobre el SARS-CoV-2 y la pandemia por COVID-19

Publicado lunes, 8 marzo 2021
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Nos habéis preguntado por un texto negacionista de la pandemia que está circulando en diferentes redes sociales, como Facebook. Se trata de una entrevista a Ana María Oliva, quien se define en su propia página web como “doctora en biomedicina” y “apasionada por la vida”. Durante la misma, Oliva hace numerosas afirmaciones falsas en relación a la crisis sanitaria actual, como que la pandemia por SARS-CoV-2 “no tiene nada que ver con la salud”. También critica las medidas de seguridad como el uso de mascarillas o el distanciamiento social, las pruebas PCR y apoya otras teorías de la conspiración como la de los chemtrails, el “polvo inteligente” (smartdust) o el peligro de las microondas y se posiciona contra la futura vacuna. Os contamos lo que sabemos al respecto. 

La pandemia por SARS-CoV-2 sí tiene que ver con la salud

Que “la pandemia es una gran estrategia geopolítica organizada desde hace años” y que esta “no tiene nada que ver con la salud” son algunas de las afirmaciones que pueden leerse en la entrevista de Ana María Oliva (publicada originalmente en el blog de Josep Maria Francas) que, como hemos comentado, se presenta en su página web como doctora en Biomedicina con un máster en Ingeniería Biomédica e industrial pero que en la práctica ofrece conferencias cursos y formaciones en materia electromagnética y otras pseudociencias (como la homeopatía), que no están respaldadas por la evidencia científica. En teoría, según Oliva, el objetivo de la crisis sanitaria actual sería “convertirnos en puros esclavos del sistema”. 

La COVID-19 sí está relacionada con la salud, al contrario de lo que afirma Oliva, que no es la primera vez que defiende argumentos negacionistas. De hecho, a través de su canal de YouTube publica vídeos en los que trata temas como el “Terrorismo informativo” o los “11 mitos del Covid”, donde expone sus opiniones afines a estos grupos. “Los virus son constructores de vida", dice en la entrevista por la que nos habéis preguntado y añade que, "para ella, estos no causan ninguna enfermedad, puesto que esta surge de dentro no de fuera”. Esto no es cierto.

Como apuntan las evidencias científicas, la COVID-19 es una enfermedad causada por el coronavirus SARS-CoV-2 cuya consecuencia en los pacientes sintomáticos es un síndrome respiratorio agudo severo. En Maldita Ciencia también hemos explicado lo que se sabe hasta el momento sobre lo que la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia denomina COVID-19 persistente y sobre las posibles secuelas a las que esta puede dar lugar una vez se ha superado la infección (incluso en jóvenes). 

No es la primera vez que nos habéis preguntado por cuestiones relacionadas con el origen de la pandemia y su supuesto objetivo a nivel mundial. En Maldita.es ya desmentimos algunos de los argumentos conspiratorios utilizados para “sostener” tales afirmaciones, además de varios rumores sin evidencia sobre el origen del coronavirus en un laboratorio y su supuesto uso como arma biológica.

También explicamos por qué situaciones como el Evento 201 no son pruebas de que la pandemia estuviese planeada (se trató tan solo de una simulación). Sobre el papel de Bill Gates, también argumentamos por qué no hay pruebas de que sea propietario de la patente del SARS-CoV-2. 

Existen pacientes de riesgo, sí, pero no en función del pH del cuerpo o el “nivel de toxicidad acumulado”: estos factores no influyen en la enfermedad

Otra de las ideas que defiende Oliva es que es nuestro propio cuerpo el que determinará si enfermamos o no de COVID-19. “Es el estado de tu terreno (el pH de tu cuerpo, el nivel de toxicidad acumulado [...]) el que permite que esos «gérmenes» germinen o no”, afirma. Sin embargo, ni el pH ni el nivel de toxicidad acumulado (un concepto sin ninguna evidencia científica que lo respalde) serán los responsables del contagio de COVID-19 ni de la gravedad de su desarrollo. 

Sí existen condiciones que aumentan la posibilidad tanto de contagio (no respetar las medidas de seguridad como el uso de mascarilla o mantener distancia social) como de que, una vez una persona esté infectada, su pronóstico sea peor o quepa la posibilidad de presentar un cuadro médico más grave, al considerarse grupo de riesgo. Es el caso de los pacientes de mayor edad o aquellos con enfermedad cardiovascular, hipertensión, enfermedad pulmonar crónica o inmunodepresión, entre otros.

Las PCR sí son fiables y específicas y pueden certificar casos positivos de COVID-19 sin necesidad de autopsia

Otro tema que Oliva menciona a lo largo de la entrevista es la fiabilidad de las PCR. De hecho, plantea algunas preguntas: “¿Qué fiabilidad tiene este test? ¿Realmente que una persona dé positivo en el test significa que es un ‘caso’?”. Inmediatamente después propone su propia contestación: “La respuesta es que el test no tiene capacidad de diagnóstico, con el test tú puedes jugar a voluntad con el número de ‘casos’, según te interese”. Esto no es cierto, como ya contamos en Maldita.es, las pruebas PCR son específicas para el coronavirus y no señalan falsos positivos. 

Oliva continúa afirmando que “si no se hacen autopsias, no se puede certificar [un caso positivo de COVID-19]”. “Actualmente se están considerando muchas muertes como muertes ‘por COVID’, sin tener una autopsia, que es lo único que podría asegurar la causa”, afirma. También incide en que “sin autopsias no hay forma de saber de qué ha muerto la persona”. Por una parte, no es cierto que no se hagan autopsias (de hecho, ya explicamos el contexto en el que se realizaron las primeras en Italia y en España). 

Como ya hemos comentado, una prueba PCR sí es eficaz para conocer si una persona está infectada o no por SARS-CoV-2, una pista que ayuda para establecer la causa del fallecimiento al detectar un fragmento del propio material genético del SARS-CoV-2.

Además, José Manuel Bautista, catedrático de Biología Molecular que coordinó el laboratorio de detección COVID-19 de la Universidad Complutense de Madrid, señalaba en Maldita Ciencia que "no es cierto que la PCR que se está utilizando ahora sea inespecífica. Los cebadores para amplificar (sustancias necesarias en la reacción en que se basa las PCR) son específicos para SARS-CoV-2 (el coronavirus que causa la enfermedad) y no para otros virus. Está demostrado en muchas publicaciones. Hay otros PCR generalistas para detectar más coronavirus, pero los que se usan ahora son altamente específicos".

Además de explicar por qué estas pruebas no son inespecíficas ni dan falsos positivos, en Maldita.es también explicamos cómo funciona una PCR paso por paso y por qué solo detectan el SARS-CoV-2.   

Los pacientes fallecidos por COVID-19 no mueren por iatrogenia (un acto médico involuntario)

Oliva dice durante la entrevista que “la gente no muere por COVID-19, sino por otras causas, entre ellas la iatrogenia”, es decir, por daños derivados de actos médicos involuntarios. Esto tampoco es cierto. Como hemos comentado en párrafos anteriores y según explicaba a Maldita Ciencia el virólogo e inmunólogo del Instituto de Salud Carlos III, Pepe Alcamí, “la COVID-19 es una infección respiratoria local que en algunos pacientes se hace sistémica y afecta a muchos órganos además del tracto respiratorio y los pulmones". Se produce afectación cardíaca, renal, hepática y del sistema sanguíneo, un auténtico fallo multiorgánico que afecta a los pacientes más graves”.

Es decir, el SARS-CoV-2 sí tiene consecuencias en nuestro organismo que lo hacen mortal. Puedes ampliar información en este artículo de Benjamín Neuman, profesor de Biología en la Universidad de Texas (EEUU) publicado en The Conversation

En ocasiones, como hace aquí Oliva, se achaca esta mortalidad a mala práxis médica, como que no se están utilizando anticoagulantes o medicamentos como la hidroxicloroquina y que sí se están utilizando respiradores que supuestamente agravan aún más el cuadro clínico del paciente. Esto tampoco es cierto. 

Como ya explicamos en Maldita Ciencia, sí se utilizan anticoagulantes (como la heparina) en casos graves de COVID-19; la hidroxicloroquina no se está usando por su falta de eficacia (la Organización Mundial de la Salud explicó que, según las evidencias, la hidroxicloroquina producía "poca o ninguna reducción en la mortalidad de pacientes hospitalizados con COVID-19 en comparación con la atención estándar") y usar respiradores y ventilación profunda no es "disparar en los pulmones" de los enfermos (solo se recurre a este método cuando hay un fracaso de un órgano, en este caso del pulmón, que hace que el paciente no sea capaz de respirar por sí mismo).

Las mutaciones naturales hacen que un virus animal sí pueda llegar a infectar a un humano

Según Oliva, “no hay posibilidad de que un virus de murciélago sea ‘leído’ por un humano, a no ser que esté modificado genéticamente, porque hay una barrera trans-especie que protege estos cruces”. Con esto, da a entender que el COVID podría haber sido creado por el ser humano (cuando no hay ninguna prueba de que sea así). “Hay muchos coronavirus en animales y en humanos. Eso no significa que sean la causa de la enfermedad. Es como culpar a los bomberos del incendio porque los encuentras allí…”, afirma. La realidad es que existen enfermedades denominadas zoonóticas: aquellas provocadas por virus que pasar de infectar a animales a hacerlo con humanos. Es decir: en estos casos el virus sí es la causa de la enfermedad.

De hecho, según los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, casi el 16% de todas las muertes en todo el mundo pueden atribuirse a enfermedades infecciosas, y las zoonóticas representan el 60% de las conocidas y el 75% de las emergentes.

Los autores de este artículo, publicado en el foro científico Virologic, indican que "la evidencia genómica no apoya la posibilidad de que el nuevo coronavirus haya sido creado en un laboratorio". Este otro estudio indica que el origen del SARS-CoV-2 fueron mutaciones y selección natural, además de recombinación del SARS-CoV, el virus capaz de infectar a animales como el murciélago.

Además, esta investigación publicada en la revista científica Nature concluye que el genoma del nuevo coronavirus es un 96% idéntico al del coronavirus capaz de infectar a los murciélagos. 

Por último, este estudio publicado en The Lancet, indica que el nuevo coronavirus difiere lo suficiente del SARS-CoV como para ser considerado un nuevo tipo, capaz de infectar humanos. "Nuestro análisis filogenético (relación de parentesco entre especies) sugiere que los murciélagos podrían ser el huésped original de este virus", indican los autores.

Las medidas de prevención sí son útiles para minimizar el riesgo de contagio de COVID-19

Además, Oliva critica varias de las medidas de prevención destinadas a minimizar el riesgo de contagio por COVID-19. Entre ellas, el uso de mascarilla o el distanciamiento social (tanto la distancia interpersonal, como el confinamiento o el tratar de evitar los lugares muy concurridos): “¿Desde cuando una supuesta patología respiratoria se va a mejorar impidiendo respirar aire puro? ¿Desde cuando cualquier persona va a mejorar su salud estando encerrado en casa, sin posibilidad de salir, de tomar el sol, de estar en la naturaleza, sin abrazar a sus personas queridas [...]?”, pregunta durante la entrevista. 

Sin embargo, como apuntan las evidencias científicas, estas medidas sí son eficaces para evitar enfermar por COVID-19. Por un lado, hablamos de un virus respiratorio que se transmite tanto por las gotículas que una persona infectada emite al hablar, toser o estornudar como por los aerosoles (pequeñas partículas que permanecen en el aire). Es por ello por lo que el uso de mascarilla es un posible aliado en la prevención del contagio: funcionará como barrera física que filtre el aire, dificultando que el virus entre en contacto con nuestras vías respiratorias. 

Si además mantenemos la distancia de seguridad con la gente de nuestro alrededor y disminuimos el número de personas con las que nos relacionamos, estaremos minimizando también la posibilidad de toparnos con individuos contagiados y, por tanto, la de entrar en contacto con el virus.   

Oliva también hace referencia al sistema inmune: “¿Por qué nadie absolutamente nadie ha insistido en cómo mejorar tu sistema inmune? ¿Acaso no conocen la relación del sistema inmune con la carencia de Vitamina D, con el miedo, con el sedentarismo?”, plantea en la entrevista. Sin embargo, el sistema inmune ha sido uno de los más mencionados desde el inicio de la pandemia. De hecho, es el blanco de la futura vacuna: a través de ella, se pretende proteger contra el patógeno, haciendo que el sistema inmunitario sea capaz de crear los anticuerpos suficientes y necesarios para combatir el virus antes de que este infecte las células correspondientes y nos haga enfermar. 

Con respecto a la vitamina D, ya explicamos que no es necesario tomar suplementos para evitar la infección, salvo que se presente déficit de la misma. Por el momento, no hay evidencia de que ninguna medicina, vitamina o suplemento actual pueda prevenir o curar la COVID-19. La información de la que disponemos permite permite señalar medidas que reducen el riesgo (mascarillas, distancia social, lavado de manos...), pero ninguna incluye tomar suplementos de vitaminas. Con lo que sí contamos es con algunos estudios y documentos que analizan la relación entre la vitamina D, las infecciones respiratorias en general y la infección por COVID en concreto.

Según este informe de la OMS sobre la relación de la vitamina D con la prevención de infecciones respiratorias en general, "la suplementación con vitamina D para prevenir infecciones del tracto respiratorio no se hace de manera rutinaria". "Para que esta intervención fuera efectiva, tendría que hacerse de forma continuada, antes de que empiece la infección respiratoria". 

Otras teorías de la conspiración defendidas por Oliva

Las que ya hemos mencionado y explicado no son las únicas teorías conspiratorias a las que Oliva hace referencia: también advierte frente a los chemtrails, la nanotecnología, las vacunas, inteligencia artificial, microondas, etc. “Son los ingredientes de un gran pastel que se ha estado cocinando delante de nuestros ojos, escondido a plena vista y del que casi nadie se ha enterado”.  

Por un lado, la palabra chemtrail es una contracción de los términos chemical trail o estelas químicas. Se utiliza como oposición a contrail o condensation trail, estelas de condensación, que serían las que de forma habitual dejan los aviones al expulsar vapor de agua como parte de su funcionamiento. 

En los chemtrails, en cambio, no habría vapor de agua, sino unas supuestas sustancias químicas con diversos efectos perjudiciales para la salud. Quienes defienden esta teoría afirman que esto sería la prueba de que lo que las élites de poder buscan es esparcir enfermedades, favorecer el control mental o causar infertilidad (entre otros objetivos). Sin embargo, no existe ninguna evidencia científica a favor de esta conspiración, y sí muchas en contra. Para empezar, el posicionamiento público de los mayores expertos en ciencias atmosféricas. Puedes leer en profundidad sobre el tema aquí

Por su parte, tampoco hay evidencias de que la nanotecnología suponga una amenaza en relación a la pandemia. Hace unos meses nos preguntasteis, por ejemplo, por las afirmaciones que hizo el cantante Miguel Bosé a través de un hilo de Twitter en su cuenta personal. Entre otras cosas, decía que Bill Gates tiene un proyecto de vacunas con microchips para controlar a la población. Se trata de otra teoría de la conspiración. Según esta, existe una relación entre las investigaciones para la vacuna contra la COVID-19 y la futura implantación de un microchip

Por ello, y pasando además por el polvo inteligente (o smartdust) que, decía, se activaría a través de la red 5G tras recibir la vacuna, este tipo de teorías recomienda negarse a recibir el fármaco cuando esté listo (de ahí su relación, por otra parte, con los grupos antivacunas). 

Tampoco las microondas suponen un problema para la salud, como ya explicamos en Maldita Ciencia (y, aunque ya lo hemos mencionado, tampoco hay que temer a la tecnología 5G). Oliva también hace referencia a los datos de mortalidad en España. “No son diferentes a los de años anteriores, excepto en el mes de marzo”, señala. En Maldito Dato ya explicamos, por un lado, por qué el Índice Nacional de Defunciones no ha contabilizado menos muertos y muertes que en años anteriores y, por otro, las diferencias entre las cifras de 2019 y 2020.

Primera fecha de publicación de este artículo: 25/11/2020.


Primera fecha de publicación de este artículo: 25/11/2020

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