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Maldito fin de año: mitos y bulos para que no te la cuelen en la minicena de Nochevieja

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Si estas navidades, respetando siempre las normas que marca cada comunidad autónoma, te reúnes con algún miembro más de tu familia (cumpliendo todas las medidas de protección frente a la COVID-19), es probable que, como cada año, sean tema de debate algunos bulos que tengan que ver con lo que estáis a punto de comer y lo navideño en general. Desde Maldita.es te echamos una mano para que tengas argumentos para desmentirlos.

¿Sirve de algo colocar una cucharilla del revés en las botellas de champán para evitar que pierdan el gas?

Una de las consultas navideñas que nos habéis hecho es si es cierto que meter una cucharilla al revés en las botellas de cava o champán podría ayudarnos a mantener el gas de su interior. Por muchas veces que lo hayas hecho o visto hacer, la ciencia tiene algo que decir al respecto: que ningún cubierto va a impedir el contenido de estas se quede sin gas. Para conseguirlo, es necesario un tapón hermético y mantenerla en frío.

Según opina Richard Zare, químico de la Universidad Stanford (EEUU), en este artículo de la revista Scientific Americanesto es un mito. De hecho, Zare llevó a cabo un experimento en el que se descorcharon 26 botellas y se preservaron de distintas maneras (algunas con cucharillas y otras sin ellas). Después, los investigadores las probaron y puntuaron a ciegas, sin detectar ninguna diferencia entre ambos grupos.

Los mismos resultados consiguieron los científicos del Centro Interprofesional de Vinos de Champaña (Francia): descorcharon y vaciaron parcialmente varias botellas de champán, manteniéndolas después abiertas utilizando distintos métodos (algunas no las taparon, a otras les colocaron cucharas de diferentes metales, a un tercer grupo las taparon con el tapón original y, a las últimas, con uno hermético). ¿Conclusión? Según se puede leer en el libro Gastronomía Molecular, del físico-químico francés Hervé This, solo los dos últimos grupos (tapadas con tapones) mantuvieron el gas en su interior.

Si preguntamos al sector empresarial dedicado a estas bebidas, el único método que garantizará que el contenido de la botella no pierda el gas, según explican fuentes de Freixenet a Maldita Ciencia, será utilizar un tapón hermético. También ayudará mantenerla a baja temperatura.

¿Puedes ahogarte con las pepitas de las uvas?

Nos van a dar las uvas, literalmente, y algunos de vosotros queréis saber si las pepitas de esta fruta pueden ser un peligro de cara a atragantamientos y asfixias. No hemos encontrado evidencias de que estas semillas puedan ser un peligro para la población en general, pero sí pueden serlo las uvas enteras, sobre todo para los más mayores y los más pequeños.

"El problema es la uva, no la pepita", explica a Maldita Ciencia el pediatra Alberto García Salido. Según la Sociedad Española de Otorrinolaringogía y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL CCC), uno de los grupos más susceptibles de sufrir una crisis de sofocación y atragantamiento, además de las personas mayores, son los niños, "por su tendencia a llevarse a la boca cualquier objeto o alimento que les llame la atención y porque sus vías respiratorias y tubo digestivo no están completamente desarrollados".

De hecho, según este estudio publicado en la revista Nurs Child Young People en 2017, las uvas consumidas enteras (con piel y con pepitas) son la tercera causa de asfixia relacionada con la comida en menores de cinco años.

"Las pepitas, si pasan a pulmón, podrían producir tos y neumonías de repetición por cuerpo extraño (a veces vemos con fibrobroncoscopio pipas, por ejemplo), pero no creo que, al ser tan pequeñas, obstruyan de forma completa la vía aérea", comenta Salido. "Las uvas, en cambio, se 'pegan' y a eso se añaden las secreciones. Son cuerpos extraños que resultan difíciles de mover al 'anclarse' de ese modo a la tráquea", añade, evidenciando el verdadero riesgo: el fruto entero frente a la semilla.

Salido incluye las uvas como uno de los ocho puntos a tener en cuenta estas navidades en relación a los más pequeños de la casa (junto con los petardos, el alcohol o los caramelos). Según este hilo que ha publicado en Twitter, lo recomendable es que los menores de 5 años las eviten en las campanadas y, que si las toman, sean cortadas por la mitad.

La Asociación Española de Pediatría (AEPED) recomienda no dar pipas o semillas (sin especificar tampoco tipo concreto) a menores de cuatro años. Sin embargo, de nuevo lo orienta hacia el riesgo de aspiración (no asfixia) e infección posterior por presencia de cuerpo extraño en la vía aérea.

"Si estas recomendaciones se aplican a niños, cuyas habilidades deglutorias todavía son algo inmaduras, también se pueden aplicar a personas adultas portadoras de alguna condición que dificulte la normal deglución", explica a Maldita Ciencia el equipo de residentes de Medicina Familiar y Comunitaria del Área Sanitaria Norte de Córdoba. "De esta manera tal vez fuera cauto aplicar similares recomendaciones en pacientes con disfagia (problemas para tragar) de una u otra causa, o que tengan especial riesgo de realizar aspiraciones (demencias avanzadas, secuelas de accidentes cerebrales u otra causa neurológica relacionada)", añade.

¿Por qué adornamos un abeto en Navidad?

Nos habéis preguntado por el origen de una de las tradiciones navideñas más extendidas: el árbol. Lejos de una tener un inicio relacionado con la religión, los primeros ejemplares de lo que hoy conocemos como árbol de navidad proceden de tradiciones paganas anteriores al nacimiento de Cristo.

De hecho, según el divulgador Alfred López, una de las hipótesis es que este adorno festivo procede de la cultura celta. Esta civilización dividía los años en función de las horas de luz diarias: distinguían los días con luz y los días sin ella. Estos últimos, comenzaban con la llegada del solsticio de invierno, que coincidía con su año nuevo (y con la Natividad cristiana).

"Para tener suerte durante toda la época de nieves y de frío, consagraban esa suerte a un árbol, llamado Yggdrasil, conocido como el árbol del universo", explica en este vídeo López. "Estaba dedicado a Frey, el dios del sol y de la fertilidad. Por eso lo decoraban".

Como explica López, San Bonifacio, uno de los encargados de propagar la palabra de las sagradas escrituras a través de centro Europa hacia el norte en el siglo VIII, tomó este ejemplo de adorar a un árbol y lo incorporó al cristianismo. "Ya no solo explicaba el motivo (por qué y qué se celebraba en los días de Navidad: el nacimiento del niño Jesús) sino también que habría que poner unos cuantos elementos. Uno de ellos fue la transformación de ese árbol en un árbol decorado, dedicaba al niño Jesús".

Se dice que el misionero taló el árbol y ofreció, en su lugar, un abeto: un árbol de paz que "representa la vida eterna porque sus hojas siempre están verdes" y porque su copa "señala al cielo", según explica este artículo de National Geographic.

Si eres fiel seguidor de esta tradición navideña y te has preguntado alguna vez qué tipo de árbol es el más adecuado, si uno natural o uno artificial. puedes echar un ojo a este otro artículo de El País. La respuesta parece ser, en ambas opciones, un consumo responsable: si es natural, utilizar uno plantado o, en su defecto, replantarlo tras su uso. Si es artificial, aprovecharlo hasta el final de su vida útil (ya que la huella de su producción es de 40 kg de dióxido de carbono, lo mismo que utilizar el coche 10 días y medio consecutivos para recorrer 20 km por jornada). ¿La mejor opción? Confeccionarlo tú mismo reutilizando materiales como cartón, telas, botellas, latas... 

¿Beben los peces en el río?

A menudo se nos acusa de chafar ilusiones (por ejemplo, cuando explicamos que Walt Disney no fue en realidad congelado tras su muerte) y de destrozar acuerdos tácitos que han mantenido cohesionada nuestra sociedad durante décadas (como cuando desmentimos el bulo de las dos horas sin bañarse después de comer). Como nos encanta esa fama de iconoclastas que nos estamos ganando, aquí vamos con otro bulo que romperá corazones: no, los peces en el río no beben, y beben, y vuelven a beber.

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Lo explica muy bien en este post Juan Ignacio Pérez, catedrático de Fisiología de la Universidad del País Vasco. En él explica que aunque todos los seres vivos necesitan agua para sobrevivir, los peces de río y de agua dulce la obtienen de forma diferente y que, técnicamente, los peces de río no beben agua, aunque los de mar sí.

El motivo es que la salinidad del agua que les rodea, en comparación con la salinidad de su propio cuerpo, es muy baja, y el agua siempre fluye del medio en el que hay menos sal hacia el que tiene más sal, y por eso los peces de río, más salados que su entorno, corren el riesgo de hincharse de agua. Por este motivo no beben, sino que filtran agua a través de sus agallas y orinan en abundancia para expulsar el exceso de agua, a la vez que tienen algunos mecanismos para retener parte de las sales que saldrían en esa orina.

El caso de los peces de mar es el contrario: su entorno es más salado que ellos y por eso corren el riesgo de deshidratarse. Así que ellos sí que beben, y su organismo está preparado para procesar ese alto nivel de salinidad en el agua, y sin embargo orinan muy poco para no desperdiciar líquidos. Lo explica el mismo Juan Ignacio Pérez en este otro artículo.

¿Qué son los puntitos blancos del jamón?

Pocas veces un detalle tan diminuto dio tanto de qué hablar: los pequeños puntos blancos que se encuentran a veces en el jamón serrano. ¿Es sal? ¿Son parásitos? ¿Hacen mejor o peor al jamón que estamos a punto de llevarnos a la boca?

Son cristales de tirosina. La tirosina es un aminoácido (las unidades químicas básicas que forman las proteínas) no esencial en los mamíferos que se forma a partir de otro aminoácido, este sí esencial, llamado fenilalanina.

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Su aparición en el jamón se produce porque durante el proceso de curación se produce una degradación de las proteínas que provoca que estas se dividan en algunos de los aminoácidos que las forman, entre ellos la tirosina. Esta cristaliza y forma esos puntos blancos que luego vemos al cortar el jamón.

Su presencia no indica necesariamente que el jamón que nos vamos a comer sea mejor, pero tampoco que sea peor. Generalmente se asocian a que el proceso de curación ha sido lo suficientemente prolongado como para que se formen esos cristales, aunque también se dan a veces en jamones de curación más rápida. Otros factores como el ph de la carne o subidas de temperatura durante la curación también favorecen que se formen cristales de tirosina.

En cualquier caso, estos puntos blancos son perfectamente comestibles, no afectan a la calidad del jamón y excepto en los casos en los que son más grandes, ni siquiera se notan al comerlo. 

Ojo, porque todo esto hay que descartarlo si los puntitos se mueven: en ese caso estamos ante un caso de ácarosTyrophagus putrescentiae y hay que limpiar la zona con grasa caliente del propio jamón, o tirarlo directamente.

Sí, la base de la fruta confitada es la fruta (pero no por eso es saludable)

En Navidad, una de las principales culpables de dividir en dos bandos a los golosos es la fruta confitada: o encanta, o repele. Nos habéis preguntado por este dulce, tan típico ahora que tenemos bien cerquita y a mano los roscones de Reyes. En concreto, dudáis si esta es realmente fruta, qué otros ingredientes y procesos sufre para obtener su característica textura y sabor y si es un postre saludable. Ojo, que aunque es cierto que su base es fruta de todo tipo, en su elaboración se utiliza gran cantidad de azúcar por lo que, nutricionalmente hablando, no es la opción más sana.

"Lo primero que debemos entender es que no todo lo que lleva fruta es saludable", recuerda a Maldita Ciencia el dietista-nutricionista Daniel Ursúa. "También hay que valorar el resto de ingredientes o método de elaboración. De forma resumida, para conseguir este dulce sustituimos prácticamente todo el agua presente en la fruta por almíbar", detalla.

Al reducir la cantidad de agua, se evita que puedan crecer patógenos en ella. "En este precepto se basan muchos métodos de conservación, ya que, sin actividad de agua, no hay vida", aclara Ursúa. De hecho, la fruta confitada se utilizaba originalmente como método de conservación de los alimentos: su prioridad era evitar la putrefacción de los víveres.

Lo que evita el crecimiento de los microbios culpables de que un alimento se pudra es la saturación de azúcar lo que, por otro lado, se vuelve también el gran inconveniente de este dulce. "Lo convierte en un alimento muy poco recomendable y de consumo muy ocasional", afirma Ursúa.

Para conseguirla, los trozos de fruta (preferiblemente madura y limpia) que harán de base para este dulce se dejan en remojo durante unas 24 horas en un lugar fresco. Posteriormente, se escurren, se cubren con agua y se lleva al fuego hasta que estas comienzan a flotar.

Según este artículo de Consumer, en el siguiente paso hay que tener especial cuidado con las proporciones. "En una cazuela hay que poner el mismo peso de azúcar que de frutas y la mitad del peso del azúcar de agua". Cuando el azúcar comienza a disolverse, se introduce la fruta que se retirará cuando la mezcla comienza a hervir. El almíbar, sin embargo, hierve hasta coger densidad, momento en el que se vierte encima de la fruta y se deja reposar durante 12 horas. Esta operación se repite hasta que la fruta ha absorbido todo el almíbar. Luego, se dejan secar a unos 50 ºC, para obtener su característica textura.

"Estas frutas confitadas pueden ser posteriormente glaseadas o escarchadas: las primeras con un recubrimiento uniforme y liso mientras que las segundas lucen ese aspecto de 'escarcha', en la que se han formado pequeños cristales, tan apetecibles", explica aquí David de Jorge, chef, y director y presentador del programa de cocina Robin Food.

En este otro artículo de la Guía Repsol puedes conocer más detalles sobre el proceso a gran escala.

No, no es recomendable utilizar las cabezas de las gambas para hacer caldo

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recomienda limitar el consumo de las cabezas de gambas y langostinos (y el interior del caparazón de los crustáceos) debido al cadmio. En Maldita Ciencia te lo hemos explicado aquí.

A raíz de ello, nos habéis preguntado por el fumet, el caldo de pescado en el que se utilizan estos restos, y si también es recomendable controlar su consumo, dada la cantidad del metal que contienen estos "ingredientes", en comparación con otras partes de los crustáceos (la carne blanca). La respuesta es que no es recomendable: aunque el riesgo es menor, el fumet o caldo hecho a base de estas sobras también es una fuente de exposición al cadmio.

"La recomendación (de la AESAN) indica 'limitar en la medida de lo posible el consumo de carne oscura', no hace más especificaciones", explica a Maldita Ciencia Beatriz Robles, tecnóloga de los alimentos y dietista-nutricionista, quien añade que, en principio, debemos evitar su consumo en cualquier forma.

"Dicho esto, en el fumet la concentración de cadmio va a ser muy inferior a la que habría en la cabeza, ya que estamos utilizando pocas piezas para un volumen de agua variable del que, al final, consumimos solo una parte. Es muy distinto que chupar cuatro cabezas de una sentada", especifica Robles. "Además, la solubilidad del cadmio en agua varía según la forma en que se encuentre", añade.

Recordamos que, en una prueba llevada a cabo durante 2009 y 2010 por la Comisión Europea, se puso de manifiesto que los niveles encontrados en la carne del interior del caparazón de los crustáceos eran altos y muy variables. "Por término medio, el contenido de cadmio en esta carne era de 8 miligramos por kilo, frente a los 0,08 encontrados en la carne blanca", explica la AESAN en este artículo. 

El contenido final de este metal que se obtendría al mezclar las partes comestibles, tanto de los apéndices (carne blanca) como de la cabeza (carne marrón), sería de 2,3 miligramos por kilo de media, lo que supone unas 30 veces el contenido de los apéndices.

En definitiva, y volviendo al fumet, según concluye Robles, el riesgo es menor que el de chuperretear directamente cabezas de gambas y langostinos o el de comer el interior de los caparazones de los crustáceos pero, desde luego, será una fuente de exposición al metal. Si quieres saber más sobre el tema, puedes echar un vistazo a este artículo de Robles.

El marisco con limón puede ser cuestionable, pero no es peligroso

Circula una cadena de WhatsApp en la que se advierte del supuesto peligro de mezclar vitamina C con marisco por el siguiente motivo:

“Alimentos, como el camarón contienen alta concentración de compuestos de potasio-arsénico 5. Estos alimentos por sí solos no son tóxicos para el cuerpo humano. Ahora bien, al ingerir vitamina C, el inicialmente no-tóxico potasio-arsénico 5 se convierte en el tóxico potasio-arsénico 3, también conocido como trióxido de arsénico, que es conocido como arsénico​”.

El mensaje viene aliñado con una dramática anécdota de una mujer fallecida en Taiwán por este motivo. Pero, ¿esto es verdad?

Pues no, se trata de un viejo bulo del que ya hablaban Antonio Ortí, periodista; Ana Palencia, química experta en nutrición y Raquel Bernácer, nutricionista, en el libro Comer o no comer, falsedades y mitos de la alimentación en 2013.

Os recomendamos leer la explicación completa, pero como resumen, os decimos que es verdad que, si se toma la mezcla en muy altas cantidades hace que el arsénico pentavalente del marisco se reduzca a arsénico trivalente, y que esta es una versión más tóxica del compuesto.

Pero también que, además de la necesidad de consumir ambos compuestos en cantidades enormes, de existir un riesgo de toxicidad sería a largo plazo tras un consumo continuado. No hay registro de que esto haya ocurrido nunca, en Taiwán ni en ningún otro sitio.

Así que puede que aliñar el marisco con limón sea un crimen culinario, pero no parece que vaya a matarte.

Las flores de Pascua, ¿solo florecen en invierno?

Otro de los temas que os inquieta esta festiva semana tiene que ver con una de las protagonista de los centros de mesa durante esta época: la flor de Pascua (también conocida como "nochebuena", "pastora" o "poinsettia"). Se ve que la echáis de menos el resto del año y nos habéis preguntado si solo florece en estas fechas. Sí que es cierto que son plantas de floración invernal, pero en la naturaleza son perennes y viven muchos años.

Aunque estamos acostumbrados a verlas en las tiendas solo en navidades, cuando se venden en plena floración, y solemos deshacernos de ellas al acabar las fiestas, podemos hacerlas reflorecer. De hecho, en su forma silvestre, se la puede encontrar todo el año en zonas de México donde es originaria.

Aunque así lo parezca, la llamativa coloración roja de la flor de Pascua no es parte de las flores. Estas son muy pequeñas, están dispuestas en unos grupos llamados ciatios y carecen totalmente de pétalos. Sin embargo, estos están rodeados de hojas modificadas (brácteas) que sí son de un vivo color rojo y sirven para atraer la atención de los polinizadores hacia las flores (pero, como decimos, no son parte de las mismas).

"La floración de la flor de Pascua está asociada a un cambio de la duración del día y la noche. Las flores y las brácteas rojas se consiguen tras una exposición de la planta a unos tres meses de días con poca luz (8 horas al día)", explica a Maldita Ciencia Rafael Medina, biólogo experto en taxonomía y filogenia vegetal.

De esta forma, yteniendo en cuenta la cantidad de luz recibida, los viveros y criaderos de todo el mundo consiguen que las macetas estén en plena floración y con las brácteas rojas justo a tiempo para las fiestas. "Pero, en teoría, controlando la cantidad de luz, se las podría hacer florecer en cualquier momento del año", añade el biólogo.

Aunque estamos acostumbrados a desechar las poinsettias al acabar las fiestas, según Medina es posible mantenerlas todo el año e incluso hacerlas reflorecer si se les da el cuidado necesario. "La mayoría de las poinsettias mueren tras unas semanas en interior debido a la falta de humedad o riego inadecuado pero, si se les da el cuidado que necesitan, sobrevivirán en interiores (aunque necesitarán un periodo de reposo en primavera, recibiendo menos riego)", detalla.

Para volverlas a hacer florecer en el siguiente periodo navideño, será necesario asegurarse de que reciben luz solo durante 8 horas diariasmanteniéndolas en la oscuridad total el resto del día durante los 2-3 meses anteriores. Aunque conseguirlo es más fácil en viveros e invernaderos dedicados al cultivo de plantas de interior para venta, "es posible hacerlo a nivel particular si se tiene buena mano con las plantas", alienta Medina.

¿Las jorobas de los camellos almacenan agua?

Decimos "las jorobas", en plural, porque es el camello quien tiene dos, frente a la única del dromedario: cuestión típica de Trivial ante la que seguro has dudado en alguna ocasión. Nos habéis preguntado por esta parte del animal y si realmente funciona como almacén de agua, de cara a evitar la deshidratación durante las largas jornadas de caminata por el desierto. La respuesta es no: las jorobas de los camellos no son una reserva de agua, sino de grasa.

Tanto camellos como dromedarios están adaptados para sobrevivir en condiciones climáticas de temperaturas extremas, tanto de calor, como de frío. Por eso presentan particularidades biológicas y fisiológicas que les permiten vivir en lugares en los que alimentarse e hidratarse se vuelve una ardua tarea.

"En contra de la creencia popular, la joroba no almacena agua, sino grasa; es decir, se trata de tejido graso o adiposo", explica a Maldita Ciencia Pablo Acebes, investigador del grupo de Especialistas en Camélidos Sudamericanos de la Comisión de Supervivencia de Especies de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. "Estas permiten a los animales tener el suficiente alimento durante varios días de viaje", añade Jaime Góngora, profesor en la facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Sídney (Australia).

De esta manera, la energía se reserva para momentos en los que no hay nutrientes disponibles. "Esta puede utilizarse en lugar de agua y comida", explica este artículo de Animal Diversity Web, una base de datos online sobre especies animales de la Universidad de Míchigan (EEUU).

"Las jorobas pueden llegar a pesar 30 kg. Cuando los camellos están un tiempo sin alimentarse, estas disminuyen e incluso llegan a caerse", afirma Acebes. De hecho, si vemos que están pequeñas, flácidas y ladeadas es porque el camello está 'tirando de reservas'. "Es decir, está obteniendo energía de la trasformación de ese tejido graso porque lleva días sin alimentarse", añade el experto. Gracias a ellas, son capaces de sobrevivir incluso dos semanas sin comer o beber. Además, al mantener la grasa localizada en esta zona, deja el resto del cuerpo libre de ella, lo que facilita la disipación de calor.

Otras de las adaptaciones de estos animales a los entornos áridos es la presencia de un grueso pelaje, que les protege de la insolación. También es otro de ejemplo de su adecuación a las condiciones adversas la reducción de las pérdidas de agua, ya que sudan poco y prácticamente no jadean y la producción de orina escasa y muy concentrada. Además, tienen la capacidad de ingerir grandes volúmenes de agua en muy poco tiempo (más de 100 litros en pocos minutos), para aprovechar las ocasiones en la que esta está disponible de cara a un periodo de escasez.

¿Qué ocurre con ese agua, si hemos dicho que no se almacena en las jorobas? La respuesta está en su sistema circulatorio. "Los camellos son capaces de acumular grandes cantidades de agua en su sangre o torrente sanguíneo. Son como esponjas", indica Acebes.

Los glóbulos rojos de los camellos son ovalados, no en forma de disco. "La forma elíptica les permite fluir y penetrar en los más recónditos capilares, incluso en situaciones de alta deshidratación", explica en este artículo Juan Pascual, veterinario y divulgador.

"Yo no como eso, que tiene aditivos"

En un intento por comer más sano, hay mucha gente que renuncia a algunos alimentos por la preocupación en torno a los aditivos alimentarios y el daño que pueden causar. El desconocimiento y cierta quimiofobia pueden llevarnos a pensar que esas sustancias químicas que se añaden a los alimentos procesados son de alguna forma peligrosos o dañinos.

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Pero en realidad, los aditivos son sustancias seguras que pasan estrictos controles sanitarios y cuyas cantidades se controlan para asegurarse de que están muy por debajo de aquellas en las que podrían resultar un riesgo para la salud. Es decir, que no es algo tenga un impacto negativo en nuestra salud (a no ser que algunos nos los comiésemos a cucharadas, que no parece ser el caso).

Sin embargo, como ya hemos comentado en algunos artículos sobre estas sustancias (aquí cuando hablamos del turrón de lacasitos Mercadona, que dio pie a un post de Facebook viral, aquí al resolver algunas dudas sobre el glutamato), sí es cierto que algunos de los alimentos que llevan aditivos no son precisamente sanos: suelen ser ultraprocesados con alto contenido en azúcar, sal, grasas poco saludables...

Es decir, que el problema no son los aditivos, que son seguros, sino los alimentos que los suelen llevar, que son poco saludables. 

"Un poquito de alcohol no hace daño"

Desde el vino con la comida hasta el "una al año no hace daño", llevamos décadas subestimando el efecto negativo del alcohol en nuestro cuerpo, e incluso dándole un barniz de hábito saludable. Ya sabéis, la famosa copita diaria de vino tinto que es buena para el corazón.

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No parece ser cierto. Cada vez más estudios sugieren que incluso el consumo moderado de alcohol es perjudicial para el organismo. Los antioxidantes que pueda contener esa copita de vino y sus efectos beneficiosos para el sistema cardiovascular palidecen al compararse con la toxicidad del alcohol y su efecto perjudicial sobre la salud.

Hablamos de este tema en profundidad aquí. Así que bebe si quieres pero no te excuses con que es saludable, porque no cuela.

Lotería de Navidad, el "impuesto de los que no saben matemáticas"

Con suerte algún maldito estará leyendo este artículo con el Gordo recién tocado. Si es el caso, ¡enhorabuena! Y si no, recuerda que lo importante es la salud. 

La salud, y las matemáticas. Porque aunque todos nos merecemos soñar, es importante no llevarse a engaños con la estadística. Por ejemplo, pensando que tenemos más probabilidades de ganar si compramos en el sitio donde compra todo el mundo. Pero la probabilidad no funciona así: cada número tiene exactamente la misma probabilidad de salir, sea el que sea y se compre donde se compre. Lo que ocurre es que si una administración vende más números que las demás, es más probable que salga un número vendido allí. Vamos, que los que se están forrando son los dueños de la administración de lotería, y no sus clientes.

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A la hora de elegir el número a jugar también hay que aclarar algunos conceptos. Por ejemplo, que jugar siempre el mismo número, o jugarlo a la Lotería de Navidad y luego a la del Niño, no aumenta las probabilidades de que toque, ya que la probabilidad no se acumula. Cada número tiene siempre las mismas probabilidades de salir. Lo mismo ocurre con un número que ya se haya llevado el Gordo en años anteriores: eso no hace menos probable que vuelva a salir. 

Por último, y apelando a la precisión: la lotería no es un impuesto, pero sí una medida recaudatoria. La diferencia es que un impuesto es algo obligatorio, y jugar a la lotería es voluntario. 

¿Existió la estrella de Belén?

Otro clásico de las navidades es si realmente existió una brillante estrella de repentina aparición que guió a tres sabios "magos" de Oriente hacia el portal donde un niño acababa de nacer. La única referencia a este supuesto fenómeno astronómico la encontramos en algún que otro versículo de la Biblia. Teniendo esto en cuenta, ¿podría la ciencia explicar este suceso celestial?

"Si nos ceñimos a la explicación que aparece en el evangelio de Mateo, no, porque se dice que 'la estrella se movió ante los Reyes Magos, hasta que se colocó sobre el lugar en el que se encontraba el niño'. No hay ningún objeto conocido que pueda comportarse así, y por tanto, al menos con la descripción literal, no habría nada que se pudiese hacer", explica a Maldita Ciencia Álex Riveiro, experto en astronomía y divulgador científico.

"Pero Mateo no vivió la Natividad en primera persona, así que es posible que simplemente se tomase una licencia artística. En ese caso, hay algún fenómeno que podría encajar, pero ninguno de forma perfecta", puntualiza.

Para investigar sobre los posibles fenómenos astronómicos con los que esta estrella tan especial podría corresponderse, la ciencia echa mano de distintas técnicas. "Tenemos dos herramientas que nos pueden ayudar", explica en este vídeo Javier Santaolalla, ingeniero, doctor en Física de partículas y divulgador. "Una son los escritos de la época y, la segunda, el software de reconstrucción", indica.

El físico continúa explicando que, dado que los astros siguen las leyes de Newton, podemos dar marcha atrás con mucha precisión y colocar el cielo tal y como estaba en el momento en el que más interesante se habría puesto el panorama en el portal de Belén (o, al menos, en el intervalo en el que las investigaciones sugieren que podría haber nacido Jesús, entre los años 7 y 4 a.C.).

En un primer momento, se pensó que podría haber sido una estrella fugaz, pero su duración en el firmamento fue demasiado breve. Además, estas eran algo con lo que cualquier persona que observase el firmamento en aquella época estaría plenamente familiarizada. "Los tres Reyes Magos, que además eran astrólogos, no le habrían dado un significado especial. Por lo menos no como para lanzarse a vagar por el desierto (¿por qué esa estrella fugaz y no otra?)", plantea Riveiro.

Para proponer candidatos válidos que pudiesen demostrar la existencia del fenómeno, según Santaolalla, necesitamos hechos extraordinarios, sucesos que pudieran haber roto la armonía celeste de ese momento, como cometas o supernovas. "Hay algunos que podrían encajar, pero solo parcialmente", afirma Riveiro.

Al rebobinar en el tiempo, no se han encontrado ejemplos de cometas o supernovas durante las fechas indicadas. "Estas posibilidades se han descartado porque las crónicas contemporáneas chinas y coreanas no mencionan eventos tan singulares en la época adecuada, cuando son prólijas en la descripción de este tipo de eventos", explica a Maldita Ciencia Juan Antonio Belmonte, investigador del Instituto Astrofísico de Canarias.

La última opción, según Riveiro y Santaolalla, es que quizá se tratase de una conjunción de Júpiter, Saturno y Marte sobre la constelación de Piscis, entre los años 7 y 5 a.C. El punto a favor es que, para los astrólogos, estas tenían un importante significado y que, según algunas interpretaciones astrológicas, el Mesías aparecería en una conjunción de Júpiter y Saturno sobre Piscis.

"Además, fue un suceso de especial claridad en la región del Mediterráneo, y, por si fuera poco, sería visible mirando en dirección sur, justo la que va de Jerusalén a Belén, lo que podría marcar el camino de los Reyes Magos de Oriente", indica Santaolalla.

Aunque este podría ser el origen de la leyenda de la estrella de Belén, tenemos muy pocos datos para confirmarlo. Belmonte coincide: "Nadie, aparte de Mateo, menciona este evento y la forma en que lo describe (guía en el camino de ida, parada sobre el portal de Belén y guía a la vuelta), es físicamente inviable".

"No me atrevería a decir que estas explicaciones se consideren seriamente: no está claro que la estrella de Belén sucediese realmente", opina Riveiro. Si realmente fue así, añade, ninguno de los fenómenos encajaría con la descripción original. "Si entendemos que es una licencia artística, los registros astronómicos que han llegado hasta nuestro día no apuntan a ningún fenómeno obvio que pudiese encajar", resalta.

"En cualquier caso, sigue siendo la hipótesis más plausible", indica Santaolalla. Si quieres saber más sobre esta y otras teorías acerca de la estrella de Belén, puedes echar un vistazo a este artículo de Snopes.

Primera fecha de publicación: 31/12/2019.


Primera fecha de publicación de este artículo: 31/12/2019

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