Maldita Ciencia
04/03/2020

Sí, tanto la alimentación como algunas enfermedades pueden influir en el olor de la orina

Os habéis fijado en que, al comer espárragos, el olor de la orina cambia, volviéndose más desagradable y fuerte. Lo mismo sucede cuando estamos deshidratados, al estar más concentrada, o si sufrimos determinados síndromes, como el síndrome de olor a pescado. El olor de la orina depende de la cantidad y concentración de los distintos residuos excretados por los riñones.

Por norma general, y según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, si ingerimos el líquido suficiente y mantenemos un estilo de vida saludable, la orina no tiene por qué presentar un olor fuerte. Aun así, el artículo hace hincapié en que la mayoría de los cambios en su olor no tienen por qué ser una señal de enfermedad (y, de hecho, desaparecen con el tiempo). "Algunos alimentos y medicamentos, entre ellos las vitaminas, pueden afectar el olor de la orina", explican, y ponen como ejemplo, de nuevo, el caso de los espárragos.

No obstante, hay algunas afecciones que también pueden influir en el cambio de su olor. Según la Clínica Mayo, algunas de estas pueden ser la cistitis, la cetoacidosis diabética, trastornos metabólicos o diabetes tipo 2.

Una de las enfermedades metabólicas que puede interferir en el olor de la orina, pero también del sudor, es la trimetilaminuria, más conocida como el síndrome de olor a pescado. La responsable del mal olor característico de este síndrome es la trimetilamina, el resultado de la degradación por parte de las bacterias intestinales de un nutriente denominado colina, del que te hablábamos aquí.

Por otro lado, la colina, indispensable para el correcto funcionamiento de nuestro organismo, la incorporamos, principalmente, a través de alimentos como los huevos, en vísceras de pollo y ternera, las semillas de mostaza y la soja cruda. Hay otros alimentos que directamente inhiben la actividad de la enzima FMO3 (responsable de metabolizar la trimetilamina), como coles de Bruselas, brócoli, repollo, coliflor, guisantes, judías, espinacas o alubias

Teniendo en cuenta estos factores, y a través de la dieta, se puede tratar de disminuir su impacto sobre el olor corporal. Sin embargo, hay que hacer hincapié en el peligro que supone eliminar o limitar en gran medida el consumo de alimentos ricos en colina, ya que esta es imprescindible para nuestro organismo. "La restricción de alimentos ricos en colina puede ocasionar daño hepático, neurológico e incluso podría aumentar la predisposición al cáncer, de ahí que ningún tipo de restricción esté recomendada en niños y embarazadas", indica este estudio.

Además del olor, en este otro artículo te explicábamos lo que significaba el color de cada orina, con la ayuda de los amigos malditos de Yo, doctor.

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