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13/11/2020

Cómo se viraliza una desinformación y cómo la frena el desmentido: el caso del bulo de González Laya y Bin Laden

Miércoles, 20:55h. Llega por primera vez a nuestro servicio de consulta por WhatsApp un audio en el que, supuestamente, la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, ha confundido al presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, con Bin Laden. A ese mensaje le sigue otro y otro, y para medianoche la supuesta metedura de pata de la ministra ha llegado 14 veces más.

A las 21:34h, 21:38h, 22:03h, 22:18h, 22:28h, 22:36h… Para el momento de publicación de este artículo, el bulo de González Laya nos ha llegado un total de 41 veces por la plataforma de mensajería. Incluso después de la publicación del desmentido y su difusión en redes sociales a las diez y cuarto de la mañana del jueves, las consultas continuaron llegando a WhatsApp hasta 20 veces.

Con esa recurrencia de consultas un desmentido se vuelve una prioridad: durante la noche del miércoles las consultas llegaban de media cada 6 minutos. Según nuestra metodología, no publicaremos un desmentido de un bulo que prácticamente no ha tenido impacto con el fin de no amplificarlo, excepto en las situaciones de peligrosidad: por ejemplo, en el contexto de la pandemia de coronavirus, en el que una desinformación puede terminar afectando a la salud de las personas.

Antes de llegar a Twitter, el bulo ya era viral en WhatsApp. Aquí se puede ver el número de veces que nos llegaron consultas por hora entre la noche del miércoles y el jueves. El desmentido se publicó a las 10:10 de la mañana del jueves:

Muchas veces, cuando el bulo llega a la plataforma pública ya es viral en la privada 

Muchas veces nos encontramos con desinformaciones que saltan entre las plataformas para llegar a un número mayor de personas. El problema es que en las públicas, como Facebook o Twitter, se puede llegar a rastrear cuando apareció por primera vez en la plataforma  una desinformación, pero no así en un entorno cerrado como WhatsApp, donde además las conversaciones están cifradas (ninguna compañía podría llegar a acceder a ellas).

Que no veamos una desinformación tener un gran impacto en una plataforma pública no implica que no lo esté teniendo en una privada y esté afectando a la ciudadanía.

Los análisis que hacemos en Maldita.es sobre estos datos se basan en las consultas que nos hace nuestra comunidad y el resto de lectores a través del chatbot de WhatsApp (+34 644 229 319),     que registra las recurrencias de los contenidos por los que nos han preguntado varias veces. Somos conscientes de que esta no es una fotografía exacta de lo que comparte la gente en sus espacios sino que están condicionados por lo que estas personas nos hacen llegar, pero a día de hoy esta es la única manera que tenemos los fact-checkers a nivel mundial de rastrear esas desinformaciones. 

Un análisis de la investigadora Mariluz Congosto, especializada en el análisis del discurso en Twitter, muestra como punto de inflexión en esa plataforma la mañana del jueves, una vez que el bulo empezó a difundirse más en ella, aunque en WhatsApp ya se había viralizado.

En el hilo señala que una vez que se puso a circular el desmentido, varios medios de comunicación se hicieron eco:

La implicación de una plataforma como Twitter da un nuevo rumbo al desmentido

Twitter también se posicionó de forma oficial con el desmentido de la ministra Arancha González Laya. Durante todo el día del jueves y primera hora de este viernes, mantuvo en la columna de “Qué está pasando” la verificación de los fact-checkers.

La implicación de una de las plataformas en las que se distribuye una desinformación también contribuye a que el bulo se pueda parar en seco, ya que no importa el motivo por el que entres a la red social, ya hay un incentivo para que veas antes el desmentido que el bulo y la información adicional de los fact-checkers.

Es un éxito que el impacto del desmentido sea mayor que la propagación del bulo 

Parte de la actuación de Maldita.es frente a la desinformación consiste en fomentar la difusión de los desmentidos entre la comunidad. Conseguir que la gente los comparta en sus plataformas o con sus amigos y familiares ayuda a viralizar la verdad, ya sea una vez que el bulo ha cogido carrerilla o en sus primeros pasos. En el mejor de los casos, el desmentido llegaría a la gente antes que el propio bulo, y de este modo quienes lo recibiesen ya contarían con herramientas para comprobar que no es cierto.

Según datos de la investigadora, obtenidos a partir del análisis de los tuits que mencionaban al bulo frente a los que compartían el desmentido, muestra que el desmentido “frenó drásticamente” la difusión del bulo en Twitter. A mediodía del jueves, más de 500 tuits enlazaban a los desmentidos de Maldita.es y otros verificadores, mientras que los que insistían con el bulo no llegaban a 100.

Como hemos señalado un poco más arriba, incluso una vez que el desmentido provocó ese parón en el alcance que sin él podría haber tenido esta desinformación, por WhatsApp continuaban llegando consultas sobre el tema: hasta 20 veces más durante el jueves.

En Facebook, el bulo se difundió con diferentes formatos, sobre todo texto y vídeo

En esta red social, el bulo de la ministra se difundió principalmente a través de vídeos que reproducían el audio falso junto a una imagen de González Laya o de la cartera que dirige. También a través de publicaciones en las que se acusaba a la ministra sin añadir más pruebas e incluso en posts que llevaban a enlaces de YouTube con el bulo.

Maldita.es, que participa en el programa de verificación de terceros de Facebook, detectó más de diez publicaciones con diferentes vídeos o textos que compartían el bulo con distintas caretas (o sea, que no se compartía solo un modelo con la desinformación).

Primera fecha de publicación de este artículo: 13/11/2020.

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