"No salgas durante el eclipse": cómo las teorías de la conspiración mezclan ciencia, superstición y desinformación ante el eclipse solar del 12 de agosto

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Durante el atardecer del miércoles 12 de agosto de 2026 tendrá lugar un eclipse solar total visible desde distintas zonas de España; algo que no ocurría desde 1912 y que no volverá a suceder hasta 2053. Aunque no es un fenómeno astronómico habitual, no por ello responde a explicaciones paranormales, espirituales o astrológicas, como proponen contenidos que circulan en redes sociales. Se trata de vídeos e imágenes que no difunden una única teoría, sino varias narrativas que se repiten con pequeñas variaciones y que mezclan fenómenos reales con explicaciones sin evidencia científica e incluso teorías de la conspiración: desde problemas neurológicos al observarlo, hasta mayor riesgo de maremotos o pérdida temporal de gravedad en la Tierra.

En realidad, los eclipses son fenómenos conocidos, estudiados y cuyo origen, en el caso del que viviremos el próximo 12 de agosto, es la Luna ocultando totalmente el Sol visto desde la Tierra. La única precaución necesaria en este contexto es protegernos la vista: observar el eclipse sin filtros adecuados puede causar daños oculares (comprueba que tus gafas cumplen la norma internacional ISO 12312-2).

El eclipse total del próximo 12 de agosto está generando una oleada de publicaciones repletas de desinformación y teorías de la conspiración en redes sociales. Muchas de ellas comparten un objetivo: advertir al resto de usuarios de los supuestos peligros que supone observar o incluso salir a la calle en el momento en el que ocurra el fenómeno astronómico, por las supuestas “consecuencias espirituales” y neurológicas que este podría general o incluso porque el eclipse, dicen, formaría parte de un supuesto plan de control por parte de las élites.

Los eclipses son fenómenos astronómicos predecibles que pueden generar cambios ambientales temporales sobre los que la ciencia hace años que tiene respuesta. Porque sí: durante un eclipse total puede que la temperatura descienda ligeramente. Y sí, está claro que disminuye la luminosidad. También se ha observado que algunos animales pueden modificar temporalmente su comportamiento. Pero nada de esto ocurre por cambios energéticos, alteraciones neuronales, apertura de portales, posesiones o rituales, como señalan estas publicaciones. Además, la alineación entre el Sol, la Luna y la Tierra no tiene relación con catástrofes naturales, pérdida de gravedad o supuestos efectos sobre la conciencia. El cóctel de datos ciertos con explicaciones falsas facilita que algunas teorías de la conspiración parezcan creíbles, aunque sus conclusiones no tengan respaldo científico. 

Del eclipse como fenómeno astronómico al supuesto “peligro espiritual”

Parte de estos contenidos advierten sobre los supuestos peligros espirituales que, dicen, estarían asociados a los eclipses. En lo que se basan la mayoría es que, al encontrarse el Sol cubierto por la Luna, ocurriría “una apertura a nuestra oscuridad interna”, “al caos” y al bajo astral (en teoría, un nivel de existencia caracterizado por la presencia de energías negativas). 

Otras publicaciones recomiendan no mirar al Sol durante el fenómeno (ni usando ni sin usar las gafas adecuadas) y poner en práctica ciertas medidas de protección (desde cubrirse la cabeza “con un gorro blanco” hasta cambiarse inmediatamente de ropa o “bañarse después del evento”). También se mencionan, vinculados a este fenómeno, el satanismo, la apertura de portales, los conflictos religiosos, las crisis económicas y otros acontecimientos catastróficos. 

Ejemplo de contenido que circula en TikTok

Estas afirmaciones forman parte de mitos y creencias que han acompañado a los eclipses a lo largo de la historia. Como ya explicamos en Maldita.es, diferentes culturas han buscado en mitos y supersticiones explicaciones para este fenómeno. Por ejemplo, para el hinduismo, los eclipses son causados por el demonio Raju. En México, los mayas defendían que el origen de los eclipses era que las xulab, unas hormigas míticas; seres malignos o incluso el propio diablo devoraban al Sol. Algo parecido sucedía en la antigua China, donde se creía que un dragón devoraba el sol y que, para espantarlo, era necesario tocar tambores y arrojar flechas. 

El eclipse como presagio político y como instrumento de control 

El fenómeno astronómico también está siendo objeto de teorías sin pruebas que mezclan la astrología con la política y con supuestos planes de control social. Algunos de estos contenidos señalan que el eclipse “traerá tiempos convulsos” ya que estos tendrían la capacidad de afectar a los países sobre los que se producen. Relacionan el evento del próximo 12 de agosto en España con riesgos potenciales para “la monarquía y la Corona” o “Pedro Sánchez y la presidencia”, entre otras cosas, al suponer el eclipse “un adelanto de elecciones”

Captura de pantalla del texto que acompaña a uno de estos contenidos 

También circulan vídeos que aseguran que el interés por parte de medios de comunicación e instituciones oficiales de que la población observe el eclipse formaría parte de un supuesto plan de las élites, especialmente del Gobierno de España, para controlar a la población (“Claro, como Pedro te lo dice…”). Parte de estas publicaciones afirman que el hecho de recomendar gafas especiales, desarrollar una aplicación que permita al usuario localizar el eclipse o incluso recomendar una playlist para acompañar el fenómeno serviría “para alterar la conciencia” y hacer que la población “mire en la dirección que [ellos, las élites] quieren” y conseguir directamente los datos y la localización del usuario. 

A lo que se refieren estas publicaciones es al visor web lanzado por el Gobierno de España, a través del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (MICIU) y en colaboración con la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT). Este ofrece a la ciudadanía una herramienta para, en función del lugar en el que nos encontremos, localizar el mejor sitio posible para ver el eclipse.

Parte de las publicaciones incorporan narrativas conspirativas que ya habían aparecido vinculadas a otros acontecimientos recientes. En ellas se mezclan referencias a la pandemia de COVID-19, la DANA, la teoría de los chemtrails (estelas químicas) o el programa HAARP. En estos mensajes, el eclipse deja de ser un fenómeno astronómico aislado y pasa a formar parte de un supuesto plan más amplio en el que instituciones, gobiernos o “élites” tendrían un papel oculto. Así, la recomendación de utilizar gafas adecuadas para observar el Sol se compara con las campañas de vacunación contra la COVID-19 y se interpreta como una estrategia para controlar el comportamiento de la población.

Advertencias sobre el eclipse y sus supuestas consecuencias sobre el sistema nervioso 

Parte de las publicaciones que se hacen eco de afirmaciones desinformadoras sobre el eclipse mencionan los supuestos efectos sobre la salud que supondría el fenómeno astronómico. Especialmente, las supuestas consecuencias sobre “el sistema nervioso y las conexiones neuronales”. Algunos de ellos lo relacionan incluso con afirmaciones desinformadoras sobre las vacunas contra la COVID-19 (“se van a filtrar códigos de manipulación neuronal y para los vacunados que tenéis las esencias metidas ya a nivel nanofrecuencia”). Para evitar los supuestos riesgos, recomiendan, entre otras cosas, beber agua de mar (una recomendación dañina para la salud). 

No existe ninguna evidencia de que los eclipses, totales o parciales, solares o lunares, tengan impacto ni en el sistema nervioso ni en la salud, en general (salvo a la vista si no se toman las precauciones necesarias). 

Ejemplo de contenido que circula en TikTok

Otros contenidos señalan a la oscuridad a causa del eclipse solar como el detonante de estos supuestos problemas de salud, apelando a lo que “la ciencia sabe sobre cómo la luz influye directamente en nuestro cerebro, en nuestros ritmos biológicos y en nuestro estado de alerta”. En teoría, señalan, al cambiar la luz de forma brusca, “el organismo responde”. A pesar de que la luz y la oscuridad sí influyen en nuestra salud, no lo hacen de esta manera: el ciclo sueño-vigilia está influido por la luz, pero responde principalmente a la exposición mantenida durante horas, no a unos pocos minutos de oscuridad. Es decir, aunque un eclipse solar pueda producir unas condiciones lumínicas parecidas a un atardecer repentino, la evidencia disponible indica que su duración es demasiado corta como para afectar de forma clínicamente relevante nuestro reloj circadiano.

Como recordaba a Science Media Centre España (SCM) Javier Armentia, astrofísico y exdirector del Planetario de Pamplona, en el último gran eclipse norteamericano, el del 8 de abril de 2024, se publicaron artículos referidos a personas que se habían sentido mal, con dolores de cabeza que no se quitaban, alteraciones del ciclo menstrual en mujeres, náuseas... Estos síntomas los agruparon bajo el nombre de eclipse sickness (enfermedad del eclipse), “una enfermedad que no existe y que no tiene ninguna base científica”.

Ejemplo de contenido que circula en TikTok

“A menudo, al escuchar que los ojos pueden sufrir daños si se mira al Sol parcialmente eclipsado sin un filtro adecuado, la comprensión incompleta de esa información nos lleva a preocuparnos de que el eclipse sea, en general, peligroso por razones que no quedan claras”, añade a SMC España el astrónomo Edwin Charles Krupp, director del Observatorio Griffith (Los Ángeles, Estados Unidos).

El eclipse como anuncio de catástrofes: desde maremotos a pérdida puntual de gravedad 

Parte de estos contenidos relacionan el eclipse con una mayor probabilidad de fenómenos naturales, como tsunamis y maremotos e incluso la pérdida momentánea de gravedad en la Tierra. Sin embargo, por su naturaleza (el resultado de una alineación geométrica entre el Sol, la Tierra y la Luna), estas afirmaciones no tienen sentido científico ni respaldo en la evidencia. Como explica Teresa Paneque, astrónoma, divulgadora y profesora de la Universidad de Michigan (Estados Unidos), “esto es algo que se ha estudiado estadísticamente y no se ha encontrado una correlación entre la ocurrencia de eclipses solares o lunares y la de terremotos o maremotos”. 

Paneque recuerda que, para que un objeto celeste pudiese producir un terremoto o un maremoto en la Tierra, este debería ejercer gran fuerza gravitacional sobre el planeta y esto, durante los eclipses, no ocurre. “El cuerpo celeste que más nos afecta, además del Sol, es la Luna: un objeto pasivo que está lo suficientemente cerca de la Tierra como para producir perturbaciones dinámicas en los comportamientos de lo que ocurre sobre nuestra superficie”, recuerda. ¿Tenemos alguna pista de que esto sea así? La tenemos: se puede observar en los momentos de luna llena y luna nueva (cuando el efecto de la Luna es mayor) que producen las mareas altas. Por el contrario, durante las fases creciente y menguante del satélite, se dan mareas bajas. “No es solo la Luna la que está produciendo estos efectos, sino que es el hecho de que cuando tenemos luna llena y luna nueva, la fuerza gravitacional de la Luna se alinea más o menos con la del sol: ambos astros están ‘tirando a la Tierra’ en el mismo eje”, explica la experta. Y el eclipse solar se produce precisamente en un momento de luna nueva (alineación del Sol, la Luna y la Tierra). 

Paneque subraya que la única diferencia entre lo que ocurrirá el próximo 12 de agosto y el resto de noches de luna nueva durante todos los meses del año es que, en el caso de un eclipse solar, la Luna queda alineada entre el Sol y la Tierra. Esto le va a permitir a la Luna cubrirlo pero, gravitacionalmente, el ‘tirón’ que se va a estar ejerciendo sobre la Tierra es prácticamente el mismo que sentimos todos los meses: “No hay una mayor fuerza gravitacional y, si la hay, supondría una diferencia extremadamente pequeña. No es lo suficiente como para producir un terremoto o un maremoto”. 

Sobre los contenidos que hablan de una posible pérdida de gravedad terrestre durante este fenómeno astronómico, se trata de una afirmación que circula, al menos, desde diciembre de 2025, cuando un usuario de Instagram (cuya cuenta ya no está disponible) compartió que “el 12 de agosto de 2026, el mundo perdería gravedad durante 7 segundos”, que “la NASA lo sabría” y que la propia agencia “se estaría preparando, sin decir el porqué”. Esta afirmación se atribuía a un supuesto documento secreto de la NASA, llamado Proyecto Anchor, que se habría filtrado en noviembre de 2024. Sin embargo, no hay evidencias ni rastro de un documento o un proyecto similar. 

Captura de pantalla de la publicación original sobre el supuesto “Project Anchor”

Preguntada al respecto, la NASA señalaba en enero de 2026 al verificador Snopes que la única forma en la que la Tierra podría perder gravedad sería que el sistema terrestre (la suma de su núcleo, manto, corteza, océanos, agua terrestre y atmósfera) perdiera masa. “Un eclipse solar total no tiene un impacto inusual en la gravedad terrestre. La atracción gravitatoria del Sol y la Luna sobre la Tierra, que no afecta la gravedad total terrestre, pero sí las fuerzas de marea, se comprende bien y se puede predecir con décadas de antelación”, añadían.