El objetivo del documento, según señalan los autores, es “contestar a la pregunta de si el mundo es más seguro de lo que lo era hace una década”. Según concluyen, la evidencia es clara: “Las repercusiones sanitarias, económicas, sociales y políticas de las emergencias sanitarias no han disminuido, y en áreas importantes están aumentando”. Además, subrayan que las reformas no han seguido el ritmo del creciente riesgo de pandemia; “el mundo aún no es significativamente más seguro”, añaden.
Como consecuencia de ello, el informe señala que “es probable que en la próxima década se intensifique la aparición y amplificación de amenazas infecciosas” [pág. 18] y menciona un futuro en el que “las pandemias y otras emergencias de salud pública podrían volverse más frecuentes, más disruptivas y más difíciles de gestionar” como consecuencia de “un mundo más vulnerable, más incierto y marcado por la disminución de la confianza y el aumento de las desigualdades” [pág. 5]. Entre los posibles factores involucrados, menciona “el cambio climático, los cambios demográficos y la volatilidad geopolítica”. “Las conclusiones de este informe ofrecen una clara advertencia de que un impulso sostenido es esencial para evitar que la preparación retroceda”, subrayan los autores.