En palabras del psiquiatra Ronald W. Pies en la revista médica Psychiatric Times, para establecer un diagnóstico clínico es necesario un examen personal directo del paciente. "Un diagnóstico que pretende ser un diagnóstico clínico pero que no incluye un examen directo del paciente es una contradicción en sí misma", añade, coincidiendo con la evidencia científica actual disponible.
Según explicaban en una conferencia previa a la publicación del libro en abril de 2017 dos de sus autores, James Gilligan y Robert Lifton, lo que pretendían no era proponer un diagnóstico exacto del presidente, sino realizar una “evaluación de peligrosidad” para la que aseguraban “no necesitar una entrevista privada”. Y añadían que para valorar el riesgo de violencia de una persona, los datos más fiables proceden del historial de comportamiento observado, por ejemplo, en sus actos públicos y sus declaraciones.
Durante la conferencia, organizada por la psiquiatra Bandy Lee en la facultad de medicina de la Universidad de Yale (Estados Unidos), se debatió si la responsabilidad profesional médica incluía o no el “deber de advertir” (duty to warn) a la población sobre “la posible peligrosidad de un líder”, al contrario de lo que indica la regla ‘Goldwater’, cuando “los síntomas mentales en una posición de poder podrían amenazar la seguridad nacional y mundial”, afirmaban.
Tras concluir que en el caso del presidente Trump, su “deber moral y cívico de alertar a Estados Unidos prevalece sobre la neutralidad profesional”, Lee recopiló una serie de 27 ensayos elaborados por psiquiatras, psicólogos y “otros profesionales” sobre el estado de salud mental del presidente, que darían lugar a la primera edición del libro. Desde 2017, se han publicado cuatro ediciones más, recopilando la voz de más profesionales (50 en la última edición) que “alertan” sobre el supuesto estado de la salud mental de Trump.