Este es un resumen del documento, aunque puedes consultarlo completo al final de este artículo.
En mayo de 1965, desde el Consejo Federal para la Ciencia y la Tecnología enviaron un informe al asesor científico del presidente Lyndon B. Johnson diciendo que necesitaban estudiar “a gran escala” la física de las nubes y las precipitaciones para, “en el futuro”, poder suprimir el granizo y dispersar la niebla que impedía despegar a los aviones.
El 13 de septiembre, enviaron otro informe en el que indicaban que, gracias a su conocimiento de la atmósfera, habían logrado predecir la llegada del huracán Betsy, minimizando sus daños. Con esa justificación, proponían “explorar las posibilidades de la modificación del tiempo” de forma que en el futuro se pudiera incluso aliviar la fuerza de los huracanes, además de aumentar las precipitaciones, suprimir el granizo en zonas agrícolas o disipar la niebla, entre otras aplicaciones. “Llevará muchos años conseguir resultados significativos, pero estamos en posición de comenzar”, dice el informe.
Al día siguiente, Johnson acogió estas ideas y aceptó “avanzar” en la cuestión, según los documentos desclasificados en 2003.
En octubre, otra comunicación entre dos funcionarios de instituciones científicas adjunta copias de estas cartas y muestra que el presupuesto federal total para investigar la modificación del tiempo ascendía a cinco millones de dólares ese año, con visos de duplicarse para 1967.
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