El hantavirus es un virus zoonótico con variantes que pueden transmitirse a humanos a partir de aerosoles procedentes de la orina, heces o saliva de roedores o por el contacto con superficies, alimentos o agua contaminados, según detalla la presidenta de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), Maria João Forjaz. Ahora bien, “no es un virus de transmisión comunitaria, nada que ver con la COVID-19”, añade a SMC Salvador Peiró, epidemiólogo.
Solo se han documentado casos de contagio de persona a persona en una de sus cepas, el virus Andes (la detectada en el crucero MV Hondius) y, aun así, ocurre “en circunstancias extremadamente raras” y “en situaciones de contacto muy estrecho e intensivo”, según explica a SMC España Liam Brierley, investigador del Centro de Investigación Viral del MRC-Universidad de Glasgow, de la Universidad de Glasgow (Reino Unido). “Los brotes donde ha llegado a sostenerse una transmisión terciaria, es decir, el que un caso haya infectado a otra persona y esta a otra, son contados”, añade Adrian Hugo, portavoz de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública y Gestión Sanitaria.
Aunque la emergencia pueda recordar a los inicios de la crisis del coronavirus, Marc Carrascosa-Sàez, experto en virología y maldito que nos ha prestado sus superpoderes, aclara que la transmisibilidad del hantavirus es “bastante menor” que la del SARS-CoV-2 si atendemos al número de casos secundarios que genera. “Las cadenas de transmisión no suelen ser prolongadas” y añade que no existe evidencia de que el virus sea eficiente transmitiéndose por vía aérea.
El hantavirus tiene una tasa de letalidad más elevada que el SARS-COV-2. En Europa y Asia oscila entre menos del 1% y el 15%, pero en América puede llegar hasta el 50%, frente al 0,9% del SARS-COV-2 (7,1 millones de muertes entre diciembre de 2019 y finales de 2025). Pero en impacto global, de SARS-COV-2 se detectan muchos más casos (780 millones en todo el mundo desde 2019). En cambio, se detectan muchos menos casos de hantavirus (entre 10.000 y 100.000 casos anuales). Es decir, aunque su tasa de letalidad es mayor, el hantavirus es mucho menos contagioso que el SARS-CoV-2.
En el caso del brote actual, Carrascosa explica que el hecho de que se haya producido en un entorno aislado como un crucero facilita el rastreo de contactos y la reconstrucción de las cadenas de transmisión.
Ambos virus generan síntomas parecidos: fiebre, dolores musculares, afecciones respiratorias o síntomas gastrointestinales como náuseas, vómitos y dolor abdominal. Además, pueden causar enfermedades graves y, en casos severos, la muerte en humanos. Si bien la OMS no apunta qué secuelas pueden padecer los infectados por hantavirus, sí que detalla que el 6% de las personas infectadas con el virus de la COVID-19 desarrollan la condición pos-COVID, con síntomas duraderos de fatiga extrema, dificultades respiratorias o problemas de memoria.
En el ámbito de la prevención para el hantavirus, la OMS recomienda el control de roedores para reducir su contacto con las personas, mientras que para el SARS-COV-2 insta a la vacunación, al uso de mascarillas, al distanciamiento y a mejorar la ventilación en los espacios cerrados.
En Maldita.es estamos actualizando la información sobre el brote de hantavirus en este artículo.
En este artículo ha colaborado con sus superpoderes el maldito Marc Carrascosa-Sàez, experto en virología.
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