¿Prisa y Atresmedia negocian un pacto a través de varios de sus máximos dirigentes: Joseph Oughourlian y Mauricio Casals?
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El acercamiento entre Prisa y
Atresmedia levanta suspicacias
en el sector de la comunicación
español
Fernando Varela
Joseph Oughourlian, presidente de Prisa, y Mauricio Casals, consejero de Atresmedia. infoLibre
Desde hace semanas, en los despachos y redacciones del sector de
la comunicación español cada vez más personas se preguntan si
Prisa está negociando algún tipo de acuerdo con Atresmedia.
No existe constancia pública de ningún pacto, ni publicitario ni
empresarial. Pero los indicios se acumulan, y los protagonistas
desmienten solo a medias la buena relación que han fraguado los
dos grupos empresariales. Fuentes oficiales de Prisa, a preguntas de
infoLibre, aseguran que su relación con Atresmedia “es la normal”
que tienen “con colegas del sector”. Y que sus proyectos de aquí
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al año 2029 se resumen en el plan estratégico que la empresa
presentó hace unos días. Pero declinaron responder en detalle
preguntas directas sobre este asunto.
La expectación es comprensible. Prisa y Atresmedia representan
dos culturas editoriales y dos líneas ideológicas que han
competido durante décadas. La primera, propietaria de El País y la
Cadena SER, ha sido durante generaciones el faro del
centroizquierda mediático español. La segunda, con Antena 3, La
Sexta, y Onda Cero, ha construido su identidad en coordenadas
distintas. Un entendimiento entre ambas —de cualquier naturaleza—
tendría implicaciones que van mucho más allá de la cuenta de
resultados.
La primera señal de que ese entendimiento, pese a las explicaciones
oficiales, va más allá de lo “normal” entre “colegas del sector” es la
estrecha relación que han entablado, desde hace tiempo, Joseph
Oughourlian, presidente ejecutivo de Prisa, y Mauricio Casals,
hombre fuerte de Atresmedia en Madrid. Casals, conocido en el
sector con el apodo de “el príncipe de las tinieblas” por su legendaria
capacidad para presionar tanto a empresas como a instancias
gubernamentales, ha trabado con el hombre fuerte de Prisa una
sintonía que varios testimonios califican de cercana y de confianza.
El alcance de esa influencia tendría ya un precedente concreto y
significativo. Una fuente con conocimiento directo de la dirección
de Prisa atribuye al consejo de Casals la decisión de Oughourlian de
cancelar, hace ahora un año, el proyecto de un canal de TDT que el
grupo tenía avanzado. Esa cancelación no fue inocua: acabó
provocando una ruptura con los accionistas españoles de la
empresa, fractura que condicionaría el rumbo posterior de Prisa. Si la
versión es cierta, la influencia de Casals sobre el presidente del
grupo ha tenido consecuencias corporativas de primer orden.
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El segundo indicio de esa especial relación entre grupos
aparentemente rivales es más reciente y más concreto. El pasado
martes, en un reservado de un lujoso restaurante de Madrid, se
reunieron a comer Silvio González, vicepresidente ejecutivo de
Atresmedia y número dos de su máximo responsable, José
Creuheras; Javier Bardají, consejero delegado del grupo; Joseph
Oughourlian, presidente de Prisa; y Pilar Gil, consejera delegada de
Prisa Media, la división que aglutina El País y la Cadena SER.
Al más alto nivel
No es inusual que directivos de grandes grupos mediáticos se
reúnan. Lo llamativo es la composición de la mesa: los dos
máximos ejecutivos operativos de Atresmedia junto al presidente y la
principal gestora de los medios de Prisa. Una reunión de ese nivel no
es una visita de cortesía. Y el hecho de que se celebrase en un
reservado, lejos de los espacios habituales de representación, añade
una capa de discreción que nadie en el sector considera
circunstancial.
Hay un tercer elemento, citado por otra fuente consultada por
infoLibre, que expresa bien la orientación de Oughourlian. El
presidente del grupo propietario de la Cadena SER no oculta su
predilección por Carlos Alsina, la estrella de Onda Cero Radio,
propiedad de Atresmedia, en detrimento de Hoy por Hoy, el
programa estrella de su propia emisora, dirigido y presentado por
Àngels Barceló. Hasta el punto de sintonizar la emisora de Alsina
cada mañana.
Para entender el posible significado de estos movimientos hay que
situar a Oughourlian en el momento político y empresarial en que se
encuentra. Desde la ruptura con los accionistas españoles, el
presidente de Prisa ha emprendido un camino de afianzamiento
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personal en la empresa, a través de un blindaje con el fondo Pimco y
rechazando una oferta en firme de ampliación de capital que hubiera
dado el control del grupo al empresario Blas Herrero, propietario de
Kiss Radio, al que Oughourlian ha llegado a referirse públicamente
con desprecio.
El horizonte financiero de Prisa hasta 2029 está condicionado por
una arquitectura de deuda que vincula la viabilidad del grupo a la
continuidad de su actual presidente. El acuerdo alcanzado con
Pimco, poseedor de la mayoría de los tramos críticos de deuda,
incluye una “cláusula de permanencia” que actúa como un blindaje
operativo: cualquier movimiento accionarial destinado a destituir a
Oughourlian activaría un vencimiento anticipado de
aproximadamente 240 millones de euros.
Esta estructura convierte la figura del presidente en un activo
financiero en sí mismo, garantizando la paz con los acreedores a
corto plazo, pero limitando drásticamente la capacidad de
maniobra de la Junta General ante posibles cambios en la estrategia
de gestión.
En el juzgado
Esta personalización del riesgo crediticio ha trasladado la batalla por
el control del grupo a la arena judicial, concretamente al Juzgado de
lo Mercantil nº 18 de Madrid. Accionistas de referencia como Global
Alconaba han impugnado formalmente este blindaje, calificándolo de
“abuso de derecho” por condicionar la supervivencia de la
compañía a la estabilidad de un solo cargo directivo.
Aunque la justicia ha denegado medidas cautelares para evitar un
colapso financiero inmediato, el proceso principal sigue vivo y añade
un factor de incertidumbre jurídica a las perspectivas del grupo.
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Hasta 2029, Prisa opera bajo una suerte de “pacto de estabilidad
forzosa” donde la gobernanza corporativa queda subordinada a las
exigencias de sus acreedores institucionales.
A estas maniobras se añade el enfriamiento de la relación con el
Gobierno de Pedro Sánchez. El propio Oughourlian firmó en su día
un artículo en el que comparaba al presidente del Gobierno con
Franco, texto que cerró definitivamente cualquier puente de
entendimiento con La Moncloa. En ese escenario de aislamiento, la
búsqueda de un ancla de estabilidad —ya sea publicitaria o de otro
tipo— con un grupo del tamaño de Atresmedia adquiere una lógica
propia.
Oughourlian, sin embargo, insiste en que no tiene intención de
vender ni de despiezar el grupo. En esa línea acaba de presentar
un plan estratégico con el que pretende proyectar una imagen de
estabilidad y continuidad, al menos, hasta 2030.
El grupo Prisa cerró 2025 con una deuda neta de 757 millones de
euros. Es la segunda cifra más baja que ha tenido el grupo en años,
pero sigue siendo alta. De hecho, en 2025 aumentó en siete
millones, rompiendo la tendencia de 2024, cuando el grupo logró
recortar su endeudamiento en 82 millones de euros, pasando de
832 a 750 millones.
El plan estratégico presentado hace unos días fija dos objetivos que
hay que leer conjuntamente para entender la lógica financiera del
presidente de Prisa. El primero es alcanzar en 2029 un resultado
operativo —beneficio antes de intereses, impuestos y
amortizaciones— de 240 millones de euros anuales. El segundo es
que, para entonces, la deuda neta no supere tres veces ese
beneficio anual. Aplicando esa ratio al objetivo de beneficio, el techo
de deuda implícito en el plan tiene que situarse, en el plazo de tres
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años, en torno a los 720 millones de euros.
Expectativas modestas en deuda
La aritmética resultante es, a primera vista, modesta. Si la deuda
actual es de 757 millones y el objetivo para 2029 es estar por debajo
de 720 millones, el recorrido neto de reducción que los responsables
del grupo se han autoimpuesto es de apenas unos 40 millones en
cuatro años. Muy lejos de los 82 millones que el grupo redujo en el
ejercicio de 2024.
La explicación hay que buscarla en la voluntad de no reducir
agresivamente la deuda mediante la venta de activos o el recorte de
gastos, sino en hacer crecer el negocio. Lo que quieren cambiar no
es solo el volumen de la deuda, sino su peso relativo sobre la
capacidad de generación de dinero.
En ese sentido, el plan de Prisa ha sido presentado como una
apuesta por el crecimiento del negocio —fundamentalmente
digital, con la plataforma educativa Santillana y los activos de audio
como vectores principales— más que como un plan de austeridad
financiera al uso.
El camino implícito, si se traza una curva lineal entre el punto de
partida real y el objetivo declarado, sería una reducción gradual de
unos 10 millones de euros anuales: de 757 millones en 2025,
pasando por 745 en 2026, 735 en 2027, 725 en 2028, hasta llegar a
715 millones en 2029, ya por debajo del umbral que marca el propio
plan. Son cifras orientativas —Prisa no ha publicado objetivos de
deuda año a año— pero sirven para visualizar la pendiente que el
grupo considera manejable.
Hay dos matices que condicionan todo el escenario. El primero es
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que la ratio de deuda sobre beneficio operativo solo se sostiene si el
beneficio crece de forma efectiva hasta los 240 millones previstos.
Desde los niveles actuales, eso implica un crecimiento operativo
muy relevante que el plan da por posible pero que el mercado
juzgará conforme pasen los ejercicios. El segundo matiz es que el
grupo no dedicará todo el flujo de caja generado exclusivamente a
amortizar deuda: una parte irá a inversión para sostener
precisamente ese crecimiento que hace viable la ecuación.
Lo que el plan de Prisa promete a sus accionistas, y en particular a
sus acreedores, es una apuesta por hacer creíble que la
transformación digital del grupo no solo es real, sino que, en un
escenario de incertidumbre global, generará suficiente valor
económico como para resolver por la vía del crecimiento lo que
durante años no se pudo resolver por la vía de la reducción de
costes.
Si lo consigue, habrá salido de una de las espirales de deuda más
largas y complejas del periodismo europeo. Si no, los 757 millones
de euros de hoy seguirán siendo, dentro de cuatro años, el
problema central de un grupo que controla algunos de los activos
periodísticos más relevantes en español.
El riesgo de un cambio de orientación
En cualquier caso, las fuentes consultadas por infoLibre sostienen
que Oughourlian es perfectamente consciente de que un giro
editorial brusco hacia la derecha de El País y la SER sería
catastrófico para ambas marcas y para la audiencia de sus
medios. Pero las señales de que algo está cambiando en los
márgenes, de forma gradual y aparentemente calculada, se
acumulan.
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La incorporación de perfiles de derechas en las tertulias de la
emisora de radio del grupo, un espacio hasta ahora dominado por
voces de centroizquierda, no ha pasado desapercibida. También ha
generado comentarios la frecuencia creciente con que los
programas y contenidos de las cadenas de televisión de Atresmedia
reciben un tratamiento informativo más que favorable en las
páginas de El País.
Entre los últimos gestos que han llamado la atención está la decisión
de Prisa de autorizar al presentador estrella de Hora 25, Aimar
Bretos, uno de sus iconos periodísticos, a estrenar un programa en
La Sexta, la emisora progresista de Atresmedia, que desde hace
tiempo intenta buscar una fórmula que le permita recuperar la
confianza de la audiencia.
A muchos en el sector les ha sorprendido también la decisión de
abrir el suplemento Ideas de El País, hace apenas unos días, con un
artículo firmado por Carlos Rodríguez Braun, catedrático jubilado de
Historia del Pensamiento Económico de perfil netamente neoliberal,
dedicado a las bondades del liberalismo clásico y a la reducción al
mínimo del Estado. La pieza, por su ubicación y su tono, fue
interpretada por muchos como una señal de reposicionamiento
editorial que pocos esperaban ver en ese espacio.
El interés que suscita un posible alianza entre Prisa y Atresmedia
tiene que ver con las implicaciones relevantes para el pluralismo
mediático en España. Ambos grupos concentran activos muy
influyentes en distintos soportes —prensa, radio, televisión y
plataformas digitales— y su aproximación estratégica podría reducir
la diversidad real de actores con capacidad de fijar agenda
informativa.
Además, existen obstáculos estructurales: algunas de sus marcas
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compiten directamente en el mismo mercado, como Cadena SER y
Onda Cero en la radio generalista, lo que dificultaría una integración
operativa plena —aunque el precedente de Antena 3 y La Sexta
ofrece, al mismo tiempo, una solución–. Sin embargo, incluso sin una
fusión formal, la cooperación en áreas como la comercialización
publicitaria, la tecnología o la distribución de contenidos podría
generar sinergias significativas y aumentar el poder de mercado del
conjunto frente a otros grupos mediáticos.
Problemas regulatorios
Desde el punto de vista regulatorio y del pluralismo, el principal
riesgo estaría en la concentración de capacidad de influencia
informativa y publicitaria en un mercado ya muy concentrado. Las
autoridades europeas llevan años alertando sobre este fenómeno en
el ecosistema mediático, especialmente en países con pocos
grandes operadores nacionales.
“
Oughourlian fulmina a Pepa Bueno en ‘El País’ en vísperas de recibir
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una oferta de los inversores españoles
Ver más
”
En el caso español, donde unos pocos grupos dominan gran parte
de la audiencia en televisión, radio y prensa digital, un acercamiento
entre Prisa y Atresmedia podría reforzar posiciones dominantes
tanto en el mercado publicitario como en la formación de la agenda
pública. Por eso, cualquier acuerdo relevante estaría previsiblemente
bajo el escrutinio de autoridades de competencia como la Comisión
Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), y debería
cumplir con un marco normativo europeo orientado a proteger el
pluralismo y limitar concentraciones excesivas en el sector de los
medios.
Con todo, la pregunta más relevante de fondo es qué significaría
para la pluralidad informativa española que el grupo propietario de El
País y la SER estrechara lazos —de cualquier tipo— con Atresmedia.
Y también qué significaría para la independencia editorial de unos
medios cuya credibilidad ha descansado históricamente en su
distancia de los poderes económicos y en la coherencia de su línea
ideológica.
Oughourlian no vende. Eso dice. Pero en el sector hay cada vez más
quienes se preguntan si el grupo que preside está cambiando.
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