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Santa semana, maldita torrija: ¿Podemos sustituir el pan frito empapado en azúcar por una versión menos insana?

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Si hay un dulce típico de estas fechas no hay duda de cuál se trata: las torrijas. En Maldita.es no es la primera vez que ponemos el foco sobre ellas. De hecho, hemos hecho incluso un repaso histórico de los mitos que, generación tras generación, se han ido contando sobre ellas (como que era un postre recomendable para mujeres recién paridas, por ejemplo). 

Aprovechando que estos días es más probable que se te antojen ya que ahí están, mires donde mires, te explicamos por qué, a pesar de que existan versiones que se promocionan como ‘más saludables’, las torrijas no son un producto que deba formar parte de nuestra dieta habitual y por qué, si el consumo va a ser puntual, puedes decantarte por la que más te guste. 

¿Base de las torrijas? El pan y las harinas refinadas

Lo cierto es que el pan ha formado parte de la alimentación del ser humano durante siglos y que, aún hoy, los cereales que lo componen siguen siendo el sustento de gran parte de la población mundial.

Como ya explicamos en Maldita.es, las recomendaciones sobre cómo llevar una dieta saludable han pasado de proponer una alimentación a base de cereales en forma de pasta, arroz, y pan a una conformada principalmente por frutas y hortalizas.

En el caso de las guías alimentarias que han mantenido o mantienen este tipo de recomendaciones, como afirmaba a Maldita.es el dietista-nutricionista Juan Revenga, están formuladas en función de cómo se alimentaba la población en el siglo XX. “En su momento, tenía sentido (en especial por los hábitos y la actividad física de la población), ahora no”, señalaba el experto. 

Y, si por evolución en la mera rutina, el pan queda completamente descartado de las primeras posiciones de la pirámide nutricional, este alimento desciende aún más en la pirámide si hablamos de pan blanco, producido con harinas refinadas. 

Puestos a elegir, mejor el pan integral. Ahora bien, aunque sea una de las posibles variables con las que tratar de hacer más saludables las torrijas, no es suficiente. 

Pan con azúcar, ¿o azúcar con pan?

Este postre tiene un alto contenido en azúcar, lo que lo hace muy poco recomendable como componente habitual de nuestra dieta. Como ya hemos explicado en Maldita.es, el consumo de azúcar tiene múltiples efectos en la salud a corto, medio y largo plazo: de la resistencia a la insulina a la diabetes tipo 2, la obesidad e incluso el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares o incluso cáncer. 

Entonces, ¿interesa buscar un sustituto para endulzar? Miel, azúcar moreno, estevia, aspartamo u otros edulcorantes, dátiles... Intentando evitar los riesgos del consumo excesivo de azúcar se plantean distintas alternativas que repasamos en Twitch con el tecnólogo de los alimentos Miguel Ángel Lurueña.

Lo que nos contó fue que no por ser de origen natural son mejores la miel o el azúcar moreno, por ejemplo, sino que son bastante más parecidos al azúcar blanco de lo que nos gustaría admitir. Tampoco los edulcorantes artificiales son una solución perfecta, aunque sí tengan una menor carga calórica y un menor índice glucémico.

Uno de los principales problemas de su ingesta habitual, como ocurre con los potenciadores de sabor, es la alteración de nuestro sentido del gusto: al tener un poder edulcorante mucho mayor que el azúcar, aumentan nuestro umbral de dulzor, favoreciendo que solo los alimentos muy dulces (normalmente ultraprocesados y poco saludables) lo satisfagan. 

En realidad, lo ideal sería aprender a moderar el consumo de sabores dulces para que nos resultase suficiente dulzor el que se encuentra naturalmente presente en la fruta, por ejemplo. 

¿Es entonces buena idea innovar con la receta y buscar edulcorantes alternativos y menos perjudiciales? Es una opción, aunque los expertos señalan que lo mejor, en realidad, es hacer de su consumo algo disfrutable pero absolutamente puntual. 

¿Fritas o al horno?

Otras de las alternativas que se proponen para cocinar (o comprar) torrijas más ‘saludables’ es hacerlas al horno en vez de fritas. Además, como recuerda en El Comidista el dietista-nutricionista Aitor Sánchez, “al freír un alimento no solo se añade a su composición la grasa de fritura; se destruyen nutrientes y aparecen compuestos perjudiciales por altas temperaturas como acrilamida, aminas heterocíclicas o hidrocarburos policíclicos”. 

Ahora bien, tampoco cocinarlas al horno hará que el resultado sea sano como tal. Al fin y al cabo, el resto de variables se mantienen constantes. 

Efecto halo y cómo el creer que un alimento es saludable puede hacer que aumentemos su consumo

El problema que suponen las versiones ‘menos insanas’ de este y otros postres, al estar hechos de ingredientes más nutritivos, es que podemos llegar a subestimar la verdadera naturaleza del producto y que esto repercuta en un aumento de su consumo. 

Esta circunstancia se conoce como ‘efecto halo’ que, como explica la revista International Journal of Hospitality Management, es la circunstancia en la que la falsa sensación de llevar una alimentación saludable nos lleva a aumentar el consumo general, a que “los consumidores, inconscientes, coman en exceso y subestimen las calorías” y las características menos interesantes de este tipo de productos. “Al final acabamos realizando un consumo mucho más frecuente del que haríamos si optásemos por la opción más procesada”, resumía el dietista-nutricionista Daniel Ursúa en Maldita.es.

“Una receta puede confundirnos por el hecho de autodenominarse ‘healthy’ (saludable) y llevarnos a pensar que la podemos tomar sin ningún tipo de cuidado en cuanto a su cantidad y frecuencia, cuando no es así”, resumía la dietista-nutricionista Mariana Álvarez. 

Aumentar el consumo de estos productos desplaza el de alimentos verdaderamente saludables

Otro de los problemas si comemos más torrijas alegando que son caseras y, por tanto, más saludables que las de nuestro súper o pastelería de confianza es que la elección puede repercutir en el consumo de otros dulces o tentempiés que sí se consideran saludables. Es el caso de la fruta fresca o los frutos secos naturales o tostados. ¿Cómo? Reduciéndolo. 

‘Reducir’ no significa ‘prohibir’

Que no sea saludable, ¿quiere decir que debemos prohibirnos a toda costa esa torrija en fechas determinadas, como las actuales? Para nada.

La clave en el consumo de este tipo de productos, según explicaba a Maldita.es la dietista-nutricionista Adriana Oroz, está en el equilibrio: si lo reducimos a pequeñas cantidades y a momentos puntuales, dentro de una alimentación y una forma de vida saludable, no tienen por qué suponer un problema para la salud y, por lo tanto, no hay por qué renunciar a ellos completamente. 

Además, como añadía en Maldita.es Alfonso Méndez, psicólogo especializado en trastornos de la conducta alimentaria y obesidad, lo que nos prohibimos a la hora de comer se termina convirtiendo en deseo. Esto puede generar tal ansiedad que en el momento concreto que nos lo permitamos, acabemos por atiborrarnos del producto en cuestión en forma de atracón. “Acotar límites estrictos a la hora de comer puede generar una presión fisiológica y psicológica muy difícil de mantener'', recordaba Méndez. 

En palabras de Oroz, “en estas fechas, como en tantas otras celebraciones, lo más importante es disfrutar, y se puede hacer dentro de una alimentación y hábitos saludables.”

Este contenido es apoyado por la iniciativa “Alimentando el cambio” de DANONINO en el que Maldita.es colabora elaborando contenidos independientes según su metodología.


Primera fecha de publicación de este artículo: 14/04/2022

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