¿Los jóvenes no tienen tierras?
El 41,27% de los titulares de explotaciones (dueños o arrendatarios de la tierra) que además ejercían como jefes de explotación en España en 2020 tenían 65 años o más. Es decir, cuatro de cada diez jefes de explotación estaban en edad de jubilación o cerca de ella, según el último Censo Agrario (2020). Los menores de 25 años a cargo son prácticamente testimoniales, representando apenas el 0,49% del total (lo que se traduce en 3.649 personas en toda España). Si ampliamos el rango de edad hasta los 40 años, el total de los titulares no llega al 9%.
Ahora bien, este análisis presenta limitaciones estructurales: “Algunas tareas agrícolas se pueden realizar fuera del marco formal, especialmente en explotaciones familiares o pequeñas. La titularidad de las explotaciones permanece en ocasiones a nombre de personas de edad muy avanzada que ya no están activamente involucradas. Es habitual que figuren como jefes de explotación por razones administrativas (por ejemplo, por herencias no formalizadas), pero que en la práctica no trabajen activamente y que la gestión efectiva la lleve otra persona”, explican a Maldita.es tanto Rosa Gallardo Cobos, experta en Ingeniería Agrónoma, como Pedro Sánchez Zamora, profesor de Economía Agraria, ambos doctores por la Universidad de Córdoba.
Los datos reflejan que tanto la agricultura como la ganadería son profesiones “envejecidas”, una tendencia que afecta, no solo a los titulares, sino también a los trabajadores asalariados,como reflejan los análisis del Ministerio de Agricultura. De acuerdo con la Encuesta de Población Activa (EPA) del último trimestre de 2025 —el periodo estadístico más reciente—, menos del 5% de los ocupados en el sector agrario tenían menos de 25 años. La gran mayoría (66%) se sitúa en la franja de entre 25 y 54 años. El grupo de 55 años o más (28,70%) cuadruplica el total de jóvenes menores de 25 años (4,89%). Además, existe una brecha de género relevante: mientras que en el conjunto del sector las mujeres representan el 25,26% de los ocupados, en el grupo de menores de 25 años su presencia es proporcionalmente menor, alcanzando apenas el 0,97% del total de ocupados de esa franja de edad.
El envejecimiento del sector agrario no es único en España, pero sí es de los más señalados. En la comparativa europea de jefes de explotación mayores de 65 años, solo Portugal, Chipre e Italia superan a España. Según indica el Ministerio de Agricultura (MAPA) en su análisis de la juventud agraria, este envejecimiento va ligado al aumento general de la edad media de la población. De hecho, las previsiones del Instituto Nacional de Estadística (INE) señalan que, de mantenerse la tendencia demográfica, en 2050 el 31,4% de los españoles tendrá más de 65 años y el 11,6% superará los 80. A esta inercia natural se suma, añaden, la falta específica de relevo en las actividades del campo.
Tanto el Ministerio de Agricultura como la Unión Europea coinciden en que la falta de relevo generacional representa uno de los principales desafíos para el futuro del sector agroalimentario. Para abordarlo, la UE lo ha integrado como uno de los pilares en las reformas de la Política Agrícola Común (PAC), con la vista puesta en el marco 2028-2034. Esta estrategia busca armonizar los objetivos europeos con nuevos planes de colaboración a nivel nacional y regional. La UE ha propuesto formaciones adaptadas a jóvenes agricultores, una mayor implicación de éstos en la innovación, o el apoyo a la transferencia intergeneracional de propiedades o un acceso más fácil a las tierras abandonadas [págs 15 y 18]. En el caso de España, el Ministerio de Agricultura también cuenta con un plan estratégico para mejorar el relevo en el que se señala como uno de los principales obstáculos el acceso al arrendamiento o compra de tierra.
¿Por qué es tan importante –y tan difícil– poseer la tierra?
“El acceso a la tierra no es el único obstáculo, pero es fundamental cuando estamos hablando de una actividad productiva que se basa en el territorio”, explica a Maldita.es Lara Román, doctora en agroecología y coordinadora del Observatorio para una Cultura del Territorio. Dado que tanto la ganadería como la agricultura dependen del suelo para existir, Manuel Gallardo, especialista en políticas agrarias y maldito que nos ha prestado sus superpoderes, señala que la rentabilidad del sector está ligada a la superficie disponible.
Según el experto, una vez que el joven agricultor logra establecerse “se da cuenta que necesita más superficie para poder vivir y llegar a unas rentas dignas y lógicas para mantenerse porque, de lo contrario, se matará a trabajar por poco dinero, teniendo en cuenta que se necesita la misma dedicación a cinco hectáreas que a diez y seguramente se deberá ejercer otra actividad profesional". “Y ahí está el problema: adquirir más superficie o tierra de calidad es difícil”, añade Gallardo.
En lo que respecta al envejecimiento de los titulares de las explotaciones, se trata de un fenómeno multicausal. En Maldita.es hemos consultado con expertos cuáles son los factores que dificultan la adquisición de terrenos por parte de los jóvenes:
Abandono de tierras productivas: se entiende por tierras en situación de abandono aquellas que anteriormente se utilizaban para la producción de cultivos o para el pastoreo de ganado, pero que han dejado de tener funciones agrícolas. Según las estimaciones de la Comisión Europea, el 11% de la superficie agraria de la UE (más de 20 millones de hectáreas) está en alto riesgo de abandono. Dentro de la UE, España y Polonia son los dos países más afectados por el abandono de suelo útil. Se calcula que ambos países concentran un tercio de la pérdida total de tierra en la UE, siendo España el único Estado miembro que superará el millón de hectáreas perdidas para 2030. “Actualmente se observa mucha herencia de tierras a personas desvinculadas del campo porque ya viven en ciudad, y si van a cobrar poco por el alquiler o venta, prefieren dejarlas sin uso”, explica Manuel Gallardo.
Precios elevados: el elevado precio de la tierra es otro de los problemas que se repite en varios territorios, según señala el Grupo de Trabajo de Movilización de Tierras Agrarias del MAPA (GTMTAI). “Si quieres hacerlo en una zona donde puedas desarrollar un proyecto viable económicamente —porque puedas comercializar y tengas infraestructuras—, como cerca de una ciudad mediana, los precios están por las nubes. Y si te vas a un sitio donde la tierra es más accesible, resulta que los accesos son horribles, no tienes infraestructuras ni clientes cerca; al final es muy complicado”, explica a Maldita.es Laura Martínez, de la plataforma estatal Ganaderas en Red, que agrupa a ganaderas de extensivo y pastoras.
Según la última estadística oficial, en 2024 el precio medio de la hectárea en España era de 10.248 €, lo que supone 660€ más que en 2022. Por regiones, Canarias registró el precio más alto (148.415 €/ha), seguida de la Región de Murcia (33.180 €) y La Rioja (21.560 €). Murcia, Islas Baleares y la Comunidad de Madrid son las comunidades donde más se ha encarecido el suelo en los últimos cuatro años.
El vínculo emocional con la tierra: Manuel Redondo, geógrafo y responsable de comunicación de Red Terrae, explica a Maldita.es que es importante tener en cuenta que existe un componente emocional que funciona como freno para la rotación de tierras en el mercado: “El valor afectivo de la tierra existe: nadie la quiere vender". Redondo cuenta que existe una idea asentada acerca de que “la tierra es lo último que se vende”. Además, señala que las dificultades generales del sector condicionan la sucesión familiar: “Muchos agricultores no quieren que sus hijos continúen porque no ven una actividad rentable o viable”.
Esta realidad no es solo una percepción individual: el Ministerio de Agricultura la identifica como una barrera para la movilización de suelo. En sus informes, el Ejecutivo destaca la “reticencia a la cesión de las tierras por parte de unos propietarios de edad avanzada motivada por la desconfianza, el apego a la tierra y la falta de relevo intrafamiliar”. Gallardo añade que el mercado también se rige por la cercanía: “Adquirir más superficie o tierra de calidad es difícil si no tienes una relación previa con los tenedores (propietarios). La tierra solo se arrienda cuando el propietario piensa que la llevará alguien de quien se fíe. Tengamos en cuenta que es un bien del que hay que hacer un buen uso o perderá su capacidad productiva”.
En el sector ganadero, la barrera de pertenencia al territorio también está presente, incluso en el acceso a los pastos comunales. Martínez explica a Maldita.es que la falta de arraigo genera desconfianza: “Cuando empiezas de cero y pretendes montar una ganadería y acceder a los pastos, si no te conocen o no conoces gente en el pueblo, estos no suelen confiar en lo que vayas a hacer; suelen ser escépticos en ese aspecto y, en ocasiones, no es fácil que se abran las puertas”.
El programa Tierra Joven: ¿qué propone el Gobierno?
El 14 de enero de 2026, el Gobierno anunció un plan estratégico para movilizar tierras agrarias de propiedad estatal, orientándolas preferentemente hacia jóvenes, mujeres y nuevos profesionales del sector. Además, el Ejecutivo explicó su intención de proponer que la nueva PAC destine un 10% de sus recursos a fomentar el relevo generacional. El eje central de la iniciativa es el programa "Tierra Joven", una plataforma de información y movilización de tierras agrarias que centralizará la oferta y la demanda a nivel nacional o, lo que es lo mismo, un banco de tierras.
A 28 de abril de 2026, la información disponible sobre "Tierra Joven" se limita a los puntos presentados durante su anuncio oficial:
Implementación legal: su despliegue inicial estaba previsto para “los primeros meses del año” mediante un Real Decreto. El proceso culminará con la creación de una Oficina de Información y Transmisión de Tierras, que quedará integrada en la futura Ley de Agricultura Familiar. Un programa del que no se conocen más detalles a fecha de publicación de este artículo.
Auditoría de terrenos: se evaluará la capacidad de producción de unas 17.000 fincas rústicas que actualmente son titularidad de la Administración General del Estado (AGE). Una vez analizadas, estas parcelas se pondrán a disposición de los colectivos prioritarios a través de la plataforma.
Desde Maldita.es hemos remitido una consulta al Ministerio de Agricultura para conocer los detalles técnicos del proyecto, así como para conocer las fechas previstas para su implantación. Entre otras cuestiones, hemos solicitado el desglose de las 17.000 fincas (para aclarar si son exclusivamente estatales o incluyen terrenos municipales y autonómicos), el tipo de uso agrícola predominante y si el plan contempla equipos de acompañamiento sobre el terreno para facilitar la intermediación. A 28 de abril de 2026, todavía no hemos recibido respuesta por parte del Ministerio.
¿Es nuevo esto de los bancos de tierra?
Un banco de tierras es un instrumento de intermediación que busca conectar la oferta (propietarios de tierras que ya no las cultivan) con la demanda (jóvenes o nuevos emprendedores que buscan suelo para empezar a hacerlo). En España ya existen proyectos de este tipo a distintos niveles. Algunos se integran dentro de proyectos más amplios de relevo generacional y lucha contra la despoblación, como los de los grupos de acción local Adrinoc, en Cataluña (Relleu Agrari). También hay propuestas autonómicas (Consejo Regional de Bancos de Tierras de Asturias), de diputaciones (Banc de Terres en Xarxa de la Diputació de Barcelona), comarcales (en Valencia el de Horta Nord) o municipales (Los Realejos en Santa Cruz de Tenerife).
La propuesta del Ministerio de Agricultura busca establecer un banco unificado a nivel estatal. En este sentido, la propuesta más parecida en la actualidad es el banco de tierras de Red Terrae, nacido en 2010, que partió con el objetivo de “agrupar a ayuntamientos preocupados por el abandono del suelo” para la recuperación del paisaje y del patrimonio rural en todo el territorio nacional, según explica su portavoz, Manuel Redondo, a Maldita.es. Según Redondo, la base del funcionamiento de los bancos de tierras es el trabajo directo con los propietarios y los interesados: “Un banco de tierras no es un cajero: necesitas detrás personas que atiendan, que identifiquen terrenos y que contacten con los propietarios”.
La asociación Observatorio de la Cultura y el Territorio también cuenta con un banco de tierras de olivar a nivel local, en el municipio de Guadalajara. Laura Román, su portavoz, coincide con Redondo: “Durante todo el proceso, es fundamental el acompañamiento técnico a los propietarios, lo que nosotros hemos encontrado es que necesitan confiar en los procesos y sentirse cercanos a las personas a las que se ofrecen las tierras”.
Ambos expertos explican a Maldita.es que los bancos de tierra son una herramienta útil para agilizar el acceso al suelo a nuevas generaciones, pero que la solución no es tan sencilla: “Se trata de un instrumento más en una cadena, pero hay que dignificar la profesión. No vale con proporcionar el terreno, sino que hay que lograr que estos sean rentables mediante la venta directa y a través de circuitos cortos”, cuenta Redondo. Román coincide en que, por sí solos, no son una herramienta que sirva para acabar con el problema de despoblación del medio rural: “Si no llevamos a cabo un cambio de modelo de producción que acompañe a ese acceso a la tierra, nos encontraremos de nuevo con las mismas problemáticas del sector”.
En este artículo ha colaborado con sus superpoderes el maldito Manuel Gallardo, especialista en políticas agrarias. Gracias a vuestros superpoderes, conocimientos y experiencia podemos luchar más y mejor contra la mentira. La comunidad de Maldita.es sois imprescindibles para parar la desinformación. Ayúdanos en esta batalla: mándanos los bulos que te lleguen a nuestro servicio de Whatsapp, préstanos tus superpoderes, difunde nuestros desmentidos y hazte Embajador.