Cabras bombero y ovejas cortacésped: ¿La ganadería ayuda a la prevención de incendios?

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“Hay tantos incendios porque no se deja pastorear” o “si los ganaderos limpiaran el monte, esto no pasaría”. Estas son algunas de las afirmaciones que todos los años rondan las redes sociales y el debate público con la llegada del calor y los primeros incendios. Pero, ¿hasta qué punto el pastoreo realmente es la solución? La evidencia científica sugiere que, aunque la ganadería extensiva no es una cura mágica para evitar los incendios forestales, sí es una herramienta útil para mitigar su intensidad y facilitar la extinción. Su eficacia se basa en varios mecanismos, como la reducción del combustible vegetal, el mantenimiento de cortafuegos y el aumento de la vigilancia del territorio.
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¿Puede ayudar en pastoreo a prevenir los incendios? 

Si, hay evidencia científica que demuestra que el pastoreo es una herramienta eficaz para la prevención de incendios, aunque no es la única ni es infalible.

El consenso sobre sus beneficios está generalizado en la comunidad científica. En 2020, la Sociedad Española de Ciencias Forestales publicó un estudio basado en una encuesta a 69 expertos españoles en gestión forestal (investigadores y técnicos) sobre la eficacia de diversas prácticas en sistemas silvopastorales mediterráneos. Los resultados situaron al pastoreo como una de las estrategias más eficaces y económicas para eliminar la biomasa inflamable. 

Tras revisar varios estudios y consultar a diversos especialistas, en Maldita.es hemos identificado algunos de los mecanismos que permiten al pastoreo contribuir a la prevención de incendios:

  • Reducción del combustible vegetal. Los animales pastoreados se alimentan de la biomasa del sotobosque, es decir, la vegetación más fina que crece bajo el dosel principal de los árboles. Cuando esta vegetación se seca, actúa como combustible que alimenta los incendios forestales, según explica el Ministerio de Transición Ecológica y Medio Ambiente (MITECO). “El pastoreo lo que hace es eliminar ese sotobosque, como una de las formas más efectivas y más baratas de eliminar ese exceso de vegetación”, explica Víctor Resco de Dios, catedrático de Ingeniería Forestal y Cambio Global. 

Los rebaños no solo disminuyen la carga vegetal “a bocados”, también lo hacen con el propio pisoteo, según demuestra un estudio realizado en 2012 por la Universidad de Sassari (Italia), que evaluó el papel del pastoreo en la reducción de la severidad de los incendios. Al pastar, los animales compactan el material, reduciendo tanto su altura como la continuidad vertical y horizontal de la vegetación. Una menor altura del combustible se traduce en llamas más cortas y una velocidad de propagación más lenta.

En este estudio, analizaron el consumo de biomasa del ganado vacuno en pastizales arbolados de Cerdeña y utilizaron simulaciones informáticas para comparar el comportamiento del fuego frente a zonas no pastoreadas. Los resultados mostraron que, gracias a la reducción en cantidad y altura del combustible fino, se logró disminuir la longitud de la llama en un 41% y la intensidad del frente en un 68%.

  • Ruptura de la continuidad vegetal. Cuando se inicia un incendio forestal, la vegetación actúa como un puente: si es densa y está conectada, las llamas pueden avanzar sin obstáculos, según explican investigadores de diversas universidades europeas en un estudio publicado por la revista científica Journal of Environmental Management. Esta conexión puede ser horizontal, de un arbusto a otro, o vertical, si las llamas suben desde el matorral hasta las copas de los árboles.

“El pastoreo crea discontinuidades en la cubierta vegetal que dificultan la propagación horizontal del fuego, y contribuye a reducir la densidad del estrato arbustivo”, explican a Maldita.es desde la Fundación Global Nature, responsables del proyecto Naturaleza Pastoreada. Al generar pequeños “pasillos” en la vegetación y ramonear las ramas bajas, el ganado crea micro-cortafuegos que rompen la trayectoria del fuego y evitan que este ascienda a las copas, según explica el ingeniero forestal Didac Díaz Fababú en un artículo publicado en la revista especializada Incendios y Riesgos Naturales.

  • Mantenimiento de cortafuegos. El pastoreo controlado y dirigido contribuye al mantenimiento de las zonas tratadas previamente mediante desbroces, clareos o quemas, destinados a reducir la carga y continuidad de biomasa inflamable en los cortafuegos. Numerosos investigadores como Elsa Varela (CSIC) y Elena Górriz-Mifsud (Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Cataluña) destacan que esta práctica es una herramienta efectiva y económica, consolidada ya en algunos territorios.

Un buen ejemplo de ello es la Red de Áreas Pasto-Cortafuegos de Andalucía (RAPCA), activa desde 2005. Este programa opera en montes públicos de Andalucía que cuentan con infraestructuras de prevención contra incendios, denominadas áreas pasto-cortafuegos. En 2024, RAPCA trabajaba con más de 200 pastores locales y abarcaba 5.896 hectáreas, con unas 100.000 cabezas de ganado (95% ovino y caprino). 

Este programa está especialmente dirigido a cortafuegos donde el mantenimiento mecánico resulta costoso, ya sea por la dificultad de acceso o por la pedregosidad del terreno. Mientras que la limpieza mecánica periódica puede retrasarse debido a la priorización de otras áreas en la asignación presupuestaria, contar con los pastores locales garantiza que las actividades de reducción de biomasa se realicen cada año, según explicaba José López Quintanilla, presidente del Consejo de Participación de Sierra de las Nieves en un estudio publicado en la revista Forest

  • Intervención y vigilancia local: “Un territorio bien pastoreado es un territorio habitado, con presencia humana y atención continua, lo que también incide en la detección temprana –de incendios– y en la prevención de causas accidentales”, explican desde la Fundación Global Nature a Maldita.es. Hay estudios que respaldan esta idea, como el realizado por el Instituto de Investigación de la Dehesa (INDEHESA) en 2025, o el liderado por las universidades de Turín, Milán y Florencia publicado en 2023 por la revista Journal of Environmental Management. Según las conclusiones de ambos trabajos, una mayor presencia de población en el entorno rural contribuye directamente a la reducción de los efectos del fuego.

Los organismos públicos también destacan el papel del pastoreo en la gestión forestal. El Ministerio de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación explica que el fomento de las actividades agrosilvopastorales tiene “un papel importante en el mantenimiento de la economía rural y en la prevención de desastres naturales, como los incendios forestales” los cuales suponen una “amenaza para el sector y elevados costes de extinción para la Administración”. Bajo esta premisa, la Unión Europea incluye como uno de los objetivos de la Política Agraria Común (PAC) potenciar al integrar la gestión silvícola contra incendios dentro de sus estrategias de gestión forestal.

Entonces, ¿si se pastoreara más dejarían de existir los incendios?

No, el pastoreo no puede evitar al cien por cien que se produzcan, pero sí reducir su intensidad y frecuencia, además de facilitar las labores de extinción.

“Incendios va a haber siempre, lo que tenemos que hacer es aprender a coexistir ellos”, explica a Maldita.es Resco de Dios. “De manera natural en la era pre antrópica –antes de los humanos– la naturaleza tenía dos formas de deshacerse del exceso de biomasa: los herbívoros y los incendios, con el pastoreo lo que estamos haciendo es recrear el efecto de los herbívoros y, además, sacando un provecho”, añade. Esta idea de que el fuego es parte de la gestión natural de los ecosistemas también la defienden algunos investigadores de organismos como la Universidad de California en Berkeley y el Servicio Forestal de Estados Unidos en un artículo de la revista Nature, en el que señalan que a menos que la sociedad planifique el fuego como un proceso “inevitable y natural”, este seguirá teniendo graves consecuencias tanto para las personas como para los ecosistemas.

Esta visión del fuego como un “consumidor” de vegetación natural fue planteada por los investigadores William Bond y Jon Keeley en la revista científica Trends in Ecology & Evolution en 2005. Según explicaban, factores como el cambio climático y la actividad humana nos obligan a buscar una “coexistencia pacífica con esta bestia carismática”, entendiendo que el incendio cumple una función biológica similar a la de los grandes herbívoros. 

Si, por tanto, los incendios no son evitables al completo, lo que sí puede hacer el pastoreo, como ya hemos explicado, es reducir su magnitud y facilitar el trabajo a los equipos de extinción. “Muchas veces los bomberos desvían los incendios hacia zonas pastoreadas porque son las zonas donde la intensidad del incendio va a bajar, por tanto, donde va a haber una oportunidad para la extinción”, concluye el catedrático de Ingeniería Forestal y Cambio Global. 

¿Todo lo que genera el pastoreo es positivo?

Si no se gestiona de manera correcta, puede tener efectos negativos. 

“El sobrepastoreo puede fomentar la erosión y la pérdida de biodiversidad”, explica Resco de Dios a Maldita.es. Al consumir la vegetación el ganado va reduciendo la cubierta vegetal e incrementando la proporción de suelo al descubierto, lo que provoca la erosión. En esta línea, un estudio publicado por la Sociedad Española de Ciencias Forestales (SECF) en 2022, señala que es particularmente complicado aumentar la resiliencia frente a la erosión y los incendios simultáneamente, ya que las prácticas que benefician a uno pueden comprometer al otro. 

En cuanto a la biodiversidad, hay investigaciones como la realizada en 2025 por IS-FOOD (UPNA) y el INTIA que el pastoreo puede tener efectos positivos al reducir especies competitivas y dominantes (como el tojo o el lastón), lo que evita la homogeneización del paisaje. Sin embargo, otros trabajos como el elaborado por la Universidad de Sevilla apuntan que, si se desarrolla de manera demasiado intensa, puede provocar el efecto contrario: que el ganado agote sus plantas preferidas y reduzca excesivamente su presencia.

“La clave es que el manejo esté adaptado ad hoc al territorio, no aplicado de forma genérica. Es lo que denominamos pastoreo regenerativo: no se trata solo de meter ganado, sino de hacerlo con conocimiento del ecosistema, en el momento adecuado y con la presión correcta”, explican desde la Fundación Global Nature a Maldita.es.