El pH de nuestra sangre no se altera por lo que comemos, sino que contiene unos elementos llamados tampones que lo regulan, en caso de ser necesario. Sí que pueden cambiar los niveles de acidez de nuestra orina según lo que comamos y otros factores, pero eso no tiene efecto sobre nuestra salud (aunque sí puede ser un síntoma de algunos problemas si esos niveles están fuera de los límites normales).
Como en el resto de dietas restrictivas, hay quienes aseguran que el patrón de alimentación “les ha funcionado” para perder peso. Aunque puede ocurrir, no lo hace como consecuencia de la alcalinización del cuerpo, sino del aumento del consumo de frutas, verduras y legumbres y, por tanto, la reducción de otros menos saludables y probablemente con mayor densidad calórica y menor interés nutricional. Está demostrado que un mayor consumo de alimentos de origen vegetal es parte de una alimentación saludable y que ayuda a regular el peso. Pero de nuevo, no tiene nada que ver con la supuesta base teórica de esta dieta.
Aun así, el planteamiento sigue siendo erróneo: hacer “dietas” para perder peso y modelar el cuerpo aumenta el riesgo de trastornos de la conducta alimentaria. Frente a cualquier dieta, lo que muestra la evidencia científica es que lo realmente beneficioso es mantener una alimentación saludable basada en alimentos de origen vegetal, proteínas y grasas de calidad y granos enteros.