En lo que se refiere al agua, parecería que hay poco que contar: beberla en abundancia nos mantiene hidratados y no hay nada más refrescante en los calores veraniegos. Ahí está ella siempre a nuestra disposición, transparente, humilde, sin pretensiones...

Y aun así, es probablemente una de las mayores fuentes de bulos relacionados con la salud que nos podemos encontrar: que si beberla caliente desintoxica, que si con limón cura el cáncer, que si alcalina, que si hidrogenada, que si dos litros al día... Vamos a dar un repaso a todas esas cosas que se dicen del agua y que no tienen base científica.

El agua caliente adelgaza y desintoxica

Un vasito de agua caliente por la mañana es muy recomendable para desintoxicarnos y para ayudarnos a perder peso, dice un bulo muy extendido por la red. ¿Y es verdad? Pues no.

Por un lado, ya hemos hablado en Maldita Ciencia de que el concepto detox en ciencia es un timo y todo lo que lo rodea también. La única desintoxicación real que hay en medicina es la que se realiza en un hospital cuando alguien ha ingerido o entrado en contacto con algún producto tóxico, y si ese es el caso, un vaso de agua caliente por las mañanas no va a ayudar.

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Lo único parecido a un efecto 'detox' que tiene el agua caliente es que, igual que cuando bebemos una sopa caliente o una infusión, favorece la sudoración y con eso nos ayuda a exudar toxinas y a limpiar los poros de la piel.

Sobre que beber agua caliente favorece la pérdida de peso, es obvio que si ese es todo tu desayuno engordar no vas a engordar, pero tampoco hay mucho donde sustentar la afirmación de que adelgaza.

Sí que hay evidencias de que beber agua contribuye al esfuerzo de perder peso, probablemente por varias vías: por ejemplo, al beber el estómago se llena de algo sin calorías, consiguiendo que en conjunto la ingesta calórica sea menor; por otro lado, beber agua contribuye a que el cuerpo regule mejor su temperatura (la llamada termogénesis), algo que hace quemando calorías. En cualquier caso, siguen siendo necesarios más estudios al respecto, y no hay evidencias de que la temperatura a la que se bebe el agua tenga ningún efecto concreto.

El agua fría es malísima en general

Parece que nos hubiese hecho algo muy malo el agua fría porque no hacemos más que sacarle faltas y perjuicios para la salud. Hace no mucho explicamos por qué que el agua fría engorde es un bulo, pero hay más.

Esta imagen mezcla en sus textos cosas que son ciertas y cosas que no lo son. Vamos a ir uno a uno.

"Cierra 4 venas del corazón". No hemos podido encontrar información al respecto de esas 4 venas, pero sí algunos casos descritos como muy raros y poco frecuentes en los que al beber una bebida muy, muy fría muy rápidamente, la persona ha sufrido un síncope, es decir, una pérdida transitoria de la consciencia por la falta de riego sanguíneo al cerebro. Suele recuperarse sin mayor complicación a no ser que la persona padezca problemas cardíacos o circulatorios previos.

"Obstruye la grasa del hígado". Este riesgo se asocia a la idea de que la grasa se solidifica con el frío, y por tanto al beber agua muy fría, la grasa de nuestro cuerpo haría lo mismo. Pero no es así, principalmente porque por muy fría que esté el agua en unos pocos segundos su temperatura ya se ha igualado con la temperatura del resto del cuerpo, de forma que no tiene ningún efecto concreto sobre la grasa del hígado.

"Afecta a las paredes del estómago y del intestino grueso". Si obviásemos la explicación anterior de que el agua fría no se mantiene fría durante demasiado tiempo dentro del cuerpo, esta afirmación seguiría sin tener sentido. El interior del estómago contiene ácidos gástricos mucho más corrosivos y agresivos de lo que podría ser el agua fría, y está preparado para soportarlos sin sufrir ningún daño.

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"Es la principal causa de ataques al corazón". Esto también es mentira. Para empezar porque las principales causas de las enfermedades cardíacas son el tabaquismo, la hipertensión, el colesterol, el sobrepeso, el sedentarismo, una alimentación poco saludable y los niveles altos de azúcar en sangre. Es decir, todas esas cosas que sabemos que no son saludables pero que rara vez nos llegan en cadenas de WhatsApp o vídeos virales. Quizá esta afirmación provenga de una confusión: sumergirse de golpe en agua fría sí que puede ser causa de lo que se llama el síndrome de hidrocución (lo que siempre hemos llamado corte de digestión, aunque no tiene nada que ver con la digestión), que en los casos más graves puede generar una parada cardiorrespiratoria.

Aunque estas afirmaciones son falsas en mayor o menor medida sí que hay algunos riesgos asociados a beber agua muy fría. Por un lado, se ha comprobado que puede desencadenar episodios de migrañas en las personas que las padecen. También puede empeorar el dolor que padecen las personas que sufren una patología llamada acalasia, que dificulta el paso de los alimentos a través del esófago.

El agua alcalina para regular el pH del cuerpo

Este bulo es una versión reducida de lo que prometen los defensores de la dieta alcalina. En este caso se centran en el agua. El agua alcalina, aseguran, es un agua menos ácida de lo habitual y por ello ayuda a regular el pH del cuerpo y con ello a mejorar nuestra salud, a prevenir el cáncer y en general a que nos sintamos mejor. Esto es un gran bulo, y vamos a explicar por qué.

El pH es una forma de medir la acidez de una sustancia. Para ello se utiliza una escala que va del 1 al 14, en el que el 1 es lo más ácido y el 14 lo más alcalino. El pH del cuerpo humano varía ligeramente de unos órganos y fluidos a otros, pero el de la sangre normalmente se encuentra en un punto medio, en torno al 7,35.

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La teoría detrás de la dieta y el agua alcalina es que si nuestro cuerpo se acidifica demasiado puede dar lugar a enfermedades y tumores, de forma que para reducir esa acidez conviene beber agua alcalina y llevar una alimentación especial (basada principalmente en frutas, verduras y otros alimentos de origen vegetal) para que nos ayude a mantenernos sanos y de paso, por qué no, a adelgazar. Si el pH del agua pura es de 7 (el agua es neutra, ni ácida ni alcalina), distintos procesos pueden modificarla para aumentarlo hasta 8 o 9.

Pero detrás de todo esto hay mucha palabrería y poca ciencia. Sobre todo porque, por suerte para nosotros, el pH de nuestra sangre no se altera por lo que comamos o bebamos (sí lo hace el pH de la orina). Ese factor se mantiene en un equilibrio más o menos constante que hace que todo funcione, y si lo que comemos o bebemos en cada momento pudiese alterarlo, nuestro cuerpo viviría en constante oscilación del pH, y eso sí que afectaría a nuestra salud. En resumen, no hay evidencias de que ni el agua ni la dieta alcalinas sirvan para prevenir o curar el cáncer.

El caso es que beber agua alcalina y seguir una dieta alcalina parece tener efectos positivos en la salud, pero si no tienen efecto sobre el pH, ¿a qué se debe ese efecto positivo? Pues todo apunta a que el hecho de centrarse en beber agua alcalina hace que la gente beba más agua, lo cual sí tiene efectos positivos para la salud, y que una dieta basada en alimentos vegetales también es más saludable, aunque nada de todo ello tenga que ver con el pH.

El bulo de los dos litros al día

Este es sin duda uno de los más extendidos y casi nadie lo cuestiona: que debemos beber al menos dos litros de agua al día, el equivalente a 8 vasos. ¿Es verdad que esa es la cantidad de agua diaria óptima para nuestra salud? Pues no hay ninguna evidencia que lo sostenga. Lo explica muy bien el nutricionista Juan Revenga en este artículo de El Comidista. 

En una revisión de artículos publicada en 2002, los autores concluían entre otras cosas que no hay documentación científica que apoye la recomendación de los 2 litros de agua diarios para toda la población, que puede ser excesiva para algunas personas principalmente sedentarias y con poca sudoración poniéndolas en riesgo de hiponatremia (un exceso de agua produce niveles demasiado bajos de sodio en la sangre) y escasa en otros con una gran actividad física y mucha sudoración. 

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Entonces, ¿cuánto deberíamos beber? En ese mismo artículo se recomienda utilizar la sed como guía: bebe cuando tengas ganas de beber. Es también la conclusión a la que llega este artículo sobre la Importancia del Agua en la Hidratación de la Población Española editado por la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética: "para cualquier persona sana, la sed es una guía adecuada para tomar agua, excepto en los bebés, los deportistas y muchas personas enfermas".  

El agua con limón cura el cáncer

También hemos hablado de este tema ya en Maldita Ciencia: el recalcitrante bulo de que el agua con limón puede curar el cáncer. Suponemos que si lo unes al bulo anterior y la limonada está caliente, ¡pues mejor! Pues no. Si te bebes una limonada, que sea porque te apetece, porque no es cierto que cure el cáncer.

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El origen del bulo es que hay estudios que sugieren que algunos componentes de los cítricos podrían tener propiedades anticancerígenas (aquí un ejemplo, y aquí otro), pero se trata de estudios preliminares hechos con células cancerosas en un laboratorio, y eso está muy, muy lejos de poder utilizarse como cura del cáncer, da igual que la limonada la bebas en ayunas, caliente o como sea.