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MALDITA CIENCIA

Por qué hay que tener cuidado con el consumo de infusiones durante el embarazo: debido a la falta de datos sobre su seguridad, mejor poner en práctica el principio de precaución

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No, en caso de que estés embarazada no tienes por qué comer por dos. Pero sí, hay pautas alimentarias a las que prestar especial atención, tanto antes como durante y después del embarazo. Por ejemplo, evitar las carnes crudas curadas, como el jamón, el salchichón y otros embutidos, así como el salmón u otros pescados ahumados. También asegurarse de disponer de niveles correctos de vitamina D, de ácido fólico (que se recomienda incluso antes de iniciar el embarazo), de yodo y suplementar con hierro si hay una anemia (algo muy típico en esta etapa). Siempre conviene consultar con un profesional sanitario. 

Una vez aclarados de forma general estos puntos, nos habéis preguntado por otra supuesta pauta: ¿es cierto que no es recomendable que las gestantes tomen infusiones? Depende de cuáles sean las infusiones de las que hablemos y de las cantidades en las que se consuman.

Si alguna vez has oído el argumento ‘es seguro porque es natural’, pasa de largo: esto no tiene por qué ser cierto. En el caso concreto de las infusiones, estas “se elaboran con plantas que tienen principios activos”, es decir, “sustancias que tienen la capacidad de generar cambios en tu organismo”, explica Virginia Gómez Sánchez (@dietistaenfurecida), dietista-nutricionista especializada en nutrición digestiva, en su cuenta de Instagram.

Es más, ¿no proceden los principios activos de la mayoría de medicamentos de las plantas, así como aquellos que forman parte de multitud de venenos usados desde la antigüedad? “Obviamente, dentro del mundo de remedios herbales, una infusión es la forma menos concentrada de tomar esos principios activos, pero eso no la convierte en inocua”, añade la experta.

Efectos adversos del consumo de infusiones durante el embarazo

El porqué de que no se recomiende tomar infusiones durante el embarazo es porque algunas de ellas, según la evidencia disponible, pueden provocar determinados efectos adversos. Según recopila Gómez, sería el caso de los efectos teratogénicos, que consisten en la provocación de defectos y malformaciones congénitas en el feto; un mayor riesgo de aborto, parto prematuro y complicaciones durante este, como un sangrado excesivo; así como desequilibrios en el perfil hormonal de la madre.

“¡Ojo! El efecto que tengan o no depende de multitud de factores”, advierte Gómez. En este contexto interfieren, por ejemplo y entre otros, la parte de la planta que se consume, la cantidad y la frecuencia de las ingestas, el trimestre de embarazo, además de las posibles interacciones con fármacos determinados o la posible presencia de contaminantes.

¿Qué dice la ciencia al respecto? Faltan estudios así que mejor aplicar el principio de precaución

Es muy difícil evaluar la evidencia científica sobre el impacto en la salud de las infusiones en embarazadas, ya que “no hay estudios clínicos adecuados” debido a la “dificultad de homogeneizar criterios de inclusión y resultados (dosis, concentración, efectos en la madre y el feto…)”, como explican en su página web las ginecólogas Elisa García y Diana Cuenta.

“Al no haber datos concluyentes, la tendencia general es a no recomendar su consumo por la falta de evidencia científica de inocuidad”. Se trata de otro caso de principio de precaución, como ya hemos hablado en otras ocasiones en Maldita.es. “Vaya, lo que viene siendo no tomar aquello de lo que no está demostrado que sea seguro”, indica Gómez.

¿Qué infusiones sí y qué infusiones no?

Teniendo esto en cuenta, y basándose en los efectos observados en madres consumidoras de distintos tipos de infusiones, García y Diana señalan algunas que no deben tomarse en el embarazo y la lactancia “por presentar ciertas propiedades que pueden resultar perjudiciales para la madre o el feto”.

No se recomienda consumir infusiones de plantas que puedan provocar contracciones uterinas (como la infusión de salvia, poleo, té de boldo, agracejo, ruibarbo o ruda); o hipertensión arterial, (como la salvia y el regaliz)”, señalan. También recomiendan “tener cuidado” con el té de ginkgo biloba, que puede afectar al corazón del feto o eucalipto, que puede ocasionar sangrados en el embarazo. ¿Y las que se consideran dudosas? Gómez menciona la hoja de frambuesa, el hinojo, la valeriana, el escaramujo, la melisa, la albahaca, la mejorana, el orégano, el romero, la pimienta y la pasiflora (de nuevo, sí pueden consumirse como condimento para cocinar). Aunque señala que es mejor no consumirlas y, de hacerlo, que se haga bajo supervisión médica, como también recomiendan diferentes estudios al respecto.

"Si estás embarazada y quieres tomar alguna de las infusiones seguras (como el arándano rojo o el anís; eso sí, no de forma ilimitada), ten en cuenta limitar su consumo a una o dos tazas al día (que lleven una bolsita), tomar infusiones comerciales, es decir [precisamente] las de bolsita (es más seguro, tanto por cantidad como por calidad) y variar (intenta no repetir varios días seguidos la misma infusión”, indica Gómez, como conclusión del post. “Y, por favor, tampoco tomes remedios herbáceos en otros formatos (pastillas, gotas…), salvo por indicación del médico o la matrona”.

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