En la elaboración de aceites refinados, tanto procedentes de semillas como de aceitunas, –ya que, excepto el virgen y el virgen extra, el aceite de oliva también es un aceite refinado en un 85-90%, según el experto consultado–, sí se utilizan algunas de las sustancias mencionadas en el vídeo (excepto ácido clorhídrico), pero no es cierto que estas se mantengan en el producto final, haciendo que esté lleno de “porquerías”, ni que supongan un riesgo para la salud del consumidor: los restos se eliminan durante el proceso de producción, de forma que no quedan residuos en el producto final.
En el caso del hexano, por ejemplo, Sánchez explica a Maldita.es que se utiliza como disolvente ya que este tipo de aceites son difíciles de extraer de la semilla de la que proceden. “El hexano es cancerígeno, pero también es muy volátil, su punto de ebullición es unos 69ºC y, puesto que en la refinación el aceite se calienta por encima de esa temperatura (95-100 ºC), el hexano se evapora y no queda nada en el producto final”, señala el experto. Además, la cantidad, presencia y ausencia de este tipo de sustancias está estrictamente regulada por normativas europeas y nacionales bajo el marco de la Política Agraria Común (PAC), que buscan garantizar que el producto final cumpla con los máximos estándares de seguridad alimentaria.

Natural no significa “más saludable”
Con respecto a la idea de que, como el aceite de oliva es “más natural”, es mejor (en el sentido de más saludable), no existe una definición oficial sobre qué es un alimento “natural” ni tampoco hay evidencia científica que respalde que todo lo natural equivalga a (más) saludable (por ejemplo, los venenos procedentes de animales y plantas son “naturales”, pero también letales).
Laura Culleré Varea, doctora en Ciencias Químicas y docente e investigadora de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad San Jorge, explica en The Conversation que, de hecho, “cualquier alimento natural –sin procesar– está formado por innumerables compuestos químicos”, y no por ello es peligroso o insano. “Todo lo que nos rodea es química. Todo está formado por moléculas, por átomos, por sustancias químicas”, recuerda el tecnólogo de los alimentos, Mario Sánchez [01:15]. De hecho, añade, incluso nuestro ‘careto’ está repleto de cantidades ingentes de carbono, y no por ello nos asustamos de este.
Por ejemplo, un plátano contiene: agua, azúcares (glucosa, fructosa, sacarosa y maltosa), almidón, fibra, E460, aminoácidos (ácido glutámico, ácido aspártico, leucina, alanina, triptófano, metionina), ácidos grasos (ácido palmítico, linolénico, linoleico, etc.), E300, E306 (tocoferol) y aromas entre los que se encuentran el hexanoato de etilo, el acetato isoamilo, el acetato pentilo y el butanoato de etilo.