En corto:
A septiembre de 2026, no existen evidencias de que el café sea capaz de “frenar” el cáncer en general, como afirman los contenidos que se están compartiendo, como tampoco las hay de que ningún otro alimento pueda tratar este conjunto de enfermedades.
Existen
estudios que concluyen que el consumo de café en pacientes con cáncer colorrectal avanzado o metastásico podría estar asociado con un menor riesgo de progresión de la enfermedad y muerte.
Otros observan una mayor supervivencia y una menor recurrencia en pacientes con este mismo tipo de cáncer, dependiendo de la dosis y según el estadio de la enfermedad. Sin embargo, se trata de
trabajos observacionales, en los que no se puede manipular ni experimentar con las variables que se estudian. Estos pueden identificar asociaciones entre el consumo de café y la evolución de la enfermedad,
pero no permiten establecer que el café sea la causa de esos mejores resultados (una vez más,
correlación no implica causalidad), y mucho menos extrapolarlos a toda la población y a todos los tipos de cáncer.
También se han llevado a cabo
estudios que señalan que el consumo de café puede reducir la incidencia total de cáncer (disminuyendo el riesgo) y que también tiene una asociación inversa con algunos tipos, pero
se refieren a la prevención, no a la cura (o al “freno”) una vez diagnosticado.
En general, una alimentación saludable, rica en frutas, pero también en verduras, cereales integrales y otros alimentos de origen vegetal, ayuda a disminuir el riesgo de cáncer, pero no tiene la capacidad de curarlo.
Además, la evidencia tiene en cuenta al café solo, no junto a otros ingredientes. “Si le añades jarabe, azúcar o crema al café, puedes crear una bebida que sea más perjudicial que beneficiosa. El consumo excesivo de bebidas azucaradas puede aumentar el riesgo de subir de peso, tener sobrepeso u obesidad”, señala el Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer (WCRF).