Según los datos recopilados en Our World in Data, a los que el texto hace referencia, tanto en 2021 como en 2022 se reportaron más muertes que en 2020, año en el que ya había comenzado la pandemia. El documento atribuye este incremento al inicio de las campañas de vacunación (precisamente a finales de diciembre de 2020). Sin embargo, que dos variables parezcan estar relacionadas (en este caso, el aumento de número de vacunas y el aumento de número de muertes) no quiere decir que la una dependa necesariamente de la otra, como ocurre en este caso.
Relacionar un mayor número de muertes con la vacunación es pasar por alto, no solo la evidencia científica, que muestra cómo estas redujeron el número de casos de enfermedad grave, hospitalización y muerte; sino la acumulación de más contagios globales (el virus seguía expandiéndose en 2021, incluso con variantes más transmisibles, como la Delta, acumulando muchos más casos) y las consecuencias indirectas que la pandemia supuso debido al impacto que tuvo en los sistemas de salud y la sociedad (retrasos, colapso, cambios en el acceso a la atención sanitaria, reducción de diagnósticos de otras enfermedades…). “Las muertes vinculadas indirectamente a la COVID-19 son atribuibles a otras condiciones de salud para las que las personas no pudieron acceder a la prevención y el tratamiento porque los sistemas de salud estaban sobrecargados por la pandemia”, recuerdan desde la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Por otro lado, el repositorio donde está publicado el trabajo mencionado en el texto de The Expose, Longdon Publishing, está incluido en listas de revistas depredadoras. Además, el autor, Amrit Srecko Sorli, no tiene formación en epidemiología, medicina o similares sino, en teoría, en cosmología: según el documento, forma parte del Departamento de Ciencias Médicas del Instituto de Física Biyectiva de Idrija (Eslovenia). Departamento que no aparece en la página web de la institución ni del que hay rastro en internet. De hecho, ni siquiera hay pruebas de que esta última sea realmente un instituto científico reconocido: no solo por su nula producción académica publicada en revistas científicas rigurosas sino, además, porque el único trabajo publicado en una de ellas fue retractado en 2021. El contacto oficial con el supuesto instituto es el correo electrónico gmail del propio Srecko.