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Ganadería intensiva y extensiva: ¿cuál contribuye más al cambio climático?, ¿cuál consume más agua?

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Nos habéis preguntado por nuestro servicio de WhatsApp (+34 644 229 319) sobre el impacto ambiental de la ganadería intensiva y la extensiva. Es una pregunta compleja donde hay que tener en cuenta el tipo de animal del que estemos hablando, el efecto distinto que los gases de efecto invernadero producen en la crisis climática y los matices que hay en el consumo de agua.

El impacto de la ganadería en el medioambiente suele analizarse teniendo en cuenta todo el ciclo de vida de los productos ganaderos (carne, huevos, leche…). Pero esto no se hace en todos los sectores. En Maldita.es ya explicamos por qué no deben compararse los informes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sobre las emisiones de la ganadería con las cifras mundiales de sectores como el transporte.

La definición oficial de intensivo y extensivo no está clara y hay muchos modelos intermedios

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación reconoce que no hay una definición oficial de ganadería intensiva y extensiva. De forma aproximada, considera granjas extensivas aquellas donde hay “aprovechamiento de pastos o prados para alimentar al ganado” e intensivas las que funcionan “en sentido contrario”, es decir, donde los animales comen pienso y permanecen dentro de las instalaciones.

Pero también suelen combinarse ambos modelos, según los expertos consultados. Manuel Pereira, biólogo experto en bioseguridad y maldito que nos ha prestado sus superpoderes, explica que hay granjas donde las vacas “salen a pastar y en invierno están bajo techo”. En cuanto a los cerdos, “cada vez es más habitual la producción industrial intensiva bajo techo y con piensos, pero también existen muchos grados hasta llegar al ibérico de bellota que vive parte de su vida en dehesas”, indica Pereira. En España, el porcino es el único sector con definiciones oficiales para los modelos intensivo, extensivo y mixto.

Las asociaciones ganaderas que están creando un sello para etiquetar las carnes, lácteos y huevos producidos con ganadería extensiva también advierten de que hay distintos “gradientes de extensividad”. Para definir lo que significa 'extensivo' están analizando varios factores, como el tiempo que los animales permanecen bajo techo y cuánto salen a pastar, cómo se alimentan o los insumos externos (lo que se trae de fuera para mantener la granja, como el heno), explicaban desde la Plataforma por la Ganadería Extensiva y el Pastoralismo a Maldita.es.

La extensiva emite más metano, pero la intensiva, más CO2, que permanece más tiempo en la atmósfera

Para analizar la contribución al cambio climático de los distintos tipos de ganadería hay que tener en cuenta los diferentes gases de efecto invernadero. Hablamos del dióxido de carbono (CO2) y el metano (CH4), dos de los principales, pues cada uno tiene un potencial de calentamiento global distinto y dura un tiempo determinado en la atmósfera.

La ganadería extensiva emite más metano que la intensiva por unidad de producto, especialmente el ganado rumiante (bovino, ovino y caprino), explica a Maldita.es Agustin del Prado, investigador sobre emisiones de ganadería y agricultura en el Basque Centre for Climate Change (BC3). Esto se debe a que produce menos carne y, sobre todo, a que los animales comen alimentos menos digeribles, pues el pasto contiene más fibra que el pienso de las granjas intensivas, más rico en cereal, cuenta el experto.

Sin embargo, la ganadería intensiva emite más CO2 que la extensiva debido al consumo energético dentro de la granja, el transporte de los insumos hasta las instalaciones y los usos de la tierra asociados a la producción del pienso que necesitan los animales, indica Del Prado. ¿Cuál es la clave? Que el metano no contribuye al cambio climático igual que el CO2. Aunque tiene un potencial de calentamiento mucho mayor, el metano dura unos 10 años en la atmósfera, mientras que el CO2 permanece durante cientos de años.

Fragmento del vídeo divulgativo Cuando pastar es sostenible, de Agustin del Prado (BC3) y Pablo Manzano (Universidad de Helsinki).

Este análisis de Del Prado y Manzano que desglosa las emisiones de la ganadería por gases de efecto invernadero coincide con el de la Food Climate Research Network de la Universidad de Oxford (Reino Unido). “Si lo más importante es reducir el calentamiento global a corto y mediano plazo, lo más eficiente puede ser centrarse en reducir las fuentes ricas en metano; si el objetivo es [reducir] el cambio climático a medio o largo plazo, entonces la reducción de las emisiones actuales de metano tiene menos importancia”, indica el artículo de un blog relacionado con el mismo grupo de investigación.

Por otra parte, a las emisiones de metano en la ganadería extensiva, Agustin del Prado y Pablo Manzano, investigador en la Universidad de Helsinki (Finlandia), añaden que parte del metano emitido por el ganado sería igualmente liberado por los animales silvestres que vivirían en las zonas que ahora ocupan estas granjas. “Lo estamos contabilizando como antropogénico (...) pero habría que ver qué porcentaje del metano que se está emitiendo en esos sistemas [de ganadería extensiva] en realidad se habría producido de todas formas por animales silvestres”, explica Del Prado a Maldita.es.

El consumo de agua: la gran mayoría es agua de lluvia, sobre todo en la extensiva

Otro impacto de la ganadería sobre el medioambiente es el consumo de agua. Uno de los conceptos más repetidos, utilizado por el propio ministro de Consumo, Alberto Garzón, en su vídeo para fomentar un menor consumo de carne, es que para producir un kilo de carne hacen falta 15.000 litros de agua en todo el proceso productivo. Esta cifra es la huella hídrica media de la carne de bovino según la Water Foodprint Network (un kilo de carne de cerdo, por ejemplo, consumiría unos 6.000 litros).

Pero hay que tener en cuenta los grandes matices que incluye este concepto. Como explica la propia organización, la huella hídrica tiene tres componentes: el agua verde, el agua de lluvia o la humedad contenida en el suelo, el agua azul, la acumulada en lagos, ríos o acuíferos, y el agua gris, el “agua dulce requerida para asimilar los contaminantes” que produce una actividad.

En el estudio de 2010 donde la Water Foodprint Network calcula la huella de los distintos productos animales está el desglose de sus componentes y según el tipo de ganadería. Por ejemplo, de los 21.829 litros que consume un kilo de carne de bovino criado con ganadería de pasto, el 96,76% de agua gastada es agua verde (de lluvia), el 2,13% es agua azul (lagos, ríos o acuíferos) y 1,11% es agua gris (agua contaminada). En los 10.244 litros que gasta un kilo de carne bovina en la ganadería industrial, si hablamos de estos mismos animales, el 86,38% del agua consumida es verde; el 6,67%, agua azul, y el 6,95%, agua gris [pág. 25].

Los autores también indican que para saber si un uso del agua es sostenible hay que considerar si supera o no los recursos de agua dulce disponibles. En este sentido, Del Prado y Manzano recuerdan que hay que tener en cuenta dónde está la explotación ganadera. En zonas húmedas, la ganadería extensiva no compite con otros usos del agua: “No es lo mismo producir un kilogramo de alimento, sea carne o cultivo, en un sistema oceánico con precipitaciones constantes que en una zona árida”. Y recuerdan que “los rebaños alimentados a pasto usan muy poca agua de los ríos, apenas usan agua azul y apenas vierten agua sucia” [min 5:30].

Por tanto, la gran mayoría del agua utilizada para producir carne es agua de lluvia mientras que una minoría es agua dulce limitada o agua que se contamina. En su vídeo divulgativo, Del Prado y Manzano detallan más este y otros impactos de la ganadería de pasto sobre la biodiversidad, el carbono en el suelo y el albedo o los usos de la tierra.

Para la redacción de este artículo nos ha ayudado el maldito Manuel Pereira, biólogo asesor y consultor de bioseguridad, seguridad alimentaria, nutrición, medioambiente y laboratorio.

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