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¿Por qué se pierde equilibrio al beber alcohol?

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Las manos arriba, cintura sola, da media vuelta… Unos pasos de baile perfectamente reconocibles en cualquier evento sociocultural de la última década. Pero claro, pasa lo que pasa, y después de un par de copillas parece que la coreografía se vuelve más compleja. ¿O es que uno no puede seguir el ritmo de la canción con el alcohol? Hoy queremos resolver la pregunta que nos habéis lanzado acerca de la relación entre beber alcohol y perder el equilibrio. ¿Por qué ocurre exactamente?

Lo cierto es que el desequilibrio generado por el alcohol es una cuestión bastante investigada por los estudios sobre esta sustancia (ver 1, 2 y 3), entre otras cosas, porque es una característica fácilmente observable en quienes se han pasado con la bebida. Un experimento con 280 personas probó en 2013 que era más fácil detectar a las personas que habían bebido por su descoordinación motora que por sus habilidades cognitivas (que también se ven mermadas, pero eso es otro tema). Por otro lado, en países como Canadá, Australia o Estados Unidos se hacen controles de tráfico con pruebas estandarizadas de sobriedad, que testean el equilibrio de quien conduce para comprobar si está bajo los efectos del alcohol.

Todo esto demuestra que se sabe que el alcohol trastoca el equilibrio, pero no responde a lo que nos preguntáis: ¿Cómo y por qué lo hace, exactamente? Laia Miquel de Montagut, investigadora de la Unidad de Adicciones del Hospital Clínic de Barcelona, responde a Maldita.es sobre este asunto: “El mecanismo por el cual el alcohol altera la coordinación motora y el equilibrio está relacionado con la presencia de una enzima en los astrocitos (un tipo de células) del cerebelo (aldehído deshidrogenasa 2, ALDH2)”.

Vamos a hacer una pausa en la explicación para que estemos todas en la misma página. El cerebelo es una parte de la cabeza de los mamíferos que procesa información de otras partes del cerebro, de la médula espinal y de los receptores sensoriales, y está muy involucrado en la coordinación del movimiento, el lenguaje y la atención.

Los astrocitos, por su parte, son un tipo de célula glial (presente en el sistema nervioso y complementarias a las neuronas) y que se encuentran en el cerebro, en el tronco cerebral, en la médula espinal y en el cerebelo.

Por último, la ALDH2 es una enzima que trabaja para eliminar el acetaldehído, un compuesto que se genera a partir de la metabolización del etanol (el alcohol que se bebe en los ‘cubatillas’ y otras bebidas) y que es el responsable de muchos de los síntomas de la resaca. Esta ALDH2 está en las células del hígado, pero también en los astrocitos del cerebelo. ¿Todo claro? Seguimos.

Miquel detalla que la enzima ALDH2, cuando encuentra alcohol, “hace que se incrementen los niveles de GABA y se altere la función que tiene el cerebelo en relación con la coordinación motora y, por tanto, el equilibrio”. GABA hace referencia al ácido gamma-aminobutírico, un neurotransmisor que contribuye —entre muchísimos otros procesos—, al control del movimiento. Cuando el alcohol interfiere en este neurotransmisor, la coordinación motora y el control del movimiento empeora.

En un trabajo publicado en Nature Metabolism en 2021, los investigadores probaron en tejido de cerebro humano y de ratones el efecto de la enzima ALDH2 en la metabolización del alcohol y, por ende, su efecto en el movimiento. De hecho, en ratones modificados genéticamente para no expresar los genes de la ALDH2, no se observaban los efectos de desequilibrio generados por el alcohol. Los compañeros de Investigación y Ciencia dedicaron un extenso artículo a este trabajo científico.

Por último, Miquel precisa que el alcohol también puede modificar las propiedades de la linfa coclear (líquido presente en el oído interno), lo que provoca “alteraciones en el sistema vestibular, apareciendo mareos y vértigo”.

Como siempre que hablamos de alcohol y sus efectos, debemos recordar que estos productos son perjudiciales para la salud, se relacionan con un mayor riesgo de padecer enfermedades, problemas cardiovasculares, sobrepeso, obesidad, muchos tipos de cáncer, depresión y otras condiciones de salud mental. A su vez, incidimos en que no existe una cantidad de alcohol mínima que se considere “saludable” o “segura” para los humanos —por mucho que persista el mito de la copa de vino al día— y que la única manera segura de las consecuencias del consumo de alcohol es no beber.

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