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La esponja que paga la cuenta: el océano amortigua el cambio climático, pero no sale gratis

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El océano absorbe más del 91% del exceso de calor que se acumula en el planeta y entre el 26% y el 30% del CO2 que emitimos. Esto ha frenado el calentamiento global, según varios expertos y estudios consultados por Maldita.es, pero con un coste: acidificación del agua, subida del nivel del mar o cambios en las corrientes oceánicas, todas ellas con consecuencias negativas para los seres vivos o el propio cambio climático. Además, la capacidad de absorción de los océanos es limitada y, cuando se sature, el calentamiento global aumentará.

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El océano cubre más del 70% de la superficie de la Tierra y es “un regulador climático fundamental”, es decir, influye en el clima del planeta, como explica el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que recopila y analiza todos los estudios disponibles sobre las ciencias del clima y presenta sus conclusiones en informes. En su informe especial sobre el océano (2019) explica que esa influencia se debe a la capacidad que tiene el océano para absorber dos cosas distintas:

  • El exceso de calor acumulado en la atmósfera

  • El dióxido de carbono (CO2) generado por las actividades humanas

Calor, energía y CO2: tres cosas que no son lo mismo

Cuando se dice que el océano “absorbe calor”, se habla en lenguaje cotidiano. En física, lo que absorbe es energía y, al ganarla, sube su temperatura; explica a Maldita.es Manuel Vargas Yáñez, investigador del Instituto Español Oceanográfico (IEO). El CO2 es otra cosa: un gas que se disuelve en el agua. Es un proceso físico y químico distinto. Andrea Danta, divulgadora científica de Meteored, coincide y señala que absorber energía y absorber CO2 no es lo mismo, aunque estén relacionados.

El proceso de absorción de energía, según Vargas, empieza con el Sol, que emite energía en forma de luz, que atraviesa toda la atmósfera. Esta es absorbida por la superficie terrestre y la del océano. Estas, al calentarse, emiten su propia energía en forma de radiación infrarroja (que no vemos). Esta radiación la absorbe la atmósfera gracias a gases como el vapor de agua, el CO2 o el metano, y redirige una parte de vuelta hacia el océano y la Tierra. Antes de la Revolución Industrial, según señala Vargas, había un equilibrio con una temperatura de unos 14 ºC en la superficie de los océanos y en la atmósfera. Al emitir más CO2 y metano (y otros gases), “hemos roto ese equilibrio”. Con más gases de efecto invernadero, la atmósfera retiene más energía.

Representación esquemática del equilibrio y desequilibrio energético de la Tierra. Fuente: IPCC

En cambio, el CO2 entra en el océano por otro camino: se disuelve en el agua de mar en la superficie, igual que pasa con otros gases. Vargas asimila el proceso a lo mismo que pasa con la sal o el azúcar, que pueden disolverse en agua.

“El CO2 de la atmósfera se disuelve en el agua de mar. Cuanto más aumenta el CO2 en el aire, más absorbe el océano”, señala Marga García, geóloga marina y maldita que nos ha prestado sus superpoderes. Esto no ha sido siempre así: antes de la era industrial, el océano era una fuente neta de CO2, según CarbonBrief; es decir, liberaba más dióxido de carbono a la atmósfera del que absorbía. Los niveles de CO2 en la atmósfera han ido aumentando desde antes de 1910 (era industrial) debido a la combustión de combustibles fósiles, según el Servicio Marino de Copernicus. Este aumento “está obligando al océano a absorber este gas”, añade CarbonBrief.

¿Cuánto calor absorbe el océano?

Más del 91% del exceso de calor acaba en el océano, según calcula la Organización Meteorológica Mundial (WMO, por sus siglas en inglés) en su Estado del clima global 2025. El resto de calor se reparte entre la tierra (5%), el deshielo de glaciares y superficies heladas (3%) y la atmósfera (1%). El Servicio de Cambio Climático de Copernicus habla de que el océano absorbe “hasta un 90%” del exceso de calor. 

Según la WMO, en 2025 el contenido de calor del océano (hasta los 2.000 metros de profundidad) alcanzó el nivel más alto desde que hay registros (1960) y llevaba nueve años seguidos batiendo récords.

Contenido calorífico de los océanos anual a escala mundial hasta los 2 000 m de profundidad entre 1960 y 2025, expresado en zettajulios (ZJ). El área sombreada indica el intervalo de incertidumbre de cada estimación. Fuente: WMO

Según datos de Our World in Data, el total de energía absorbida por los océanos entre 2005 y 2019 equivaldría a más de 200 años de consumo energético mundial.

Marga García describe que el océano funciona como un “sistema tampón” que absorbe el exceso de calor de la atmósfera. Esto hace aumentar la temperatura del agua:

  • La temperatura de la superficie del mar ha subido unos 0,9 ºC desde la época preindustrial, según el Programa Mundial de Investigaciones Climáticas (WCRP).

  • Si se mide en toda la capa de los primeros 2.000 metros, el aumento entre 1993 y 2025 fue de 0,16 ºC, según Copernicus.

¿Cuánto CO2 absorbe el océano?

Cerca de una cuarta parte de las emisiones humanas, pero las estimaciones varían según el periodo y la metodología:

Copernicus calcula que, entre 1985 y 2023, el océano absorbió unos 66.000 millones de toneladas de CO2.

Captación global anual de CO2 por los océanos de 1985 a 2023. La línea verde representa la media anual de la cantidad de CO2 en superficie, y el sombreado, las incertidumbres. Fuente: Servicio Marino de Copernicus

No todas las regiones del océano se comportan igual a la hora de absorber CO2: 

  • Las zonas que están más lejos del ecuador (Atlántico Norte, Ártico y Antártida) absorben más CO2 porque tienen el agua más fría, lo que hace que el dióxido de carbono sea más soluble, según Copernicus. Este gas se almacena en las capas más profundas y se redistribuye a través de corrientes marinas.

  • En las aguas más cálidas (Pacífico ecuatorial o la costa oeste de Sudamérica), el CO2 es menos soluble y las aguas ricas en CO2 suben a la superficie y liberan el gas a la atmósfera, según la NOAA.

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El océano amortigua el calentamiento global, pero ¿a qué precio?

Un informe de la UNESCO calcula que, sin los sumideros de CO2 terrestres y oceánicos (lugares del planeta que absorben más dióxido de carbono del que liberan), la concentración de CO2 rondaría las 600 partes por millón (ahora hay 426,1 ppm), muy por encima del nivel compatible con el objetivo de calentamiento climático de 2 ºC del Acuerdo de París. Manuel Vargas señala que el CO2 que se disuelve en el mar deja de contribuir al calentamiento, pero advierte que puede llegar a tener efectos nocivos. Con el calor ocurre algo parecido: el océano retiene la mayoría del exceso que queda en la atmósfera, lo que amortigua el calentamiento del aire y de la tierra. Pero estas “ayudas” tienen un “costo”, según CarbonBrief.

Acidificación. Cuando el CO2 se disuelve en el agua de mar, provoca una serie de reacciones químicas que hacen que baje su pH, es decir, la acidifican, según la NOAA. Desde la Revolución Industrial, el pH del agua superficial ha caído 0,1 unidades. “Puede que esto no parezca mucho, pero la escala de pH es logarítmica, por lo que este cambio representa aproximadamente un aumento del 30% en la acidez” del agua del océano, detalla la NOAA. Copernicus eleva esa cifra al 40%.

Proceso de acidificación del agua del océano. Fuente: Servicio Marino de Copernicus

El océano es ligeramente alcalino. Su pH medio es de unos 8,1, por encima del 7 neutro. Que se acidifique “tiene implicaciones importantes sobre los ecosistemas marinos, incluyendo aquellos que suponen un recurso económico para el ser humano, como la pesca”, indica Marga García. Por ejemplo, puede dificultar que  almejas, ostras o corales fabriquen sus conchas y esqueletos. También puede hacer que algunos organismos mueran, se reproduzcan menos o tengan que migrar a otras zonas, o que proliferen praderas marinas o algunas especies de plancton que utilizan dióxido de carbono para hacer la fotosíntesis, según la NOAA.

Acidificación oceánica: estado de saturación desde el 1861 y con pronósticos hasta el 2100. Fuente: NOAA

Agua más caliente. Con el océano absorbiendo casi todo el exceso de calor de la atmósfera, la temperatura del agua sube. Esto provoca:

  • Cambios en las corrientes. El calor modifica la densidad del agua, que determina cómo circulan las corrientes oceánicas, un sistema que, según García, funciona como “un regulador del clima a nivel global”. Un ejemplo es la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC por sus siglas en inglés).

  • Deshielo y subida del nivel del mar. Una agua más cálida aumenta su capacidad de fundir los casquetes de hielo, “como ocurre en el continente antártico y en Groenlandia”, explica García. Esto hace que suba el nivel del mar, lo que tiene efectos inmediatos en las costas, añade.

  • Menos capacidad de absorber CO2. La capacidad de absorción de CO2 del océano es “limitada”, según Copernicus. Con el aumento de emisiones de CO2, “se prevé que la proporción de dichas emisiones absorbida por los océanos disminuya”. Según Carles Pelejero, investigador en el Institut de Ciències del Mar, con el calentamiento global, el océano será un sumidero cada vez menos intenso, “con lo cual quedará más CO2 en la atmósfera, aumentando aún más su efecto invernadero y, por lo tanto, el calentamiento global”.

En este artículo ha colaborado con sus superpoderes la maldita Marga García, geóloga marina. 

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