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Coronavirus: cómo la desinformación durante la pandemia ha atacado y estigmatizado a las personas migrantes en España

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"Por favor, que nadie vaya a la tienda del Yaki, absolutamente ninguno. Evitad en la medida de lo posible ir a las tiendas de los chinos", decía un audio que se difundió a finales de febrero de 2020, al inicio de la pandemia de la COVID-19 en España. En esta nota de voz, difundida en la localidad murciana de Totana (32.529 habitantes,2020), un hombre afirmaba que la mujer de Yaki, un comerciante chino de una tienda de alimentación, tenía COVID-19. Además, aseguraba que tanto Yaki como su esposa eran de Wuhan, ciudad en la que se originó el SARS-CoV-2, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se trataba de un bulo que se extendió en cuestión de horas por el municipio de Totana y que llegó hasta el propio comerciante. 

“Ha hecho daño a mi hijo, a mí, a mi familia y mi negocio”

Yaki, comerciante chino afectado por un bulo

Ante esta situación, Yaki publicó una aclaración en sus redes sociales en la que afirmaba que su mujer no estaba infectada. También señalaba que su familia no había viajado a esa localidad china, al contrario de lo que aseguraba el audio, pero que su mujer sí había visitado una ciudad localizada a 1.000 kilómetros de distancia de esta y que “por precaución” había alquilado una casa a las afueras de Totana para hacer un mes de cuarentena. 

Aclaración de Yaki en sus redes sociales.

Pocas horas después de la difusión, el 28 de febrero de 2020, se identificó al autor de este audio: un vecino del municipio que compareció ante los medios locales junto a Yaki para explicar que se trataba de un bulo. El autor señaló que se trataba de un audio que había enviado a una persona de confianza sin saber “la repercusión que podía tener” y que esta persona había reenviado esta nota de voz, comenzando así la cadena de viralización. En estas declaraciones pedía perdón a Yaki y a todos los comercios chinos de Totana. “Ha sido una noticia falsa y yo no quería perjudicar absolutamente a nadie”, afirmó. 

“Ha hecho daño a mi hijo, a mí, a mi familia y mi negocio. Nosotros trabajamos bien, hacemos todo bien, estamos sanos, todos bien”, denunció Yaki. Este fue uno de los primeros bulos que circularon en España vinculando a personas inmigrantes chinas con la transmisión local de la Covid-19, pero no fue el único. 

Yue Fu, que al inicio de la pandemia de la Covid-19 trabajaba como mediadora intercultural en el barrio madrileño de Usera, señaló a Maldita.es que “las personas racistas han utilizado el coronavirus para atacar a la población china”. Afirma que las personas chinas o descendientes de familias migrantes chinas y que vivían en España o eran españoles estaban sufriendo ataques que los situaban como contagiadores del virus: “los chinos que estamos en España tenemos las mismas probabilidades de tener coronavirus que los españoles”. También desde algunas instituciones, como la Policía Local de Valencia a través de su cuenta de Twitter o desde la Embajada de China en España, se denunció la discriminación sufrida por la comunidad china al vincularla con la COVID-19. “Algunos de nuestros hijos en los colegios han sido llamados ‘coronavirus’”, declaró el representante económico de la embajada durante una rueda de prensa. 

Tuit publicado por la Policía Local de Valencia.

Según explica a Maldita.es Eva Matarín, socióloga y profesora de la Universidad Rey Juan Carlos, la vinculación que se hizo a través de la desinformación entre personas chinas en España y COVID-19 venía provocada por el miedo. “Como el coronavirus salió de China se optó por un discurso sencillo”, y añade que también estuvo vinculado con la incertidumbre económica y el miedo a perder el trabajo. Además, señala que supuso un cambio en el discurso antiinmigratorio: “antes de la COVID-19 las noticias sobre inmigración no trataban sobre la población China”. 

Inmigrantes recién llegados en la diana de la desinformación sobre la COVID-19

La comunidad china no ha sido el único colectivo migrante sobre el que se ha desinformado con alertas falsas de positivos. “Chicas, por seguridad lo digo, según tengo entendido, por gente cercana y que tiene que ver con el mundo político, hay una reunión para ver si confinan o no la isla de Fuerteventura debido a que de los 33 inmigrantes que han venido que tienen positivo en COVID-19, 9 de ellos se han escapado de la zona de confinamiento y andan entre Puerto y Corralejo”. Este mensaje también circuló en formato de audio a través de WhatsApp, en este caso en la isla de Fuerteventura (Canarias), a finales de junio de 2020. En la nota de voz se afirmaba que estas personas supuestamente fugadas y positivas se encontraban en “la zona del Lidl”, lugar en el que se encuentra la denominada Nave del Queso, unas instalaciones en las que las autoridades aislaron a los inmigrantes llegados a las costas majoreras en junio. 

Dada la difusión del bulo, el Cabildo de Fuerteventura lo desmintió en Facebook asegurando que este tipo de desinformaciones "generan un serio perjuicio a la tranquilidad de los habitantes" de la isla y que "la difusión de estas mentiras daña seriamente la imagen de Fuerteventura y perjudica su recuperación económica y social". También desde la Delegación del Gobierno en Canarias afirmaron a Maldita.es que se trataba de un bulo. 

Al igual que en el caso de Totana, se identificó a la autora de este audio, según afirmó el Cabildo, y el caso fue puesto "en manos de la Fiscalía por la posible comisión de varios delitos, odio y alarma social", según aseguró la Delegación del Gobierno en Canarias. Además, desde la Delegación del Gobierno aseguraron que se identificó también a un comerciante de Puerto del Rosario que difundió otra versión del bulo en la que decía que un subinspector de Policía le había informado de la fuga de los migrantes.

Los bulos sobre personas inmigrantes se basan en “el miedo al otro y si lo unes al miedo que produce la COVID-19 es la tormenta perfecta”

María Greco, Entre Mares

“Nos llegó ese bulo. Nosotros hemos estado en la nave del queso y era un búnker: ni se podía entrar ni se podía salir. Estaba permanentemente custodiada por Policía”, afirma María Greco, técnica de migración de la organización Entre Mares, una fundación de Fuerteventura que trabaja para mejorar la convivencia en la isla. 

Según señala Greco, junio fue el mes clave para la desinformación que vincula inmigración irregular con coronavirus. Afirma que los bulos sobre personas inmigrantes se basan en “el miedo al otro” y señala que “si lo unes al miedo que produce la COVID-19 es la tormenta perfecta”. 

“Se ha estigmatizado a los inmigrantes con la COVID”, dice un trabajador del Centro de Atención de Refugiados (CAR) de Vallecas (Madrid). En este centro se alojan temporalmente personas que están solicitando asilo en España, una situación que según cuentan ha sido especialmente complicada durante la pandemia. Durante los primeros meses de confinamiento, los residentes de este centro debían permanecer en sus habitaciones durante todo el día sin poder utilizar pasillos o zonas comunes, solo pudiendo salir en turnos al comedor para las tres comidas diarias o a los aseos. En algunas ocasiones se alojan en habitaciones de 8 metros cuadrados con sus familias y en otras, cuando llegan solos a España, comparten dormitorio con otras dos personas desconocidas, una situación que generó “bastante tensión” entre los residentes, según relatan los trabajadores. 

“Si el coronavirus hubiera salido de un inmigrante nos habrían expulsado”, afirma Serigne Mbaye, inmigrante senegalés y mantero. Explica que la pandemia y el confinamiento durante el primer estado de alarma han sido situaciones muy complicadas para los inmigrantes en situación irregular y afirma que lo han sufrido de manera doble por no poder trabajar por su situación administrativa. “Dependemos de lo que ganamos día a día”. 

Falsas “regulaciones masivas” supuestamente causadas por la pandemia 

Según cuenta Mbaye, las personas que como él forman parte del Sindicato Mantero de Madrid no han sido tanto objeto de bulos y estigmatizaciones porque no se registraron casos de contagios entre sus integrantes y, según señala, por pertenecer al “barrio de Lavapiés que es muy mestizo”. Sin embargo, sí que han identificado bulos durante la pandemia sobre inmigrantes: “Hubo muchos rumores de regularización de inmigrantes, se dijo que el Gobierno iba a dar la regularizar a todos los inmigrantes”. Explica que con motivo de la COVID-19 durante los primeros meses de confinamiento volvió un bulo que afirmaba que el Gobierno actual había aprobado un procedimiento extraordinario de regularización de inmigrantes, un contenido que se basaba en publicaciones de 2005, 2006 y 2018.

“Estoy en grupos de WhatsApp de Senegal y hay bulos que circulan aquí que llegan hasta allí”

Serigne Mbaye, inmigrante senegalés

Pero no es el único bulo sobre regularizaciones que se ha difundido durante la pandemia, también circuló un audio que afirmaba que el Gobierno tenía un tratado “con el rey de Marruecos” para regularizar a los inmigrantes que estaban llegando a España. “A toda esta gente van a regularla y van a ser los futuros votantes para ellos perpetuarse en el poder”, afirmaba el audio. Según señala Mbaye, estos bulos aumentan el rechazo al inmigrante y además confunden a los inmigrantes que residen en España: “los bulos atacan por los dos lados”. “Estoy en grupos de WhatsApp de Senegal y hay bulos que circulan aquí que llegan hasta allí”, asegura y cuenta que tuvo que desmentir este bulo para que las familias no presionaran a los inmigrantes en España. 

El 77% de las noticias sobre inmigrantes durante los primeros meses de pandemia eran negativas

En el informe ‘Inmigración y COVID-19: Análisis de los informativos en televisión durante la pandemia’ realizado por la socióloga Eva Matarín se señala que entre el 5 de enero de 2020 y el 6 de septiembre de 2020 “las noticias ubicadas como negativas para el colectivo inmigrante son las más numerosas (77,4%)”. En este informe también indica la autora que “el tratamiento discursivo que realizan los informativos emitidos en televisión parte de la diferenciación entre la población autóctona e inmigrante”. Además, según señala Matarín a Maldita.es, “cuando se hablaba de inmigración con la COVID no se hablaba tanto de personas enfermas, sino de personas contagiadas, una persona que puede contagiar” y añade que “cuando se hacía referencia a los centros de refugiados se hablaba de contagios”. 

Cuidadoras domiciliarias y COVID-19: exposición, trabajo esencial y estigmatización

“Ha habido estigmatización de personas cuidadoras, mayormente mujeres”, afirma uno de los trabajadores del Centro de Atención a Refugiados que ha hablado con Maldita.es. Según explica, algunos familiares de las personas cuidadas por inmigrantes durante la pandemia les señalaban por ser un posible foco de contagio. Marianela, colombiana, solicitante de asilo en España y de la que solo daremos su primer nombre por protección, es una de las personas que trabajó en los meses de confinamiento cuidando de personas de avanzada edad. Según relata, ella entró a trabajar en abril, en pleno confinamiento. Esto fue poco después de pasar el coronavirus, que no le dejó secuelas, pero sí a su marido, que estuvo 7 meses ingresado en la UCI y que a día de hoy tiene dificultades para respirar. Cuenta que en la casa donde trabajaba, la señora a la que cuidaba no le dejaba utilizar los objetos de uso común y que ella se tenía que comprar sus propias mascarillas

“Las personas migrantes, especialmente las de origen latino, tienen unos trabajos muy cercanos al mundo del cuidado, por lo que han estado muy expuestos”

Pedro Gullón, epidemiólogo

El epidemiólogo Pedro Gullón cree que “muy pocas veces se están mostrando bien los datos separados por país de nacimiento y cuando se ha hecho ha sido con una intención de culpabilizar a la gente”. Señala que en Madrid se han utilizado los datos de contagios para culpar “a los inmigrantes de ser los grandes transmisores por su estilo de vida”. Como indica el último informe de seroprevalencia que refleja la cuarta ronda del estudio, el número de personas extranjeras que habían pasado la COVID-19 era mayor (10,2%) que el de personas españolas (7%). 

Esto se debe, explica Gullón, “a un sesgo socioeconómico de la difusión de la COVID-19”. “Las personas migrantes, especialmente las de origen latino, tienen unos trabajos muy cercanos al mundo del cuidado, por lo que han estado muy expuestos”, explica. El perfil de esta persona que se expuso a un mayor riesgo durante la primera ola de la COVID-19 “es una mujer, de origen latino, con un sueldo bajo y que trabaja de manera irregular, sin poder coger una baja”. Como recoge el último informe de seroprevalencia que refleja la cuarta ronda del estudio, las personas que trabajan como cuidadoras domiciliarias fueron el sector esencial con mayor número de positivos (11,3%) seguido del sanitario de atención clínica (11,2%). “El eje que determinaba quién estaba expuesto o no durante la primera ola tenía que ver con quién estaba en un trabajo esencial o no”, declara Gullón. Marianela trabajó durante toda la primera ola y la segunda, hasta el mes de octubre, cuando la despidieron por tener que cumplir una semana de cuarentena como medida obligatoria para acceder al CAR. 

“Prefiero ir en el metro callada, no se sabe qué persona es menos tolerante con los inmigrantes”

Nayeiri, solicitante de asilo venezolana

Nayeiri, solicitante de asilo venezolana de 33 años, no trabajó durante la primera ola. Llegó a España a finales de diciembre de 2019 y no le dio tiempo a conseguir el permiso de trabajo. Cuenta que no ha recibido ningún señalamiento directo respecto a la COVID-19, pero sí que ha recibido otro tipo de acusaciones derivadas de la situación económica provocada por la pandemia: “que venimos a quedarnos el trabajo o las ayudas del Gobierno por la COVID-19 nos la dan todas a nosotros”. “Prefiero ir en el metro callada, no se sabe qué persona es menos tolerante con los inmigrantes”. Desde hace unos meses, cuando consiguió el permiso de trabajo, Nayeiri trabaja atendiendo dudas de los ciudadanos sobre la COVID-19 a través del teléfono de la Consejería de Salud de la Comunidad de Madrid. 

Cuando se habla de inmigración [desde los medios de comunicación] no se habla de la persona inmigrante emprendedora y trabajadora”, afirma Eva Matarín. Tanto María Greco (Entre Mares), como los trabajadores del CAR y Matarín coinciden en la responsabilidad que tienen los medios de comunicación en la estigmatización que se ha hecho de las personas inmigrantes durante la pandemia de la COVID-19. “Los medios de comunicación no han puesto en valor la importancia de la inmigracion durante la pandemia y en los sectores esenciales”, afirma Matarín. Greco también añade la desorganización por parte de las autoridades y la situación socioeconómica como agravantes de esta estigmatización y del rechazo al inmigrante. 

“Se debe empezar a hablar de las personas migrantes con nombre propio y no como un colectivo homogéneo”, señala Matarín como solución a esta estigmatización. También afirma que desde los medios de comunicación se debe mostrar mayor diversidad en el discurso sobre inmigración y no dar tanta importancia a los discursos antimigratorios. 

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Primera fecha de publicación de este artículo: 02/03/2021

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